"Querida Emma", 2006

 

Las mujeres de mi agenda

 

 

Las mujeres de mi agenda

CELOS SÓLO HE TENIDO DE SU LÍDER POLÍTICO , Marco Panella, cuando solo, sin secretarias ni parafernalia alguna, desembarcó en Madrid para vender su idea del Partido Radical. Panella es hombre grande, viril pero sin despertar sensación de peligro entre las mujeres, casi tópico de la supuesta masculinidad italiana, de cabeza patricia, pulcro, elegante y con ilimitada expresividad. "Violencia ni en la cama" era uno de sus eslóganes que hoy bien nos podríamos repetir, y tras su retórica expuesta en la madrileña Casa Lucio a los manteles de una cena, mi entonces novia de los tiempos presocialistas de UCD le estampó tales besos que creí que el italiano me dejaba sin chica. Con lo que nos quedamos fue sin Partido Radical pese a iniciales apoyos periodísticos (Panella lo es) e inmediatos valladares socialistas y comunistas nada dispuestos a que los transnacionales y alborotadores radicales prendieran en la vieja alma ácrata española.

Cicciolinas aparte, como arte de provocación de los verdaderos inmorales aunque no enseñen las tetas en el Parlamento, el Partido Radical siempre tuvo predicamento entre las mujeres de su cuerda: profesionales independientes, cultas y madres adoptivas de todas las causas tan largo tiempo perdidas como el aborto, la igualdad de derechos, el hambre, la guerra y los nacionalismos innecesarios, la ayuda internacional humanitaria, la defensa y sostén de lo más débil frente a la prepotencia de gobiernos, clases y otros intereses no menos egoístas.

De usted, hija de campesinos de pan llevar, se dice que no se enteró del mayo del 68, aun haciéndose filóloga en la Universidad. Da igual en qué trayecto del camino de Damasco se produce la caída. La suya fue absolutamente femenina: tras un aborto clandestino que le hizo rebelarse y habitar la cárcel brevemente ante la penalización legal de la fisiología de mujer. De las comisarias europeas salvadas de la quema es imposible candidatearla a la presidencia de la Unión. Ya fue ministra europea para cobrarle un favor político a Silvio Berlusconi, y demasiado coraje tiene presentándose a las elecciones presidenciales italianas. La rica y cultivada Europa aún no está madura para una presencia femenina de primer nivel y andamos a vueltas con las cuotas y la discriminación positiva. La señora Thatcher es imposible por euroescéptica, si no enemiga, las nórdicas carecen de peso específico fuera de sus fronteras y las alemanas prefieren influir a través de sus maridos socialdemócratas o verdes con el éxito que acaba de verse en la persona de Lafontaine.

Celos tengo de su éxito personal e incombustible, de toda la energía que alberga en un cuerpo enjutísimo con manos de labriega y gafas de maestra ciruela. Puestos a elegir sin renunciar a mi condición preferiría ser un Marco Panella, pero ya quisiera seguir sus pasos y parecerme en algo a usted. Abortó un hijo para adoptar a otros desvalidos desde Yugoslavia a Afganistán, haciendo una política incansable y meteórica en la que, administrando la pesca y la cooperación, otros sesudos varones se hubieran roto los dientes. Me temo que la perdamos inmersa en la política italiana y desapareciendo del horizonte europeo tras su última convulsión. Si quiere hacer algo en España le ayudaré como hice con Panella.

larevista, elmundo.es