sobre l’acumulació d'(en)càrrecs
Cuando François Mitterrand fue elegido presidente de la República, en 1981, dejó todos los otros cargos que ejercía. Pero hasta entonces, como es tradición en Francia, acumuló todos los que pudo.
Una de las particularidades –si no anomalías– de la política francesa ha sido la absoluta imbricación de la política local y la política parlamentaria. Sus señorías llevan varias gorras sobre la cabeza. Sólo una minoría de los parlamentarios –109 de 577 diputados (el 19%) y 84 de 348 senadores (el 24%)– se conforman con ejercer sólo su mandato nacional. El resto son lo que la jerga política designa como cumulards (pluriempleados), que combinan esta función con otras en la administración local, departamental o regional. La figura totémica –favorecida por el sistema electoral mayoritario, basado en pequeñas circunscripciones– es la del deputé-maire (diputado-alcalde). Hay 224 en la Cámara baja y 121 en la alta, a pesar de las tímidas limitaciones que históricamente –en 1982 y en el 2000– se habían ido poniendo.
Esta dualidad es defendida por algunos de sus partidarios con el argumento de anclar la representación nacional en el territorio. Pero lo cierto es que crea disfunciones, empezando por la baja dedicación de sus señorías, que sólo acuden al palacio Bourbon o al palacio de Luxemburgo dos días y medio a la semana (de ahí que algunas sesiones acaben de madrugada), y siguiendo por la intrusión de los intereses locales en los debates.
Sin embargo, a partir de marzo del 2017 –después, por tanto, de las elecciones municipales del año que viene, pero antes de las próximas legislativas– nadie podrá ser diputado, senador o eurodiputado y ser a la vez alcalde, alcalde adjunto o de distrito, presidente de una entidad supramunicipal, de un departamento, de una región o de un consejo de gobierno en ultramar. Quien incurra en esta incompatibilidad deberá decidir qué cargo conserva y qué cargo abandona en el plazo de 30 días. Y si no se decide, deberá dejar la función más antigua.
Así lo prevé la ley de prohibición de la acumulación de mandatos –prometida por el presidente, François Hollande, en su campaña electoral– aprobada el martes por la Asamblea Nacional. El texto salió adelante por 300 votos a favor, 228 en contra y 25 abstenciones, y a la vuelta del verano pasará al Senado, donde la resistencia podría ser mucho mayor.
Los adversarios de la medida no tienen únicamente razones políticas, sino también económicas. Aun con las restricciones impuestas en 1992, los pluriempleados pueden también sacarse un sobresueldo, que no puede exceder el 50% de su salario como diputado. Pero poder sumar 2.757 euros a los 5.514 de base no es poco.
11-VII-13, Ll. Uría, lavanguardia




