Kadirov, un president omnipresent
Chechenia ha renacido de las cenizas bajo la estricta vigilancia de su último señor, Ramzan Kadirov.

Pocas cosas importantes hay en la Chechenia de hoy que no estén controladas por su presidente.
¿Quién mandó construir la nueva universidad islámica Kunta-Jadzhi de Grozny? Ramzan Kadirov. ¿Quién creó el nuevo plan urbanístico de Gudermés? Ramzan. ¿Quién mandó vender bebidas alcohólicas sólo entre las ocho y las diez de la mañana? El presidente Kadirov. En el tajo se trabaja con intensidad, dicen a veces en serio a veces en broma los funcionarios, porque en cualquier momento puede aparecer Ramzan.
El presidente checheno controla con mano de hierro la reconstrucción. Esta afirmación, entre sus allegados, es un elogio. Dicen en su administración que hay que estar disponible 24 horas al día. En medio de la noche se le puede ocurrir despertar a un constructor que le prometió terminar una carretera ese mismo día. "Obliga a todo el mundo a que cumpla con su palabra", aseguran. "Si no, Chechenia sería la anarquía".
Pero entre los activistas de derechos humanos esa mano de hierro es una amenaza. "En la chechenización del conflicto del Cáucaso", que incluía la incorporación de la población local a las fuerzas del orden, "la estrategia de Kadirov ha sido fortalecer su poder, mientras que en el Kremlin no había estrategia", dice Alexander Cherkasov, miembro de la veterana organización Memorial. "La inexistencia de oposición no ofrece un campo legal a ningún tipo de protesta".
Cherkasov asegura que esta situación lleva a la impunidad cuando se trata de delitos o crímenes que han vinculado a miembros de la guardia personal de Kadirov, quien también ha fomentado un culto a la personalidad demasiado presente en la vida chechena. Él y su padre protagonizan muchos de los carteles y monumentos levantados en los últimos años.
En medio de las obras de Gudermés hay un cartel con el propio Kadirov, que anima a los trabajadores que levantan la nueva Chechenia: "Juntos hacia la nueva victoria". Con menor intensidad, el presidente ruso, Dimitri Medvedev, y el primer ministro, Vladimir Putin, son las otras dos imágenes que llenan las calles de Grozny y Gudermés.
3-V-10, G. Aragonés, lavanguardia
Pasada la medianoche, un joven corpulento vestido con traje informal azul, sin corbata, cabello castaño tirando a rojizo, entra en la sala. Saluda a los periodistas con un alegre zdrávstvuyte (hola, en ruso), de marcado acento checheno, mientras estrecha las manos y se dirige hacia el sitio principal de la larga mesa de reuniones.
Ramzan Kadirov, de 33 años, muestra orgulloso la sorprendente reconstrucción de Chechenia. Pero el presidente de esta república del Cáucaso ruso, castigada por dos décadas de guerras y violencia, tiene muchas cosas que explicar. Es un personaje polémico, al que organizaciones de derechos asesinatos humanos vinculan a y secuestros en la región. La desaparición violenta de algunos de sus enemigos, especialmente fuera de Chechenia, da nuevos argumentos a quienes dicen que aquí sólo impera su ley.
La sección de lucha antiterrorista de la Fiscalía de Austria anunció la semana pasada que el asesinato de Umar Israilov en Viena, en enero del 2009, tuvo lugar tras un secuestro en el que puede haber vínculos con el presidente checheno. Israilov huyó de Chechenia en el 2006 y acusó a Kadirov de secuestros y asesinatos ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
"¿Por qué necesitaría yo hacer eso?", pregunta retóricamente Kadirov cuando se le plantean estas y otras acusaciones. "Sencillamente, no es verdad. Es la moda. Cuando pasa algo hay que culpar a Kadirov. Es como en el fútbol. Cuando los árbitros pitan contra el Terek (equipo de Grozny) se les considera héroes, y dicen: ´No tienen miedo a Kadirov´".
Recientemente, el hermano de dos oponentes de Kadirov asesinados denunció en una carta en la prensa rusa que el jefe checheno ordenó matarle a él y a los restantes hermanos. El clan de los Yamadayev era aliado del clan Kadirov hasta hace tres años. Sulim Yamadayev fue asesinado en Dubái por un pistolero en marzo del 2009. Este año un tribunal local condenó a cadena perpetua a dos ex empleados de Kadirov, y la policía acusa a su mano derecha, el diputado en la Duma rusa Adam Delimjanov, de organizar el asesinato. Otro de los hermanos Yamadayev, Ruslan, fue asesinado por un pistolero en Moscú en septiembre del año 2008.
Kadirov niega también las acusaciones de la principal ONG de derechos humanos de Rusia, Memorial. El jefe checheno reacciona alterado cuando se le recuerda que esa organización registró el año pasado 91 secuestros en Chechenia. "Eso se produjo en los tiempos de Ichkeria (nombre de la república independentista, 1996-1999). Memorial es un grupo de gente que recibe dinero de Europa, y trabajan por dinero. Su información no es correcta y no es creíble".
En Moscú, uno de los miembros de la dirección de Memorial, Alexander Cherkasov, comenta a La Vanguardia las palabras de Kadirov. "Si nos referimos sólo a secuestros, en el 2009 tenemos 91 crónicas de sucesos en Chechenia, 17 en el último medio año, cuando Memorial cerró su oficina, y 74 en la primera mitad", concreta. Memorial retiró a su personal tras el secuestro y asesinato el 15 de julio de Natalia Estemirova. En sus informes había acusado en muchas ocasiones a Kadirov, y Memorial le culpó de la muerte. "Este es uno de los casos que pasan por alto Kadirov - dice Cherkasov-.Como el de la activista Zarema Sadulayeva y su marido, el 10 de agosto".
"Si Kadirov es culpable o no, sólo lo pueden decir los jueces. Pero en Chechenia es imposible investigar a su policía. Cuando un grupo de investigadores intentó aclarar seis casos, fueron retenidos por una u otra razón en las oficinas de Interior. La estructura de poder en Chechenia es intocable", asegura Cherkasov. Para este activista el caso de Israilov en Austria puede ser revelador. "Veremos las diferencias entre las dos justicias".
4-V-10, G. Aragonés, lavanguardia




