*L’art de la guerra*, Sun Zu (II/II)

(cont.)

C A P I T U L O IX
Sobre la distribución de los medios

Las maniobras militares son el resultado de los planes y las estrategias en la manera más
ventajosa para ganar. Determinan la movilidad y efectividad de las tropas.

Si vas a colocar tu ejército en posición de observar al enemigo, atraviesa rápido las
montañas y vigílalos desde un valle.

Considera el efecto de la luz y manténte en la posición más elevada del valle. Cuando
combatas en una montaña, ataca desde arriba hacia abajo y no al revés.

Combate estando cuesta abajo y nunca cuesta arriba. Evita que el agua divida tus fuerzas,
aléjate de las condiciones desfavorables lo antes que te sea posible. No te enfrentes a los
enemigos dentro del agua; es conveniente dejar que pasen la mitad de sus tropas y en ese
momento dividirlas y atacarlas.

No te sitúes río abajo. No camines en contra de la corriente, ni en contra del viento.

Si acampas en la ribera de un río, tus ejércitos pueden ser sorprendidos de noche,
empujados a ahogarse o se les puede colocar veneno en la corriente. Tus barcas no deben
ser amarradas corriente abajo, para impedir que el enemigo aproveche la corriente lanzando
sus barcas contra ti. Si atraviesas pantanos, hazlo rápidamente. Si te encuentras frente a un
ejército en media de un pantano, permanece cerca de sus plantas acuáticas o respaldado por
los árboles.

En una llanura, toma posiciones desde las que sea fácil maniobrar, manteniendo las
elevaciones del terreno detrás y a tu derecha, estando las partes más bajas delante y las más
altos detrás.

Generalmente, un ejército prefiere un terreno elevado y evita un terreno bajo, aprecia la luz
y detesta la oscuridad.

Los terrenos elevados son estimulantes, y por lo tanto, la gente se halla a gusto en ellos,
además son convenientes para adquirir la fuerza del ímpetu. Los terrenos bajos son
húmedos, lo cual provoca enfermedades y dificulta el combate.

Cuida de la salud física de tus soldados con los mejores recursos disponibles.

Cuando no existe la enfermedad en un ejército, se dice que éste es invencible.

Donde haya montículos y terraplenes, sitúate en su lado soleado, manteniéndolos siempre a
tu derecha y detrás.

Colocarse en la mejor parte del terreno es ventajoso para una fuerza militar.

La ventaja en una operación militar consiste en aprovecharse de todos los factores
beneficiosos del terreno.

Cuando llueve río arriba y la corriente trae consigo la espuma, si quieres cruzarlo, espera a
que escampe.

Siempre que un terreno presente barrancos infranqueables, lugares cerrados, trampas,
riesgos, grietas y prisiones naturales, debes abandonarlo rápidamente y no acercarte a él. En
lo que a mí concierne, siempre me mantengo alejado de estos accidentes del terreno, de
manera que los adversarios estén más cerca que yo de ellos; doy la cara a estos accidentes,
de manera que queden a espaldas del enemigo.

Entonces estás en situación ventajosa, y él tiene condiciones desfavorables.

Cuando un ejército se está desplazando, si atraviesa territorios montañosos con muchas
corrientes de agua y pozos, o pantanos cubiertos de juncos, o bosques vírgenes llenos de
árboles y vegetación, es imprescindible escudriñarlos totalmente y con cuidado, ya que
estos lugares ayudan a las emboscadas y a los espías.

Es esencial bajar del caballo y escudriñar el terreno, por si existen tropas escondidas para
tenderte una emboscada. También podría ser que hubiera espías al acecho observándote y
escuchando tus instrucciones y movimientos.

Cuando el enemigo está cerca, pero permanece en calma, quiere decir que se halla en una
posición fuerte. Cuando está lejos pero intenta provocar hostilidades, quiere que avances.
Si, además, su posición es accesible, eso quiere decir que le es favorable.

Si un adversario no conserva la posición que le es favorable por las condiciones del terreno
y se sitúa en otro lugar conveniente, debe ser porque existe alguna ventaja táctica para obrar
de esta manera.

Si se mueven los árboles, es que el enemigo se está acercando. Si hay obstáculos entre los
matorrales, es que has tomado un mal camino.

La idea de poner muchos obstáculos entre la maleza es hacerte pensar que existen tropas
emboscadas escondidas en medio de ella.

Si los pájaros alzan el vuelo, hay tropas emboscadas en el lugar. Si los animales están
asustados, existen tropas atacantes. Si se elevan columnas de polvo altas y espesas, hay
carros que se están acercando; si son bajas y anchas, se acercan soldados a pie. Humaredas
esparcidas significan que se está cortando leña. Pequeñas polvaredas que van y vienen
indican que hay que levantar el campamento.

Si los emisarios del enemigo pronuncian palabras humildes mientras que éste incrementa
sus preparativos de guerra, esto quiere decir que va a avanzar. Cuando se pronuncian
palabras altisonantes y se avanza ostentosamente, es señal de que el enemigo se va a retirar.

Si sus emisarios vienen con palabras humildes, envía espías para observar al enemigo y
comprobarás que está aumentando sus preparativos de guerra.

Cuando los carros ligeros salen en primer lugar y se sitúan en los flancos, están
estableciendo un frente de batalla.

Si los emisarios llegan pidiendo la paz sin firmar un tratado, significa que están tramando
algún complot.

Si el enemigo dispone rápidamente a sus carros en filas de combate, es que está esperando
refuerzos.

No se precipitarán para un encuentro ordinario si no entienden que les ayudará, o debe
haber una fuerza que se halla a distancia y que es esperada en un determinado momento

para unir sus tropas y atacarte. Conviene anticipar, prepararse inmediatamente para esta
eventualidad.

Si la mitad de sus tropas avanza y la otra mitad retrocede, es que el enemigo piensa atraerte
a una trampa.

El enemigo está fingiendo en este caso confusión y desorden para incitarte a que avances.

Si los soldados enemigos se apoyan unos en otros, es que están hambrientos.

Si los aguadores beben en primer lugar, es que las tropas están sedientas.

Si el enemigo ve una ventaja pero no la aprovecha, es que está cansado.

Si los pájaros se reúnen en el campo enemigo, es que el lugar está vacío.

Si hay pájaros sobrevolando una ciudad, el ejército ha huido.

Si se producen llamadas nocturnas, es que los soldados enemigos están atemorizados.
Tienen miedo y están inquietos, y por eso se llaman unos a otros.

Si el ejército no tiene disciplina, esto quiere decir que el general no es tomado en serio.

Si los estandartes se mueven, es que está sumido en la confusión.

Las señales se utilizan para unificar el grupo; así pues, si se desplaza de acá para allá sin
orden ni concierto, significa que sus filas están confusas.

Si sus emisarios muestran irritación, significa que están cansados.

Si matan sus caballos para obtener carne, es que los soldados carecen de alimentos; cuando
no tienen marmitas y no vuelven a su campamento, son enemigos completamente
desesperados.

Si se producen murmuraciones, faltas de disciplina y los soldados hablan mucho entre sí,
quiere decir que se ha perdido la lealtad de la tropa.

Las murmuraciones describen la expresión de los verdaderos sentimientos; las faltas de
disciplina indican problemas con los superiores. Cuando el mando ha perdido la lealtad de
las tropas, los soldados se hablan con franqueza entre sí sobre los problemas con sus
superiores.

Si se otorgan numerosas recompensas, es que el enemigo se halla en un callejón sin salida;
cuando se ordenan demasiados castigos, es que el enemigo está desesperado.

Cuando la fuerza de su ímpetu está agotada, otorgan constantes recompensas para tener
contentos a los soldados, para evitar que se rebelen en masa. Cuando los soldados están tan
agotados que no pueden cumplir las órdenes, son castigados una y otra vez para restablecer
la autoridad.

Ser violento al principio y terminar después temiendo a los propios soldados es el colmo de
la ineptitud.

Los emisarios que acuden con actitud conciliatoria indican que el enemigo quiere una
tregua.

Si las tropas enemigas se enfrentan a ti con ardor, pero demoran el momento de entrar en
combate sin abandonar no obstante el terreno, has de observarlos cuidadosamente.

Están preparando un ataque por sorpresa.

En asuntos militares, no es necesariamente más beneficioso ser superior en fuerzas, sólo
evitar actuar con violencia innecesaria; es suficiente con consolidar tu poder, hacer
estimaciones sobre el enemigo y conseguir reunir tropas; eso es todo.

El enemigo que actúa aisladamente, que carece de estrategia y que toma a la ligera a sus
adversarios, inevitablemente acabará siendo derrotado.

Si tu plan no contiene una estrategia de retirada o posterior al ataque, sino que confías
exclusivamente en la fuerza de tus soldados, y tomas a la ligera a tus adversarios sin valorar
su condición, con toda seguridad caerás prisionero.

Si se castiga a los soldados antes de haber conseguido que sean leales al mando, no
obedecerán, y si no obedecen, serán difíciles de emplear.

Tampoco podrán ser empleados si no se lleva a cabo ningún castigo, incluso después de
haber obtenido su lealtad.

Cuando existe un sentimiento subterráneo de aprecio y confianza, y los corazones de los
soldados están ya vinculados al mando, si se relaja la disciplina, los soldados se volverán
arrogantes y será imposible emplearlos.

Por lo tanto, dirígelos mediante el arte civilizado y unifícalos mediante las artes marciales;
esto significa una victoria continua.

Arte civilizado significa humanidad, y artes marciales significan reglamentos. Mándalos
con humanidad y benevolencia, unifícalos de manera estricta y firme. Cuando la
benevolencia y la firmeza son evidentes, es posible estar seguro de la victoria.

Cuando las órdenes se dan de manera clara, sencilla y consecuente a las tropas, éstas las
aceptan. Cuando las órdenes son confusas, contradictorias y cambiantes las tropas no las
aceptan o no las entienden.

Cuando las órdenes son razonables, justas, sencillas, claras y consecuentes, existe una
satisfacción recíproca entre el líder y el grupo.

 


C A P I T U L O X
Sobre la topología
Algunos terrenos son fáciles, otros difíciles, algunos neutros, otros estrechos, accidentados
o abiertos.
Cuando el terreno sea accesible, sé el primero en establecer tu posición, eligiendo las
alturas soleadas; una posición que sea adecuada para transportar los suministros; así tendrás
ventaja cuando libres la batalla.
Cuando estés en un terreno difícil de salir, estás limitado. En este terreno, si tu enemigo no
está preparado, puedes vencer si sigues adelante, pero si el enemigo está preparado y sigues
adelante, tendrás muchas dificultades para volver de nuevo a él, lo cual jugará en contra
tuya.
Cuando es un terreno desfavorable para ambos bandos, se dice que es un terreno neutro. En
un terreno neutro, incluso si el adversario te ofrece una ventaja, no te aproveches de ella:
retírate, induciendo a salir a la mitad de las tropas enemigas, y entonces cae sobre él
aprovechándote de esta condición favorable.
En un terreno estrecho, si eres el primero en llegar, debes ocuparlo totalmente y esperar al
adversario. Si él llega antes, no lo persigas si bloquea los desfiladeros. Persíguelo sólo si no
los bloquea.
En terreno accidentado, si eres el primero en llegar, debes ocupar sus puntos altos y
soleados y esperar al adversario. Si éste los ha ocupado antes, retírate y no lo persigas.
En un terreno abierto, la fuerza del ímpetu se encuentra igualada, y es difícil provocarle a
combatir de manera desventajosa para él.
Entender estas seis clases de terreno es la responsabilidad principal del general, y es
imprescindible considerarlos.
Éstas son las configuraciones del terreno; los generales que las ignoran salen derrotados.
Así pues, entre las tropas están las que huyen, la que se retraen, las que se derrumban, las
que se rebelan y las que son derrotadas. Ninguna de estas circunstancias constituyen
desastres naturales, sino que son debidas a los errores de los generales.
Las tropas que tienen el mismo ímpetu, pero que atacan en proporción de uno contra diez,
salen derrotadas. Los que tienen tropas fuertes pero cuyos oficiales son débiles, quedan
retraídos.
Los que tienen soldados débiles al mando de oficiales fuertes, se verán en apuros. Cuando
los oficiales superiores están encolerizados y son violentos, y se enfrentan al enemigo por
su cuenta y por despecho, y cuando los generales ignoran sus capacidades, el ejército se
desmoronará.
Como norma general, para poder vencer al enemigo, todo el mando militar debe tener una
sola intención y todas las fuerzas militares deben cooperar.
Cuando los generales son débiles y carecen de autoridad, cuando las órdenes no son claras,
cuando oficiales y soldados no tienen solidez y las formaciones son anárquicas, se produce
revuelta.
Los generales que son derrotados son aquellos que son incapaces de calibrar a los
adversarios, entran en combate con fuerzas superiores en número o mejor equipadas, y no
seleccionan a sus tropas según los niveles de preparación de las mismas.
Si empleas soldados sin seleccionar a los preparados de los no preparados, a los arrojados y
a los timoratos, te estás buscando tu propia derrota.
Estas son las seis maneras de ser derrotado. La comprensión de estas situaciones es la
responsabilidad suprema de los generales y deben ser consideradas.
La primera es no calibrar el número de fuerzas; la segunda, la ausencia de un sistema claro
de recompensas y castigos; la tercera, la insuficiencia de entrenamiento; la cuarta es la
pasión irracional; la quinta es la ineficacia de la ley del orden; y la sexta es el fallo de no
seleccionar a los soldados fuertes y resueltos.
La configuración del terreno puede ser un apoyo para el ejército; para los jefes militares, el
curso de la acción adecuada es calibrar al adversario para asegurar la victoria y calcular los
riesgos y las distancias. Salen vencedores los que libran batallas conociendo estos
elementos; salen derrotados los que luchan ignorándolos.
Por lo tanto, cuando las leyes de la guerra señalan una victoria segura es claramente
apropiado entablar batalla, incluso si el gobierno ha dada órdenes de no atacar. Si las leyes
de la guerra no indican una victoria segura, es adecuado no entrar en batalla, aunque el
gobierno haya dada la orden de atacar. De este modo se avanza sin pretender la gloria, se
ordena la retirada sin evitar la responsabilidad, con el único propósito de proteger a la
población y en beneficio también del gobierno; así se rinde un servicio valioso a la nación.
Avanzar y retirarse en contra de las órdenes del gobierno no se hace por interés personal,
sino para salvaguardar las vidas de la población y en auténtico beneficio del gobierno.
Servidores de esta talla son muy útiles para un pueblo.
Mira por tus soldados como miras por un recién nacido; así estarán dispuestos a seguirte
hasta los valles más profundos; cuida de tus soldados como cuidas de tus queridos hijos, y
morirán gustosamente contigo.
Pero si eres tan amable con ellos que no los puedes utilizar, si eres tan indulgente que no les
puedes dar órdenes, tan informal que no puedes disciplinarlos, tus soldados serán como
niños mimados y, por lo tanto, inservibles.
Las recompensas no deben utilizarse solas, ni debe confiarse solamente en los castigos. En
caso contrario, las tropas, como niños mimosos, se acostumbran a disfrutar o a quedar
resentidas por todo. Esto es dañino y los vuelve inservibles.
Si sabes que tus soldados son capaces de atacar, pero ignoras si el enemigo es invulnerable
a un ataque, tienes sólo la mitad de posibilidades de ganar. Si sabes que tu enemigo es
vulnerable a un ataque, pero ignoras si tus soldados son capaces de atacar, sólo tienes la
mitad de posibilidades de ganar. Si sabes que el enemigo es vulnerable a un ataque, y tus
soldados pueden llevarlo a cabo, pero ignoras si la condición del terreno es favorable para
la batalla, tienes la mitad de probabilidades de vencer.
Por lo tanto, los que conocen las artes marciales no pierden el tiempo cuando efectúan sus
movimientos, ni se agotan cuando atacan. Debido a esto se dice que cuando te conoces a ti
mismo y conoces a los demás, la victoria no es un peligro; cuando conoces el cielo y la
tierra, la victoria es inagotable.


C A P I T U L O XI
Sobre las nueve clases de terreno
Conforme a las leyes de las operaciones militares, existen nueve clases de terreno. Si
intereses locales luchan entre sí en su propio territorio, a éste se le llama terreno de
dispersión.
Cuando los soldados están apegados a su casa y combaten cerca de su hogar, pueden ser
dispersados con facilidad.
Cuando penetras en un territorio ajeno, pero no lo haces en profundidad, a éste se le llama
territorio ligero.
Esto significa que los soldados pueden regresar fácilmente.
El territorio que puede resultarte ventajoso si lo tomas, y ventajoso al enemigo si es él
quien lo conquista, se llama terreno clave.
Un terreno de lucha inevitable es cualquier enclave defensivo o paso estratégico.
Un territorio igualmente accesible para ti y para los demás se llama terreno de
comunicación.
El territorio que está rodeado por tres territorios rivales y es el primero en proporcionar
libre acceso a él a todo el mundo se llama terreno de intersección.
El terreno de intersección es aquel en el que convergen las principales vías de
comunicación uniéndolas entre sí: sé el primero en ocuparlo, y la gente tendrá que ponerse
de tu lado. Si lo obtienes, te encuentras seguro; si lo pierdes, corres peligro.
Cuando penetras en profundidad en un territorio ajeno, y dejas detrás muchas ciudades y
pueblos, a este terreno se le llama difícil.
Es un terreno del que es difícil regresar.
Cuando atraviesas montañas boscosas, desfiladeros abruptos u otros accidentes difíciles de
atravesar, a esto se le llama terreno desfavorable.
Cuando el acceso es estrecho y la salida es tortuosa, de manera que una pequeña unidad
enemiga puede atacarte, aunque tus tropas sean más numerosas, a éste se le llama terreno
cercado.
Si eres capaz de una gran adaptación, puedes atravesar este territorio.
Si sólo puedes sobrevivir en un territorio luchando con rapidez, y si es fácil morir si no lo
haces, a éste se le llama terreno mortal.
Las tropas que se encuentran en un terreno mortal están en la misma situación que si se
encontraran en una barca que se hunde o en una casa ardiendo.
Así pues, no combatas en un terreno de dispersión, no te detengas en un terreno ligero, no
ataques en un terreno clave (ocupado por el enemigo), no dejes que tus tropas sean
divididas en un terreno de comunicación. En terrenos de intersección, establece
comunicaciones; en terrenos difíciles, entra aprovisionado; en terrenos desfavorables,
continúa marchando; en terrenos cercados, haz planes; en terrenos mortales, lucha.
En un terreno de dispersión, los soldados pueden huir. Un terreno ligero es cuando los
soldados han penetrado en territorio enemigo, pero todavía no tienen las espaldas cubiertas:
por eso, sus mentes no están realmente concentradas y no están listos para la batalla. No es
ventajoso atacar al enemigo en un terreno clave; lo que es ventajoso es llegar el primero a
él. No debe permitirse que quede aislado el terreno de comunicación, para poder servirse de
las rutas de suministros. En terrenos de intersección, estarás a salvo si estableces alianzas;
si las pierdes, te encontrarás en peligro. En terrenos difíciles, entrar aprovisionado significa
reunir todo lo necesario para estar allí mucho tiempo. En terrenos desfavorables, ya que no
puedes atrincherarte en ello, debes apresurarte a salir. En terrenos cercados, introduce
tácticas sorpresivas.
Si las tropas caen en un terreno mortal, todo el mundo luchará de manera espontánea. Por
esto se dice: "Sitúa a las tropas en un terreno mortal y sobrevivirán."
Los que eran antes considerados como expertos en el arte de la guerra eran capaces de
hacer que el enemigo perdiera contacto entre su vanguardia y su retaguardia, la confianza
entre las grandes y las pequeñas unidades, el interés recíproco par el bienestar de los
diferentes rangos, el apoyo mutuo entre gobernantes y gobernados, el alistamiento de
soldados y la coherencia de sus ejércitos. Estos expertos entraban en acción cuando les era
ventajoso, y se retenían en caso contrario.
Introducían cambios para confundir al enemigo, atacándolos aquí y allá, aterrorizándolos y
sembrando en ellos la confusión, de tal manera que no les daban tiempo para hacer planes.
Se podría preguntar cómo enfrentarse a fuerzas enemigas numerosas y bien organizadas
que se dirigen hacia ti. La respuesta es quitarles en primer lugar algo que aprecien, y
después te escucharán.
La rapidez de acción es el factor esencial de la condición de la fuerza militar,
aprovechándose de los errores de los adversarios, desplazándose por caminos que no
esperan y atacando cuando no están en guardia.
Esto significa que para aprovecharse de la falta de preparación, de visión y de cautela de los
adversarios, es necesario actuar con rapidez, y que si dudas, esos errores no te servirán de
nada.
En una invasión, por regla general, cuanto más se adentran los invasores en el territorio
ajeno, más fuertes se hacen, hasta el punto de que el gobierno nativo no puede ya
expulsarlos.
Escoge campos fértiles, y las tropas tendrán suficiente para comer. Cuida de su salud y
evita el cansancio, consolida su energía, aumenta su fuerza. Que los movimientos de tus
tropas y la preparación de tus planes sean insondables.
Consolida la energía más entusiasta de tus tropas, ahorra las fuerzas sobrantes, mantén en
secreto tus formaciones y tus planes, permaneciendo insondable para los enemigos, y
espera a que se produzca un punto vulnerable para avanzar.
Sitúa a tus tropas en un punto que no tenga salida, de manera que tengan que morir antes de
poder escapar. Porque, ¿ante la posibilidad de la muerte, qué no estarán dispuestas a hacer?
Los guerreros dan entonces lo mejor de sus fuerzas. Cuando se hallan ante un grave peligro,
pierden el miedo. Cuando no hay ningún sitio a donde ir, permanecen firmes; cuando están
totalmente implicados en un terreno, se aferran a él. Si no tienen otra opción, lucharán hasta
el final.
Por esta razón, los soldados están vigilantes sin tener que ser estimulados, se alistan sin
tener que ser llamados a filas, son amistosos sin necesidad de promesas, y se puede confiar
en ellos sin necesidad de órdenes.
Esto significa que cuando los combatientes se encuentran en peligro de muerte, sea cual sea
su rango, todos tienen el mismo objetivo, y, por lo tanto, están alerta sin necesidad de ser
estimulados, tienen buena voluntad de manera espontánea y sin necesidad de recibir
órdenes, y puede confiarse de manera natural en ellos sin promesas ni necesidad de
jerarquía.
Prohibe los augurios para evitar las dudas, y los soldados nunca te abandonarán. Si tus
soldados no tienen riquezas, no es porque las desdeñen. Si no tienen más longevidad, no es
porque no quieran vivir más tiempo. El día en que se da la orden de marcha, los soldados
lloran.
Así pues, una operación militar preparada con pericia debe ser como una serpiente veloz
que contraataca con su cola cuando alguien le ataca por la cabeza, contraataca con la cabeza
cuando alguien le ataca por la cola y contraataca con cabeza y cola, cuando alguien le ataca
por el medio.
Esta imagen representa el método de una línea de batalla que responde velozmente cuando
es atacada. Un manual de ocho formaciones clásicas de batalla dice: "Haz del frente la
retaguardia, haz de la retaguardia el frente, con cuatro cabezas y ocho colas. Haz que la
cabeza esté en todas partes, y cuando el enemigo arremeta por el centro, cabeza y cola
acudirán al rescate."
Puede preguntarse la cuestión de si es posible hacer que una fuerza militar sea como una
serpiente rápida. La respuesta es afirmativa. Incluso las personas que se tienen antipatía,
encontrándose en el mismo barco, se ayudarán entre sí en caso de peligro de zozobrar.
Es la fuerza de la situación la que hace que esto suceda.
Por esto, no basta con depositar la confianza en caballos atados y ruedas fijadas.
Se atan los caballos para formar una línea de combate estable, y se fijan las ruedas para
hacer que los carros no se puedan mover. Pero aun así, esto no es suficientemente seguro ni
se puede confiar en ello. Es necesario permitir que haya variantes a los cambios que se
hacen, poniendo a los soldados en situaciones mortales, de manera que combatan de forma
espontánea y se ayuden unos a otros codo con codo: éste es el camino de la seguridad y de
la obtención de una victoria cierta.
La mejor organización es hacer que se exprese el valor y mantenerlo constante. Tener éxito
tanto con tropas débiles como con tropas aguerridas se basa en la configuración de las
circunstancias.
Si obtienes la ventaja del terreno, puedes vencer a los adversarios, incluso con tropas
ligeras y débiles; ¿cuánto más te sería posible si tienes tropas poderosas y aguerridas? Lo
que hace posible la victoria a ambas clases de tropas es las circunstancias del terreno.
Por lo tanto, los expertos en operaciones militares logran la cooperación de la tropa, de tal
manera que dirigir un grupo es como dirigir a un solo individuo que no tiene más que una
sola opción.
Corresponde al general ser tranquilo, reservado, justo y metódico.
Sus planes son tranquilos y absolutamente secretos para que nadie pueda descubrirlos. Su
mando es justo y metódico, así que nadie se atreve a tomarlo a la ligera.
Puede mantener a sus soldados sin información y en completa ignorancia de sus planes.
Cambia sus acciones y revisa sus planes, de manera que nadie pueda reconocerlos. Cambia
de lugar su emplazamiento y se desplaza por caminos sinuosos, de manera que nadie pueda
anticiparse.
Puedes ganar cuando nadie puede entender en ningún momento cuáles son tus intenciones.
Dice un Gran Hombre: "El principal engaño que se valora en las operaciones militares no
se dirige sólo a los enemigos, sino que empieza por las propias tropas, para hacer que le
sigan a uno sin saber adónde van." Cuando un general fija una meta a sus tropas, es como el
que sube a un lugar elevado y después retira la escalera. Cuando un general se adentra muy
en el interior del territorio enemigo, está poniendo a prueba todo su potencial.
Ha hecho quemar las naves a sus tropas y destruir sus casas; así las conduce como un
rebaño y todos ignoran hacia dónde se encaminan.
Incumbe a los generales reunir a los ejércitos y ponerlos en situaciones peligrosas. También
han de examinar las adaptaciones a los diferentes terrenos, las ventajas de concentrarse o
dispersarse, y las pautas de los sentimientos y situaciones humanas.
Cuando se habla de ventajas y de desventajas de la concentración y de la dispersión, quiere
decir que las pautas de los comportamientos humanos cambian según los diferentes tipos de
terreno.
En general, la pauta general de los invasores es unirse cuando están en el corazón del
territorio enemigo, pero tienden a dispersarse cuando están en las franjas fronterizas.
Cuando dejas tu territorio y atraviesas la frontera en una operación militar, te hallas en un
terreno aislado.
Cuando es accesible desde todos los puntos, es un terreno de comunicación.
Cuando te adentras en profundidad, estás en un terreno difícil. Cuando penetras poco, estás
en un terreno ligero.
Cuando a tus espaldas se hallen espesuras infranqueables y delante pasajes estrechos, estás
en un terreno cercado.
Cuando no haya ningún sitio a donde ir, se trata de un terreno mortal.
Así pues, en un terreno de dispersión, yo unificaría las mentes de los soldados. En un
terreno ligero, las mantendría en contacto. En un terreno clave, les haría apresurarse para
tomarlo. En un terreno de intersección, prestaría atención a la defensa. En un terreno de
comunicación, establecería sólidas alianzas. En un terreno difícil, aseguraría suministros
continuados. En un terreno desfavorable, urgiría a mis tropas a salir rápidamente de él. En
un terreno cercado, cerraría las entradas. En un terreno mortal, indicaría a mis tropas que no
existe ninguna posibilidad de sobrevivir.
Por esto, la psicología de los soldados consiste en resistir cuando se ven rodeados, luchar
cuando no se puede evitar, y obedecer en casos extremos.
Hasta que los soldados no se ven rodeados, no tienen la determinación de resistir al
enemigo hasta alcanzar la victoria. Cuando están desesperados, presentan una defensa
unificada.
Por ello, los que ignoran los planes enemigos no pueden preparar alianzas.
Los que ignoran las circunstancias del terreno no pueden hacer maniobrar a sus fuerzas.
Los que no utilizan guías locales no pueden aprovecharse del terreno. Los militares de un
gobierno eficaz deben conocer todos estos factores.
Cuando el ejército de un gobierno eficaz ataca a un gran territorio, el pueblo no se puede
unir. Cuando su poder sobrepasa a los adversarios, es imposible hacer alianzas.
Si puedes averiguar los planes de tus adversarios, aprovéchate del terreno y haz maniobrar
al enemigo de manera que se encuentre indefenso; en este caso, ni siquiera un gran
territorio puede reunir suficientes tropas para detenerte.
Por lo tanto, si no luchas por obtener alianzas, ni aumentas el poder de ningún país, pero
extiendes tu influencia personal amenazando a los adversarios, todo ello hace que el país y
las ciudades enemigas sean vulnerables.
Otorga recompensas que no estén reguladas y da órdenes desacostumbradas.
Considera la ventaja de otorgar recompensas que no tengan precedentes, observa cómo el
enemigo hace promesas sin tener en cuenta los códigos establecidos.
Maneja las tropas como si fueran una sola persona. Empléalas en tareas reales, pero no les
hables. Motívalas con recompensas, pero no les comentes los perjuicios posibles.
Emplea a tus soldados sólo en combatir, sin comunicarles tu estrategia. Déjales conocer los
beneficios que les esperan, pero no les hables de los daños potenciales. Si la verdad se
filtra, tu estrategia puede hundirse. Si los soldados empiezan a preocuparse, se volverán
vacilantes y temerosos.
Colócalos en una situación de posible exterminio, y entonces lucharán para vivir. Ponles en
peligro de muerte, y entonces sobrevivirán. Cuando las tropas afrontan peligros, son
capaces de luchar para obtener la victoria.
Así pues, la tarea de una operación militar es fingir acomodarse a las intenciones del
enemigo. Si te concentras totalmente en éste, puedes matar a su general aunque estés a
kilómetros de distancia. A esto se llama cumplir el objetivo con pericia.
Al principio te acomodas a sus intenciones, después matas a sus generales: ésta es la pericia
en el cumplimiento del objetivo.
Así, el día en que se declara la guerra, se cierran las fronteras, se rompen los
salvoconductos y se impide el paso de emisarios.
Los asuntos se deciden rigurosamente desde que se comienza a planificar y establecer la
estrategia desde la casa o cuartel general.
El rigor en los cuarteles generales en la fase de planificación se refiere al mantenimiento
del secreto.
Cuando el enemigo ofrece oportunidades, aprovéchalas inmediatamente.
Entérate primero de lo que pretende, y después anticípate a él. Mantén la disciplina y
adáptate al enemigo, para determinar el resultado de la guerra. Así, al principio eres como
una doncella y el enemigo abre sus puertas; entonces, tú eres como una liebre suelta, y el
enemigo no podrá expulsarte.


C A P I T U L O XII
Sobre el arte de atacar por el fuego
Existen cinco clases de ataques mediante el fuego: quemar a las personas, quemar los
suministros, quemar el equipo, quemar los almacenes y quemar las armas.
El uso del fuego tiene que tener una base, y exige ciertos medios. Existen momentos
adecuados para encender fuegos, concretamente cuando el tiempo es seco y ventoso.
Normalmente, en ataques mediante el fuego es imprescindible seguir los cambios
producidos por éste. Cuando el fuego está dentro del campamento enemigo, prepárate
rápidamente desde fuera. Si los soldados se mantienen en calma cuando el fuego se ha
declarado, espera y no ataques. Cuando el fuego alcance su punto álgido, síguelo, si puedes;
si no, espera.
En general, el fuego se utiliza para sembrar la confusión en el enemigo y así poder atacarle.
Cuando el fuego puede ser prendido en campo abierto, no esperes a hacerlo en su interior;
hazlo cuando sea oportuno.
Cuando el fuego sea atizado par el viento, no ataques en dirección contraria a éste.
No es eficaz luchar contra el ímpetu del fuego, porque el enemigo luchará en este caso
hasta la muerte.
Si ha soplado el viento durante el día, a la noche amainará.
Un viento diurno cesará al anochecer; un viento nocturno cesará al amanecer.
Los ejércitos han de saber que existen variantes de las cinco clases de ataques mediante el
fuego, y adaptarse a éstas de manera racional.
No basta saber cómo atacar a los demás con el fuego, es necesario saber cómo impedir que
los demás te ataquen a ti.
Así pues, la utilización del fuego para apoyar un ataque significa claridad, y la utilizació