*l’antiamericanisme a Espanya*, William Chislett
EL ANTIAMERICANISMO EN ESPAÑA: EL PESO DE LA HISTORIA
DT Nº 47/2005 (Traducción del inglés) -- Documentos
William Chislett ( 14/11/2005 )
Los sentimientos de España hacia EEUU son los más fríos de Europa después de los de Turquía, según un sondeo realizado por el German Marshall Fund. Y llevan siendo así mucho tiempo. En su conjunto, los europeos daban a EEUU un 55 sobre una escala de 1 a 100, emulando los grados de un termómetro, mientras que el indicador de España arrojaba 42, el segundo más bajo después de Turquía, con 28 (véase la Tabla 1). El mismo grado de frialdad hacia EEUU quedó de manifiesto en el Pew Global Attitudes Project de 16 países, en el que tan sólo un 41% de los españoles afirmó tener una opinión muy favorable o algo favorable de EEUU. Esto sorprende a muchos. Después de todo, España ha pasado a ser una radiante democracia y una economía de mercado de éxito desde que finalizase la dictadura con la muerte del “Generalísimo” en 1975. ¿Por qué los españoles se muestran tan fríos hacia EEUU?
Tabla 1. Sentimiento hacia EEUU de los países europeos
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País |
Indicador (escala 1-100) |
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Reino Unido |
57º (62º) |
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Italia |
57º (61º) |
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Polonia |
56º (56º) |
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Eslovaquia |
55 (50º) |
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Países Bajos |
54º (55º) |
|
Alemania |
51º (55º) |
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Portugal |
51º (50º) |
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Europa 10 |
50º (55º) |
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Francia |
50º (51º) |
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España |
42º (42º) |
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Turquía |
28º (28º) |
Nota: cifras de 2004 entre paréntesis.
Fuente: German Marshall Fund of the US, Transatlantic Trends, 2005.
Existen seis elementos principales que con los años han ido moldeando los sentimientos de los españoles hacia EEUU:
- La Guerra Hispanoamericana de 1898.
- El apoyo de Washington a Franco tras la Guerra Civil de 1936-1939.
- El Pacto de Madrid de 1953, por el que se establecieron las bases estadounidenses en España.
- El poco entusiasmo mostrado por EEUU en apoyar la transición española hacia una democracia tras la muerte de Franco.
- El apoyo de la Administración Reagan a las dictaduras militares de América Latina.
- Más recientemente, la invasión estadounidense de Irak en 2003.
De forma conjunta, estos elementos contribuyen en gran medida a explicar el antiamericanismo en España, que adopta muchas formas distintas y transciende los partidos políticos.(1) Éste es uno de los motivos de que España registrase el nivel más alto de oposición a la guerra de Irak en los sondeos de opinión (90% en 2003), a pesar de lo cual el Partido Popular (PP) de José María Aznar siguió respaldando la invasión encabezada por EEUU y el Reino Unido y envió una fuerza de mantenimiento de paz de 1.300 efectivos. Este apoyo fue uno de los factores que contribuyeron a que el PP perdiera las elecciones generales del 14 de marzo de 2004, habiéndose previsto su triunfo hasta que –tres días antes– el ataque terrorista de una célula de al-Qaeda en España acabó con la vida de 191 personas. Los españoles votaron en un número sin precedentes y dieron el triunfo al Partido Socialista, dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero, que rápidamente cumplió su promesa electoral de retirar a las tropas, sumiendo en una crisis las relaciones entre España y EEUU.
Como se les enseña a todos los estudiantes españoles, España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas, los vestigios de lo que fue en un tiempo su vasto imperio, como resultado de la Guerra de 1898. EEUU es el único país con el que España ha estado en guerra, aparte de algún episodio colonial en Marruecos, desde la invasión de la Santa Alianza en 1830. Esto diferencia a España del resto de países europeos.La derrota de 1898, conocida como el “desastre”, hizo que el país volviese la vista al interior y suscitó un resentimiento aún mayor hacia EEUU, sobre todo entre la derecha nacionalista y autoritaria.(2) La derecha católica veía a EEUU como un país materialista, en fuerte contraste con España, a la que consideraba la “reserva espiritual” de Europa.
El período después de la Primera Guerra Mundial fue social y políticamente convulso, culminando en la abdicación de Alfonso XIII, la proclamación de la Segunda República en 1931 y la Guerra Civil.Franco triunfó pero fue condenado al ostracismo tras la victoria aliada en 1945, al haber ayudado considerablemente a Hitler y Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial, aunque España fuese oficialmente “no beligerante” y –más tarde– neutral.En 1946 los EEUU, el Reino Unido y Francia hicieron pública una Declaración Tripartita en la que se señalaba que los españoles no podrían esperar una “asociación completa y cordial” con estos países mientras Franco permaneciera en el poder.Se pensaba con esto que el ostracismo de España provocaría “una retirada pacífica de Franco, la abolición de la Falange y el establecimiento de un Gobierno interino o provisional, bajo el cual el pueblo español podría tener la oportunidad de decidir libremente el tipo de gobierno que deseaba y de elegir a sus representantes…”.
No se adoptó, sin embargo, ninguna acción directa para conseguir estos objetivos, aunque España quedó políticamente arrinconada a finales de ese año por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que adoptó una resolución exigiendo a sus miembros la retirada de embajadores enMadrid. Hasta 1950, año en que se levantó esta prohibición, no hubo Embajador de EEUU en España. ElGobierno español fue igualmente excluido “de formar parte de agencias creadas o promovidas por la ONU, así como de participar en conferencias u otras actividades que pudieran ser organizadas por la ONU o sus agencias”. Además del aislamiento político y diplomático, EEUU excluyó a España del Plan Marshall de 1948, impidió las relaciones comerciales y cortó el crédito, tanto público como privado. El Plan fue divertidamente satirizado en la famosa película de Luis García Berlanga, de 1953, “Bienvenido Mr Marshall”, cuya sutileza escapó a los censores de Franco. En una de las escenas, aparece un gran coche americano llevando velozmente a un tal Mr Marshall por el centro del pueblo lleno de gente, sin dejar en su estela otra cosa que polvo y esperanzas truncadas.
Sin embargo, en vez de luchar por liberar a España de su yugo autoritario, EEUU cambió su política y comenzó a apoyar el régimen de Franco. Los acontecimientos condujeron al encuentro entre EEUU y España. Por un lado, en aquel momento existía la realidad de una España empobrecida e internacionalmente aislada, que buscaba la mano amiga de cualquier país no comunista. Y, ¿quién mejor que la principal potencia mundial? Tras la Guerra Civil, la economía española estaba materialmente postrada. Entre 1935 y 1938 el PIB cayó un 36% en términos reales y un 28% la renta per cápita. Algo más de la mitad de la población activa trabajaba en la agricultura, con técnicas arcaicas y, para remate, se siguieron inviernos inusualmente duros y cosechas escasas. Los años de la década de los 40 fueron conocidos como los “años del hambre”. A partir de 1946, la Argentina del General Juan Domingo Perón, uno de los pocos aliados de Franco, acudió al rescate y salvó a España de la inanición mediante el suministro de trigo y carne. Por otro lado, Washington llegó a la conclusión de que su política de aislamiento había fortalecido a Franco, obstaculizaba la recuperación económica de España y hacía que la cooperación de este país fuera menos probable ante la eventualidad de una nueva guerra. El secretario de Estado, Dean Acheson, declaró que la política seguida no sólo “ha fracasado en sus intenciones, sino que ha reforzado la posición del actual régimen”. De manera más significativa, el Pentágono, la entidad más directamente afectada por el desafío de la guerra fría, tenía ya sus ojos puestos en el establecimiento de bases militares en España, por su posición geoestratégica en el extremo sur de Europa a la hora de tener que proteger la entrada al Mediterráneo occidental.
España era el eslabón que faltaba para completar el despliegue de bases americanas que el Comando Aéreo Estratégico estaba empeñado en hacer para establecer una especie de cerco a la Unión Soviética (en 1951 se establecían bases en las Azores y en 1952 en Turquía). En diciembre de 1947, el Consejo de Seguridad Nacional emitió un informe sobre España (conocido como el documento NSC 3) cuyo propósito, en palabras del vicesecretario de Estado de EEUU Robert Lovett, era “abandonar los prejuicios sobre nuestros intereses en España y reorientar nuestra política en consecuencia”. Truman aprobó a regañadientes el NSC 3, documento que se convirtió en política oficial en 1948. Un documento político de los Departamentos de Estado y Defensa llegó a una conclusión similar: “A la luz del recrudecimiento de la ‘guerra fría’, la potencial importancia militar de España… ha aumentado hasta tal punto que los intereses de seguridad de EEUU y de los países de la OTAN requieren ahora la implantación de un programa... a pesar de las objeciones políticas, capaz de asegurar al menos una cooperación española indirecta dentro del sistema estratégico de Europa Occidental”. El enfoque idealista de los asuntos exteriores fue abandonado en favor de una política realista clásica. En marzo de 1950, la Administración americana echó mano de sus reservas de excedentes y vendió 86 millones de libras de patatas a España, contribuyendo así al fin de su racionamiento, en vigor desde el final de la Guerra Civil en 1939.
El momento crucial llegó el 24 de junio de 1950, cuando Corea del Norte (comunista) invadió Corea del Sur, bajo control de EEUU desde el final de la II Guerra Mundial. Para entonces, la Unión Soviética tenía capacidad para construir la bomba atómica y Franco, anticomunista acérrimo, jugaba su carta de “Centinela de Occidente” hasta donde hiciera falta. El intenso anticomunismo imperante en EEUU en el período de 1948-1954 (la época del “McCarthismo”, que toma el nombre de la caza de brujas desencadenada por el Senador Joe McCarthy) ayudó también a crear el clima propicio para el acercamiento al régimen de Franco. Los factores de seguridad nacional empezaron a ganar peso de forma creciente a favor de España y Washington renunció a sus demandas planeadas de reformas económicas como prerrequisito de la provisión de ayudas. Muy poco después, el Congreso de EEUU, con la cobertura legal de la Mutual Security Act, destinó 62,5 millones de dólares para un crédito a España a través del Export-Import Bank (Eximbank). Los fondos se destinaron a la compra de algodón, fertilizantes, tractores, trigo, carbón y material ferroviario, así como al desarrollo de la minería y la energía hidroeléctrica. A finales de 1950, Truman envió a Stanton Griffiths como Embajador a España, una vez que las Naciones Unidas permitieron el retorno de los embajadores al país tras un paréntesis de cuatro años. In 1951, el Congreso de EEUU votó un nuevo crédito a favor de España de 100 millones de dólares. En 1951 el PIB español creció un 17,6% en términos reales, en no pequeña parte gracias a los flujos financieros provenientes de EEUU, que comenzaron a reactivar una economía “pendiente de un hilo y de la esperanza”.(3)
El acuerdo de 1953, que estableció las bases aéreas de Torrejón, Zaragoza y Morón de la Frontera y la base naval de Rota en la costa suratlántica española, no lejos de Gibraltar, supuso un polémico matrimonio de conveniencia, especialmente para Francia y el Reino Unido, que consideraban que minaba la autoridad moral del bloque occidental, y para los liberales estadounidenses, los demócratas españoles y los cientos de miles de españoles que se exiliaron tras la Guerra Civil.Un editorial del New York Times llegó a decir que EEUU estaba “tragando una amarga medicina”.(4) El aspecto de más difícil negociación no fueron las condiciones en las que EEUU podría activar o poner en estado de alerta las bases e instalaciones militares en caso de un conflicto armado (que permanecieron secretas hasta 1979), sino la ayuda económica asociada. Franco fue muy acomodaticio sobre la cláusula de activación (España simplemente tenía que ser informada sobre la indefinida “evidente agresión comunista que amenace la seguridad de Occidente”), aunque, para salvar la cara y evitar alusiones a la pérdida de soberanía, esta cláusula fue mantenida fuera del dominio público. Las bases fueron puestas en estado de alerta con motivo de la crisis del Líbano de 1958, la evacuación del Congo en 1964 y la de Libia en 1969, actos a duras penas calificables de “agresión comunista” y “amenazas de la seguridad occidental”. Los acuerdos posibilitaron a EEUU introducir en España armas nucleares (Rota tuvo submarinos Polaris desde 1963) y llevar a cabo vuelos con armamento nuclear sobre territorio español. Esto se convirtió en un asunto delicado tras el infausto incidente de Palomares en 1966, cuando una colisión entre dos aviones americanos provocó la caída de cuatro bombas H, una de ellas sobre el Mediterráneo. Pero a pesar de las protestas generalizadas (acalladas en España debido a las restricciones de prensa), el Artículo VII del acuerdo técnico (y secreto) –que otorgaba a las fuerzas de EEUU libertad total de movimiento dentro del territorio español, aguas territoriales y espacio aéreo– no fue modificado hasta 1970.
Para Franco, el acuerdo también fue un triunfo, especialmente al no exigírsele liberalización política. El régimen del dictador ganó respetabilidad internacional, especialmente en el terreno multilateral (España entró en las Naciones Unidas en 1955), e, internamente, la dictadura se sintió más segura con las tropas de EEUU en su suelo, aunque por entonces la amenaza de la oposición política, débil y dividida, era insignificante. Como un analista de la época puso de manifiesto, España había pasado de “país marginado de la Naciones Unidas a socio de EEUU”.(5) España estuvo considerada poco más que como una pieza de una propiedad inmobiliaria estratégicamente situada. Para defender a Occidente del comunismo, EEUU consideró necesario aceptar un mal menor. “Los valores de la libertad y de los derechos humanos que EEUU predicaba en la dura lucha contra el comunismo podrían quedar en suspenso cuando dictadores de pacotilla controlaran zonas geográficas que podrían ser usadas para defender la libertad global”, señalaba Ángel Viñas, destacado historiador español sobre el tema.(6) Una de las consecuencias del acuerdo fue que propició las visitas de los presidentes Eisenhower, Nixon y Ford (resulta llamativo que ningún jefe de Estado o de Gobierno europeo se reuniese con Franco mientras éste permaneció en el poder, a excepción del dictador portugués Oliveira Salazar).
En vez de liberar a los españoles de un yugo autoritario, los soldados estadounidenses consolidaron la dictadura y le confirieron un amplio sentimiento de seguridad. Esto provocó una curiosa situación en la que los franquistas eran considerados proestadounidenses, cuando en realidad odiaban la forma democrática de gobierno de EEUU y sus valores liberales. Los demócratas españoles se sintieron abandonados, y esto terminaría generando un profundo antiamericanismo, especialmente entre la “generación del 68” en el Partido Socialista, que tuvo un destacado papel en la transición española hacia la democracia tras la muerte de Franco y gobernó el país entre 1983 y 1996. Por ejemplo, Javier Solana, ministro de Cultura, de Educación y de Asuntos Exteriores durante la época socialista, secretario general de la OTAN (de 1995 a 1999) y desde entonces principal representante de la UE en materia de política exterior, fue un activista en contra de la OTAN (de joven escribió un folleto titulado “50 razones para decir No a la OTAN”). El derrocamiento, con el respaldo de la CIA, de Salvador Allende en Chile en 1973, un personaje venerado entre la izquierda española, y el apoyo mostrado al General Augusto Pinochet (un declarado admirador de Franco) no hizo sino reforzar el sentimiento antiamericanista.
Son reveladoras las palabras de Wells Stabler, Embajador de EEUU en España desde 1975 (año de la muerte de Franco) a 1978, cuando comenta que EEUU “no hizo en realidad gran cosa” por promover algún tipo de cambio político en la España posfranquista.(7) La principal preocupación, algunos dirían que la única, eran las bases, cuya importancia aumentó en 1970, cuando EEUU fue forzado a salir de Libia. Temerosos de un enfrentamiento con el régimen, que veía con extremo recelo cualquier contacto entre la embajada americana y la oposición, por insignificante que éste fuera, los diplomáticos de EEUU no tuvieron prácticamente relaciones con la oposición. En mayo de 1975, seis meses antes de que Franco muriera y con estado de excepción en dos de las provincias vascas, el presidente Gerald Ford visitó España, un viaje del que Stabler señala que no sirvió “absolutamente para nada, excepto, nuevamente desde el punto de vista de Franco, para indicar que el gran amigo de España seguía prestando su apoyo”.(8) Stabler persuadió a Ford y a Kissinger para que se entrevistaran con algunos miembros “poco relevantes” de la oposición, todos ellos en tiempos anteriores “violentamente franquistas”. Pero el presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, se quedó “paralizado” al ver la lista y solicitó la cancelación de la reunión, tal como efectivamente se hizo. Stabler pensaba que Washington debía haber impuesto su voluntad. “Esto habría sido una señal –aunque menor– de que teníamos alguna opinión sobre las relaciones con la oposición”. El Embajador, posteriormente y por propia iniciativa, comenzó a entrevistarse con miembros de la oposición, incluido Felipe González, líder de los socialistas y presidente del Gobierno de 1983 a 1996. Hasta tal punto estaba enraizado entonces entre los socialistas el sentimiento antiamericano, por esta y otras razones, que pasaron tres meses, tras recibir la invitación, decidiendo si convenía que alguno de sus miembros se reuniera con funcionarios de EEUU.
El acuerdo de las bases comenzó su cuarta y última renovación bajo el régimen de Franco en los últimos meses del dictador. Lo que más interesaba a EEUU en ese momento no era ayudar activamente al advenimiento de la democracia, sino garantizar su acceso a las bases y asegurar en todo lo posible que no iban a tener restricciones. Era evidente el fuerte contraste con los países de Europa Occidental, que estaban construyendo puentes con la oposición. Cuando Ford expresó su preocupación al canciller alemán Helmut Schmidt sobre la posibilidad de perder las bases, éste le dijo que “para asegurar sus bases y sus lazos estratégicos con España el día de mañana, debería hablar de ello también con quienes vayan a estar en el poder en el futuro”.(9)
Tabla 2. Cuando intereses vitales de su país están en juego, está justificado obviar a las Naciones Unidas
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País |
Porcentaje de acuerdo |
|
Turquía |
71 |
|
EEUU |
59 |
|
Países Bajos |
58 |
|
Eslovaquia |
55 |
|
Reino Unido |
51 |
|
Polonia |
46 |
|
Francia |
46 |
|
Portugal |
45 |
|
Alemania |
42 |
|
España |
38 |
|
Italia |
37 |
Fuente: German Marshall Fund, Transatlantic Trends, 2004.
Madrid y Washington han establecido un modus vivendi, pero persisten serias diferencias con EEUU sobre Cuba y Venezuela, dos países cercanos para los españoles por la afinidad lingüística y cultural y la emigración hacia ellos desde España. En enero de 2005, los socialistas encabezaron con éxito la restauración de relaciones diplomáticas normales por parte de la UE con Cuba, una decisión ratificada en junio a pesar de la ausencia de progresos en materia de derechos humanos.(21) La UE había reducido las visitas gubernamentales de alto nivel a Cuba y la participación en eventos culturales en 2003, tras la ejecución sumaria por un pelotón de fusilamiento de tres personas que habían secuestrado un barco con intención de escapar del país, y la detención de 75 disidentes. Los países de la UE decidieron igualmente invitar a los disidentes a las celebraciones oficiales en sus embajadas de La Habana, como signo de apoyo a los oponentes al régimen, hecho éste que produjo la llamada “guerra de los cócteles”. Castro respondió congelando los contactos oficiales con las embajadas. Los Embajadores de la UE en La Habana se convirtieron así en “los Embajadores Findus” –por el pescado congelado–, puesto que tenían poco que hacer. El Gobierno español llegó a la conclusión de que con la anterior política no se conseguía nada y, entretanto, el período post-Castro se acercaba de forma inevitable. España es el mayor inversor extranjero en Cuba y tiene estrechos lazos culturales y familiares –se estima que el 70% de los cubanos tienen un abuelo español (vivo o muerto)–.(22) Cada año visitan Cuba más de 150.000 turistas españoles. Los dos polos del exilio cubano se encuentran en Madrid, donde viven unos 60.000 cubanos, y Miami (con más de un millón). Los exiliados de Madrid son menos activistas contra Castro que los de Miami, entre otras razones por el mayor grado de simpatía que existe en España hacia el régimen cubano entre ciertos segmentos de la población, especialmente entre gente a la izquierda del Partido Socialista, para quienes Cuba es un tema emotivo. Cuba es también, en cierta medida, un asunto emotivo para la derecha española debido a la pérdida de esta colonia en 1898. Según el Barómetro del Real Instituto Elcano de junio de 2005, el 60% de los españoles encuestados respaldaba el levantamiento de las sanciones de la UE a Cuba. Madrid sostenía que el futuro de la isla se decidiría dentro del país y no en Miami o Washington, y que las líneas de comunicación debían mantenerse abiertas.
Por lo que respecta a Venezuela, la decisión de los socialistas en 2005 de vender diez aviones de transporte C-295, cuatro corbetas de patrulla costera y cuatro patrulleras guardacostas de menor tamaño al Gobierno de Hugo Chávez fue duramente criticada por Donald Rumsfeld. A Washington le preocupaba profundamente la acumulación de armas por parte de Chávez, que incluía la compra de armas y equipos a Rusia y Brasil. En sentido estricto, España no vendió armas, y Zapatero defendió esta decisión alegando que la finalidad del acuerdo era luchar contra el terrorismo y el tráfico de drogas. Además, las críticas estadounidenses a esta decisión sonaron bastante falsas al revelar el ministro de Defensa José Bono al parlamento español que el anterior Gobierno del PP había vendido pistolas, granadas y equipo antidisturbios a Chávez entre 2000 y 2003 y que el Gobierno de Washington no había expresado entonces preocupación alguna. Este es un ejemplo del distinto rasero aplicado por Washington a amigos y enemigos.
Como hemos visto, el principal factor que enoja a España es la política exterior de Washington, y la diferencia entre los valores democráticos que se predican en casa y lo que se hace en el extranjero. El área de política exterior que más hostilidad ha suscitado tradicionalmente ha sido América Latina. Y, hoy en día, la guerra en Irak y el conflicto palestino-israelí.(23) El bando propalestino tiene fuerza entre la prensa española y con frecuencia provoca respuestas por parte del embajador israelí en Madrid.
La reelección de George W. Bush en noviembre de 2004 intensificó el sentimiento negativo de los españoles hacia la política exterior estadounidense. Según el Barómetro del Real Instituto Elcano de marzo de 2005, el 68% de las respuestas consideraban la reelección “negativa para la paz y la seguridad en el mundo”, 10 por encima de la media global. La encuesta Transatlantic Trends 2005 mostró que el 81% de los españoles estaba en desacuerdo con el modo en que George W. Bush manejaba la política exterior. Y cuando se les preguntó en la encuesta del Pew Global Attitudes cuál era el principal problema con EEUU, el 76% de los españoles respondió que ante todo el presidente Bush, con mucho el mayor porcentaje de todos los países encuestados, mientras que solo el 14% respondió que “América en general” (véase la Tabla 3).La desfavorable visión de EEUU está mucho más influida por una baja consideración de Bush que por ninguna otra actitud u opinión verificada en la encuesta. La encuesta no reveló el motivo por el cual a los españoles les desagrada mucho más Bush que a, digamos, los alemanes o los franceses, de forma que sólo podemos tratar de adivinarlo, pero la lista de factores sin duda incluiría su falta de cultura y elocuencia (un motivo por el que Clinton suscitaba grandes simpatías entre los españoles), su negativa a suscribir el Protocolo de Kioto para combatir el calentamiento global (España está haciéndose cada vez más ecologista) y el hecho de que muestre abiertamente su religión (el secularismo está muy al alza en España).
Tabla 3. ¿Cuál es el problema con EEUU? (%)
|
País |
Sobre todo Bush |
América en general |
Ambos |
No sabe/no contesta |
|
España |
76(50) |
14(37) |
7(12) |
3(2) |
|
Alemania |
65(74) |
29(22) |
5(3) |
1(1) |
|
Países Bajos |
63 |
30 |
6 |
1 |
|
Francia |
63(74) |
32(21) |
5(4) |
1(1) |
|
Pakistán |
51(62) |
29(31) |
10(2) |
10(5) |
|
Reino Unido |
56(59) |
35(31) |
8(8) |
1(3) |
|
Canadá |
54(60) |
37(32) |
9(6) |
0(2) |
|
Lìbano |
47(51) |
32(32) |
19(16) |
1(1) |
|
Turquía |
41(52) |
36(33) |
17(12) |
6(3) |
|
Indonesia |
43(69) |
42(20) |
0(7) |
15(4) |
|
India |
35 |
35 |
14 |
16 |
|
Jordania |
22(42) |
37(28) |
41(30) |
1(*) |
|
China |
16 |
34 |
42 |
8 |
|
Polonia |
27 |
49 |
14 |
10 |
|
Rusia |
30(43) |
58(32) |
9(15) |
3(10) |
(*) Datos de las opiniones desfavorables sobre EEUU.
Entre paréntesis, el dato de 2003.
Fuente: Pew Global Attitudes Project, 2005.
Los españoles, no obstante, tienen una visión mucho más favorable del pueblo estadounidense que del Gobierno de dicho país, si bien asocian a los estadounidenses, más que otros países, con rasgos peyorativos como “codiciosos” y “violentos” y menos con características positivas como “honestos,” “inventivos” y “trabajadores” (ver Cuadro 4).En conjunto, más de la mitad (55%) expresó una opinión positiva de los estadounidenses en la encuesta del Pew Global Attitudes Project de 2005, frente a un 47% en 2003.
Tabla 4. Cómo ve a los americanos el público occidental (%)
|
|
Trabajadores |
Inventivos |
Honestos |
Codiciosos |
Violentos |
Rudos |
Inmorales |
|
Canadá |
77 |
76 |
42 |
62 |
64 |
53 |
34 |
|
Francia |
89 |
76 |
57 |
31 |
63 |
36 |
37 |
|
Alemania |
67 |
76 |
52 |
49 |
49 |
12 |
31 |
|
Países Bajos |
84 |
69 |
46 |
67 |
60 |
26 |
38 |
|
Polonia |
64 |
73 |
44 |
55 |
33 |
21 |
33 |
|
Rusia |
72 |
56 |
32 |
60 |
54 |
48 |
42 |
|
España |
74 |
53 |
45 |
58 |
60 |
39 |
36 |
|
Reino Unido |
76 |
64 |
57 |
64 |
53 |
29 |
26 |
|
EEUU |
85 |
81 |
63 |
70 |
49 |
35 |
39 |
Fuente: Pew Global Attitudes Project, 2005.
A pesar de la penetración cada vez mayor en España de películas y series de televisión estadounidenses, los españoles no plantean el tipo de objeciones que plantean los franceses contra lo que se percibe como imperialismo cultural estadounidense. Quizá esto se deba a que los españoles, a diferencia de los franceses, no están a la defensiva porque el idioma español está bastante al alza en todo el mundo (el número total de personas que lo estudian en instituciones estadounidenses de enseñanza superior supera al total de que individuos que estudian todas las demás lenguas) y por lo tanto no existe un sentimiento tan profundo como existe en Francia de que la cultura española se encuentra amenazada. Las películas estadounidenses siempre han sido muy populares en España (muchos spaghetti westerns se filmaron en este país durante la época de Franco), y los españoles son adictos al cine. Según la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas de España, en 2004 el cine americano tuvo en España 121,7 millones de espectadores (115,7 millones en 2003), frente a los 18,7 millones que vieron películas españolas (21,7 millones en 2003). La cuota de películas y series de EEUU en las televisiones españolas también es elevada: cerca del 70% y del 49%, respectivamente, en 2003 (último año disponible) frente al 11,5% y el 18,6% de las películas y series españolas, respectivamente.También existen relaciones significativas en materia de educación y cultura entre España y EEUU. El programa Fulbright para España, iniciado en este país en 1958, es actualmente el tercero más grande del mundo, por presupuesto y número de estudiantes españoles que van a EEUU y de americanos que van a España cada año, tras Alemania y Japón.(24)
Los factores históricos que han determinado el antiamericanismo de España, sobre todo el acuerdo de bases de 1953, básicamente afectan a los españoles que crecieron durante los 20 últimos años del régimen de Franco, fundamentalmente a la generación que dirigió el país hacia una democracia a partir de 1975. Este apoyo a Franco por parte de Administraciones estadounidenses sucesivas puede parecer una cosa del pasado, pero la España de hoy está embarcada en un gran redescubrimiento de su Guerra Civil y el periodo franquista (lo que se conoce como “memoria histórica”). La publicación de una plétora de libros con nuevo material ha resucitado el papel de Washington en la dictadura entre el público general. El antiamericanismo aún trasciende las ideologías políticas, si bien hoy en día procede principalmente de la izquierda. Esto quedó de manifiesto en una encuesta celebrada en 1997 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), una institución estatal. La encuesta no se ha repetido desde entonces, pero probablemente las opiniones hayan cambiado muy poco. En conjunto, el 54% de los encuestados afirmó que EEUU era democrático y el 30% que era autoritario. Desglosando estas opiniones según a qué partido político habían votado los encuestados por última vez, el 60% de quienes afirmaron que era democrático eran de derechas y el 41% de izquierdas. De quienes afirmaron que era autoritario, el 48% era de izquierdas y el 22% de derechas. Una división similar se observó en la pregunta acerca de si EEUU era un país solidario o egoísta. Tan sólo el 30% de los encuestados consideraba que era solidario, y el 40% de ellos eran de derechas y el 21% de izquierdas, mientras que del 44% que lo consideraba egoísta el 62% eran de izquierdas y el 25% de derechas. España, en general, se ha convertido en una sociedad muy solidaria en los últimos treinta años. Esto puede apreciarse en la respuesta, siempre generosa, de la población española a cualquier gran catástrofe natural internacional y en el hecho de que el país haya aceptado alrededor de 4 millones de inmigrantes en menos de diez años (haciendo que aumente su población en un 10%) sin, hasta la fecha, ningún problema de racismo realmente serio.
La oposición entre los distintos partidos a la guerra en Irak se vio subrayada por las manifestaciones en toda España a principios de 2003, cuando 8 millones de personas (aproximadamente uno de cada cinco españoles) manifestaron su protesta. La izquierda salió a la calle con un discurso antiimperialista, antiguerra y antiglobalización, mientras que la derecha se vio mucho más influenciada por la condena de la guerra realizada por el Papa Juan Pablo II. Si bien la Iglesia católica no es ni mucho menos tan poderosa en España como lo era durante el régimen de Franco, cuando se la recompensó con privilegios por respaldar su “Cruzada” durante la Guerra Civil, sobre todo en materia de educación y respaldo económico, sigue siendo aún muy influyente. Desde la Constitución de 1978, que consagró la democracia y reconoce y garantiza la libertad religiosa, España ha venido siendo un Estado aconfesional, más que un Estado verdaderamente laico al estilo francés. El catolicismo ya no es la religión “oficial”, pero la Iglesia sigue disfrutando de privilegios, especialmente en materia de educación, a pesar del brusquísimo descenso de la asistencia a la Iglesia y del número de curas (hoy en día aproximadamente una cuarta parte de lo que era hace cincuenta años) y el notable aumento del número de personas que profesan otra fe, sobre todo musulmanes, como resultado de la llegada de aproximadamente 750.000 inmigrantes del norte de África desde finales de la década de 1990.
La sociedad española ha cambiado enormemente en los últimos treinta años y a una velocidad mucho mayor que cualquier otro país, según distinguidos sociólogos como Emilio Lamo de Espinosa.(25) Tanto Europa como EEUU avanzan hacia valores posmaterialistas más liberales, pero a diferentes velocidades y con diferentes puntos de partida. Europa avanza a mucha más velocidad que EEUU y, dentro de la Europa católica, España, sobre todo, se ha convertido en uno de los países más liberales y tolerantes del mundo.(26) Asuntos como la pena de muerte en EEUU y la intolerancia con respecto a la homosexualidad y el aborto de los fundamentalistas forman ya parte del discurso antiamericano de España.(27) Las mujeres, cuyo papel ha cambiado de tal forma que resulta casi irreconocible, se muestran especialmente vociferantes en estos temas. En España acuden en la actualidad más mujeres que hombres a la universidad, el Gobierno actual tiene igual número de ministros que de ministras y la proporción de madres trabajadoras ha aumentado vertiginosamente.
Una victoria del PP en las próximas elecciones generales, que tendrán lugar en 2008, podría significar el retorno a una política exterior más atlantista aunque, dada la profunda oposición a la Guerra de Irak y el contratiempo electoral del PP en 2004 (en gran medida debido a su apoyo a la Guerra), un futuro Gobierno del PP no llegaría, probablemente, tan lejos como llegó el anterior, ante la eventualidad de nuevas aventuras militares. Con una mayor aproximación a EEUU, el PP estaba luchando por un estatus de “mayor protagonismo” de España, pero las encuestas de opinión apuntan a que la mayoría de los españoles no desean ir en esa dirección. Ello significa que, aunque haya un buen entendimiento entre los Gobiernos de España y de EEUU, en la medida en que éste entendimiento sea rechazado por la mayoría de los españoles, Madrid se hallará siempre en una posición de debilidad frente a Washington y no será, tras la brevedad de la última luna de miel, enteramente fiable.
(*) Ésta Documento de Trabajo fue proporcionado en una conferencia sobre el antiamericanismo en Europa en la Universidad de Princeton el 18 de noviembre de 2005. Forma parte de un libro sobre la materia que será publicado por Princeton University Press en 2006. Elcano y Ariel publicaron recientemente el libro de Chislett España y los EEUU: en busca del redescubrimiento mutuo.
1.- Utilizo el término “antiamericanismo” de una manera genérica y bastante abierta, a sabiendas de que tiene significados distintos para gentes distintas, donde pueden incluirse conceptos como “antiglobalización”, “antihegemomía/antiunilateralismo” de EEUU en el mundo e incluso la mera envidia del éxito de EEUU. En el caso de España, habría que distinguir entre el antiamericanismo conservador del régimen de Franco, que rechazaba los valores democráticos, de tolerancia y de libre mercado de EEUU, un antiamericanismo nacionalista al margen de las clases y de los partidos políticos, como resultado de los acuerdos de 1953, y el antiamericanismo de izquierda, proveniente del apoyo de EEUU a los dictadores de América Latina, de la Guerra de Vietnam y de otros elementos. Habría que hacer tal vez también una distinción entre “antiamericanismo” y “antiBushismo”.
2.- En un arranque de chovinismo, y como parte de la suscripción nacional de 1898 destinada a recaudar fondos para la guerra, se celebró en Madrid una corrida donde torearon dos famosos toreros, Guerrita y Luis Mazzantini. Cuando llegó el momento de saludar al presidente de la plaza, Guerrita se quitó la montera y dijo a los espectadores: “no quisiera mas que se me volviera un yanqui el toro” para poder atravesarle el corazón con el estoque. Mazzantini dijo: “que el importe integro de esta corrida se destine a dinamita para hacer saltar en mil pedazos a ese país de aventureros que se llama Norteamérica”.
3.- Véase el New York Times, citando un informe de la misión económica de EEUU (28/X/1951).
4.- Véase el New York Times (28/IX/1983).
5.- Véase “Franco’s Foreign Policy: From UN Outcast to US Partner “, en World Today (vol. 9, nº 12, diciembre de 1953).
6.- Véasela p. de Negotiating the US-Spanish Agreements, 1955-88, Jean Monnet/Robert Schuman Paper Series, vol. 3, nº 7, septiembre de 2003.
7.- Véase Wells Stabler, “The View from the Embassy”, Authoritarian Regimes in Transition, edit. por Hans Binnendijk, Centre for the Study of Foreign Affairs, US Department of State, 1987.
8.- Ibid.
9.- Véanse las pp. 167-68 de Men and Powers: A Political Retrospective, Helmut Schmidt, Random House, 1989.
10.- Véase Anne Applebaum, “In Search of Pro-Americanism”, Foreign Policy, julio/agosto de 2005.
11.- Dos excelentes explicaciones se encuentran en La vocación atlantista de España, de Emilio Lamo de Espinosa, Real Instituto Elcano, www.realinstitutoelcano.org/analisis/307.asp, y en Las relaciones económicas España-EEUU: ¿Qué importancia tienen los vaivenes Aznar-Zapatero?, de Paul Isbell, Real Instituto Elcano, www.realinstitutoelcano.org/analisis/663.asp.
12.- El ministro de Economía, Rodrigo Rato, dijo en una conferencia el 12 de enero de 2004 que España debería abandonar –y que ya había empezado a hacerlo– la larga práctica de servil imitación a Francia y a Alemania. El éxito económico de España durante la era Aznar –déficit cero, rebajas fiscales, 4 millones de nuevos empleos e integración en la zona euro– hizo posible que el país tuviera una voz más independiente. Rato pasó a ser director gerente del Fondo Monetario Internacional.
13.- En 2004, el PIB español (991.442 millones de dólares) superó al de Canadá (979.764 millones de dólares), según el Banco Mundial.
14.- En su libro Retratos y Perfiles (Planeta, 2005, pp. 265-274), Aznar dice que “España estuvo en las Azores porque no pudo participar en el desembarco de Normandía, que es donde deberíamos haber estado”. Oficialmente, España fue “no-beligerante” y después neutral en la II Guerra Mundial, pero Franco ayudó a Hitler y a Mussolini.
15.- Una voz discrepante en el Gobierno del PP, aunque no de forma pública, fue la de Rodrigo Rato, vicepresidente de Asuntos Económicos. Según el ex ministro de Defensa Federico Trillo, en una reunión del gabinete de crisis del Gobierno Aznar en vísperas de la guerra de Irak, Rato se opuso de forma contundente a la participación militar española y propuso como alternativa participar con ayuda humanitaria. Véase Memoria de entreguerras. Mis años en el Ministerio de Defensa, de Federico Trillo, Planeta, 2005.
16.- Véase el testimonio, mucho más ecuánime, de Robin Niblett, vicepresidente ejecutivo y miembro principal del Programa Europa, Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, ante la Comisión de Asuntos Exteriores, Subcomisión de Asuntos Europeos, el 31 de marzo de 2004 (http://foreign.senate.gov/testimony/2004/NiblettTestimony040331.pdf).
17.- Véase www.realinstitutoelcano.org/publicaciones/libros/seminario_usa.pdf. Cuando Kagan, considerado un neoconservador, presentó la versión española de su libro Poder y debilidad. Europa y EEUU en el Nuevo Orden Mundial en Madrid en 2003 fue abucheado y el acto casi tuvo que ser suspendido.
18.- El alcance global de la contribución española a la seguridad occidental mediante operaciones de mantenimiento de paz no se aprecia generalmente. España ha participado en 60 de estas operaciones y ha enviado más de 50.000 soldados al extranjero. En el momento de redactarse este documento, España tenía tropas en Bosnia, Afganistán, Haití, Indonesia y Kosovo. Según un informe del Pentágono para el Congreso estadounidense, España es el sexto país en la aportación de fuerzas navales en el exterior y el tercero en fuerzas de tierra.
19.- Véase “Madrid Seeks a National Consensus on Foreign Policy”, de Miguel Ángel Moratinos, European Affairs, otoño de 2004.
20.- Véase 23-Country Poll Finds Support for Dramatic Changes at UN, llevada a cabo para la BBC por Globescan y el Programa sobre Actitudes de Política Internacional (PIPA) de la Universidad de Maryland. La idea fue aceptada por una media del 64% y por un 78% en España, la cifra más alta después de Alemania (87%). Según el 2005 Global Issues Monitor de GlobeScan, el 36,1% de los encuestados en España estaban “fuertemente en desacuerdo” con la afirmación de que EEUU “ejerce una influencia esencialmente positiva en el mundo” Se trata del segundo porcentaje mayor en Europa después de Francia (39,2%).
21.- Las relaciones de España con Cuba han sido durante largo tiempo causa de discordia con las Administraciones de EEUU. Incluso el acérrimamente anticomunista General Franco mantuvo relaciones diplomáticas plenas con el país, al igual que relaciones comerciales. La Administración de Lyndon B. Johnson (1963-1969) fue particularmente crítica por las compras españolas de azúcar cubano. En mayo de 2005, el hermano de Castro, Raúl, “número dos” del régimen, fue calurosamente recibido en Galicia, donde nacieron sus padres, por Manuel Fraga, entonces presidente de la región y antiguo ministro de Información y Turismo con Franco.
22.- Véase los tres artículos sobre Cuba de Juan Jesús Aznárez en El País, 23-24-25/V/2005.
23.- A los españoles no se les olvida que el polémico campo de prisioneros estadounidense para supuestos terroristas en la Bahía de Guantánamo, en Cuba, fue territorio español cedido a EEUU al final de la Guerra Hispanoamericana de 1898.
24.- Un informe interno de EEUU, elaborado en 1956, declaraba como propósito del Programa “hacer que los españoles confiaran en la capacidad de EEUU para liderar y defender al mundo de la amenaza comunista, a través de un mayor conocimiento de su historia, cultura, economía y técnicas científicas”.
25.- Véase Una Diferencia que Marca la Diferencia? Valores y Cultura en Europa y los EEUU, por Emilio Lamo de Espinosa, Real Instituto Elcano, www.realinstitutoelcano.org/documentos/190.asp. El autor cuenta que cuando se trasladó de la España franquista a la Universidad de California en 1970 pasó “de la Contrarreforma a la Contracultura, de Trento a Marcuse y el movimiento hippy. No era un viaje en el espacio sino casi un viaje en el tiempo: del pasado al futuro. Hoy en día esto es completamente distinto y España es uno de los países más liberales y tolerantes de Europa y del mundo”.
26.- En 2005 España se convirtió en el cuarto país del mundo, tras Bélgica, Países Bajos y Canadá, en permitir que parejas del mismo sexo se casaran y adoptaran niños.
27.- Los condenados a muerte durante el régimen franquista bien fueron ajusticiados por el cruel método del “garrote vil” (una abrazadera de metal que rodeaba el cuello del reo y que iba apretándose hasta el estrangulamiento), bien fusilados.
Al final, y de forma fortuita, las negociaciones no habían terminado aun cuando Franco murió, el 20 de noviembre de 1975 (y EEUU, al contrario que Europa, envió una representación de muy alto rango –el vicepresidente Nelson Rockefeller– tanto al funeral de Franco como a la proclamación de Juan Carlos I como rey). La prolongación de las conversaciones dio una oportunidad a Washington de apoyar, aunque tímidamente, el establecimiento de la democracia. A principios de 1976, José María de Areilza, ministro de Asuntos Exteriores, logró convencer a Kissinger de la necesidad de aprovechar el nuevo acuerdo sobre las bases para dar una señal decidida de apoyo al Rey Juan Carlos y a las fuerzas políticas emergentes. El pacto, basado en sucesivos acuerdos ejecutivos (lo que significaba que no tuviera que ser aprobado por el Senado de EEUU), fue elevado a la forma, más digna, de tratado. También se acordó la retirada de Rota de los submarinos nucleares Poseidón a consecuencia del incidente de Palomares de 1966.
El primer Gobierno posfranquista respaldó la entrada en la OTAN, para gran satisfacción de Washington, que durante largo tiempo había presionado en tal sentido; ...
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