regular la prostitució, erradicar l’esclavatge

El drama de Jennifer, una joven nigeriana, llegada a Catalunya en 2005 cuando todavía era menor, obligada a ejercer la prostitución en las calles de Barcelona desembocó en tragedia: el asesinato de su padre a tiros en una carretera del país africano del que procedían. Esa fue la respuesta del grupo criminal que la coaccionaba después de que, tras tres años lejos de las garras de sus captores, los mismos que la trajeron de Nigeria la volvieran a encontrar en la peluquería en la que trabajaba. Es la pesadilla de una de las muchas jóvenes nigerianas que llegan a España creyendo haber conseguido un empleo pero que caen en la órbita de una banda criminal que las obliga a prostituirse. La policía ha detenido a las dos personas que la captaron en 2005 y que ahora, al reencontrarla, habían renovado - y parece que cumplido- sus amenazas.

Jennifer se encuentra ahora refugiada en un piso de acogida bajo un estrecho seguimiento psicológico forzado por la actitud depresiva desarrollada por la joven después de conocer la muerte de su padre y de saber que en su país numerosos parientes la culpan del asesinato. Fuentes de la Policía Nacional evitaron ayer por motivos de seguridad dar datos acerca de la ubicación del piso de acogida, la última estación de un largo y penoso trayecto hecho por la joven desde que en 2005, siendo menor de edad, llegó a Barcelona.

Procedente de Lagos, vía Londres, llegó a Reus aquel año. Una vez en territorio español, los dos compatriotas suyos recientemente detenidos por la Policía Nacional, la mujer Magdeline J., de 33 años, y Félix O., de 48 años, se encargaron de reventar su sueño de una vida mejor en Europa. Debía prostituirse y entregar todo el dinero hasta alcanzar los 50.000 euros que supuestamente habían supuesto los gastos del viaje. La desnudaron. Le hicieron fotos y le robaron pelo. Todo ello para llevar a cabo supuestos conjuros de vudú. Siendo menor de edad fue forzada a la prostitución. Eso duró hasta la primera vez que se enfrentó a una de las periódicas redadas de extranjería que la Policía Nacional lleva a cabo en locales de alterne y zonas de comercio sexual. En cuanto tuvo un agente de la ley a su alcance, denunció la situación que vivía. Fue la única del grupo. La dirección general de Atenció a la Infància i l´Adolescència se hizo cargo de ella y la policía detuvo por primera vez a Magdeline y a Félix.

Lejos de sus opresores, se hizo mayor de edad y consiguió un contrato en una peluquería. Estaba allí trabajando cuando Magdeline y Félix aparecieron tres años después. Si no volvía, su padre sería asesinado. Y lo fue.

26-IX-08, E. Figueredo, lavanguardia