

Son muchos los narcoburócratas que se han visto obligados a dimitir por sus corruptelas, grandes y pequeñas, pero se podrían contar con los dedos de una mano los que han tenido la decencia de dimitir por sus patentes fracasos, algo que no es de extrañar porque el concepto de responsabilidad política no existe entre los trabajadores del gremio. Los antecedentes del caso que ha motivado este post son numerosos. En 2001, la ONDCP acusó a los usuarios estadounidenses de financiar el 11-S (sigan la pista del ISI paquistaní, señores, y déjense de chorradas); John Walters, zar antidroga de EE UU, aplicó recientemente el mismo sofisma a la narcoguerra civil mexicana; Joaquín Villalobos, tonto útil a sueldo del pensamiento único, deliraba sin drogas en uno de los artículos más bochornosos jamás publicados por El País. Por último, los dirigentes del narcoestado colombiano gustan de señalar con el dedo a los consumidores europeos ("Tenemos que decirles a los europeos que esa raya de coca que esnifan está manchada con sangre") por los problemas derivados de su abyección al diktat estadounidense sobre políticas de drogas. ¿Quién da más en esta ceremonia de la confusión?
Sorprende que aún quede una sola persona inteligente que se trague estas memeces y que las suscriba sin más, como es el caso de Ignacio Escolar, director de Público, que ha avalado un post publicado en La Fragua sin aportar el menor argumento, y sorprende también el silencio de Toño Fraguas, autor del post, ante el debate que ha surgido en su blog.
"El brutal capitán Nascimiento se equivoca en muchas cosas, pero no esa apreciación: esa 'chinita' de costo, esa rayita o pastillita que cae en fiestas de modernitos que van de izquierdistas financia el sufrimiento de miles personas. Ese dinero engrasa la inmensa máquina de tráfico de mujeres, armas, niños... y no sólo en las favelas de Río.
El brutal hijo de puta que es el capitán Nascimento se equivoca en todo, y también se equivocan quienes, siguiendo sus pasos, pretenden eludir sus responsabilidades echándolas sobre las espaldas de los consumidores, víctimas de la locura prohibicionista y verdugos de nadie. Los usuarios, ricos o pobres, izquierdistas o derechistas, modernitos o carcas, concienciados o apolíticos, ya tenemos de sobra con la estigmatización y la persecución a las que estamos sometidos como para hacer de putas y pagar la cama, así que va siendo hora de que los verdaderos responsables de este sindiós se busquen otras excusas para su fracaso.
Por otra parte, cualquier consumidor que tenga un mínimo de decencia no podrá por menos que asumir plenamente sus responsabilidades por cualquier daño que pueda causar bajo los efectos de las drogas, desoyendo los cantos de sirena de quienes nos invitan a declararnos víctimas inocentes de una sustancia maligna. Libertad y responsabilidad van inextricablemente unidas, y si cedemos a la tentación de eludir la segunda, nos quedaremos irremediablemente sin la primera.
Todas las imágenes por cortesía de danostamper714, menos la de John Walters (Common Sense for Drug Policy).
31-VII-08, www.fac.cc