Siria, el vecino (3)

Siria, el vecino (3)
LV, 23-X-2004.

Siria es un pequeño país, aproximadamente del tamaño del estado de Oklahoma, de 185.000 kilómetros cuadrados, de los que más de la mitad son desierto. Aproximadamente 1.000 kilómetros cuadrados, los altos del Golán, han sido ocupados ilegalmente por Israel desde la guerra de 1967, de modo que el país sólo posee de hecho el tamaño del estado de Indiana. Siria tiene una población de unos 15 millones de habitantes, similar a la de la ciudad de Nueva York. Comparada con sus vecinos, Israel y Turquía, no posee un ejército de importancia. A diferencia de su vecino Iraq, posee un escaso potencial energético o industrial. Sin embargo, el país se halla situado en un emplazamiento estratégico: linda con Turquía por el norte y con Iraq por el este. Siria, situada como a caballo de Líbano -su salida natural al mar-, es el vecino árabe más importante de Israel.

Como el resto de países árabes de Oriente Medio, Siria surgió del hundimiento del imperio otomano al término de la Primera Guerra Mundial. Gran Bretaña consintió en que este país tuviera un gobierno independiente al mando del líder de la rebelión árabe, el rey Faisal, prometiendo al mismo tiempo al gobierno francés que Francia obtendría Siria como su porción correspondiente en el marco del acuerdo de paz. Cuando el gobierno sirio intentó resistirse, los franceses invadieron el país en julio de 1920, derribaron el gobierno y dividieron el país en cinco áreas autónomas bajo mandato francés. Los franceses engrandecieron asimismo una pequeña región cristiana drusa, que pasaría a ser el nuevo Estado libanés. La situación resultante fue una crónica inestabilidad en Líbano, entonces de mayoría musulmana, y periódicas revueltas en Siria, hasta que los franceses fueron expulsados durante la Segunda Guerra Mundial.

Fracasados los esfuerzos franceses para reemplazar la cultura árabe por la francesa, la cuestión es que los años de la ocupación francesa dejaron en herencia un confuso legado político. Tras acceder a la independencia en 1944, Siria no alcanzó tampoco la estabilidad interna. Los gobiernos se sucedían uno tras otro bajo el efecto de golpes de Estado, algunos de ellos concebidos por la CIA estadounidense y el MI-6 británico, hasta que en 1970 tomó el poder un antiguo piloto de la fuerza áerea llamado Hafez El Assad.

El general Hafez El Assad constituía una anomalía en los asuntos árabes. Nacido en el seno de la minoría religiosa alauí, con influencias del cristianismo sirio y el politeísmo preislámico, ingresó siendo estudiante en el partido Baas, fundado por el pensador cristiano socialista de formación francesa Michel Aflaq. Bajo la inf luencia de Aflaq, el Baas congregó elementos nacionalistas en Siria e Iraq y trató de constituir una unión con Egipto bajo el mandato del presidente Gamal Abdel Nasser. La unión no sólo fracasó, sino que los movimientos de inspiración baasista en Iraq y Siria se escindieron tan violentamente como había sucedido con los comunistas rusos bajo Stalin y Trotsky. La fractura fue tan honda que Siria apoyó a Irán en la guerra entre Irán e Iraq (1980-1990), clausuró el oleoducto del que la economía iraquí dependía en gran medida y envió a más de 20.000 soldados sirios a respaldar la liberación de Kuwait encabezada por Estados Unidos en 1991.

En el ámbito interno, el régimen de Assad fue dictatorial y represivo. Pero, al igual que el régimen baasista en Iraq, era un régimen laico. Los cristianos sirios y los misioneros extranjeros señalaron que era el país árabe más tolerante; merece resaltarse que cristianos y musulmanes concurren a la par y sin trabas incluso en los lugares de peregrinación, de forma que cada cual, en la más pura tradición musulmana, es libre de manifestar su fe. Cuando los fundamentalistas islámicos, bajo el liderazgo de la Hermandad Musulmana, trataron de rebelarse en 1982, el régimen de Assad los reprimió brutalmente, asesinando miles de ellos y destruyendo prácticamente la ciudad de Hama, donde residían. Los derechos civiles no fueron pisoteados tan bruralmente como en Iraq, pero el historial sirio ofrece rasgos indudablemente negativos.

Siria es un país pobre de rica historia. El orgullo de su pasado se ve contrarrestado por las decepciones sufridas en la actualidad. Tras beneficiarse de unos reducidos hallazgos de petróleo y el mejor aprovechamiento de los recursos hídricos del Éufrates y el Orantes, la economía se ha estancado en época reciente. Siria obtuvo el importante apoyo -sobre todo en el plano militar- de la Unión Soviética y, cuando esta fuente se agostó, de China; no obstante, poco puede hacer cualquier régimen para alterar el hecho de que Siria es, fundamentalmente, una economía agraria en un marco principalmente desértico.

Las mayores dificultades y tropiezos se producen en el ámbito regional. Siria siempre se ha visto involucrada en los asuntos de Líbano. Bajo el mandato francés, los dos países compartían en mayor o menor grado su sistema económico, aunque mientras Líbano se veía favorecido, Siria se ahogaba. Cuatro quintas partes del Líbano actual acostumbraron a ser sirias y Líbano es la salida natural al mar de Siria. Ningún gobierno sirio podría en ningún caso mostrarse indiferente a los acontecimientos de Líbano. Y casi siempre una u otra facción libanesa trataba de involucrar a Siria y congraciársela como aliado. Drusos, suníes y chiíes musulmanes; católicos, ortodoxos y protestantes se hallan casi constantemente enfrentados, y Líbano es asimismo el hogar de aproximadamente medio millón de refugiados palestinos cada vez más radicalizados y politizados. Israel y Siria han metido las manos con frecuencia en tal inestable mezcolanza.

En el año 1982, Israel envió 60.000 soldados a Líbano a las órdenes de Ariel Sharon para respaldar a las milicias cristianas, que asesinaron a más de un millar de palestinos en campamentos de refugiados. Entre tanto, Siria ocupó una amplia porción de Líbano desde 1976 y actualmente, infringiendo una resolución de las Naciones Unidas, mantiene alrededor de 20.000 soldados estacionados en el valle libanés de la Beqaa, a mitad de camino entre Damasco y Beirut, según un acuerdo del año 1991.

Las relaciones de Siria con Líbano son estables, pero las que mantiene con Israel se hallan en crisis. Siria fue uno de los países a los que huyeron los refugiados palestinos en 1948-1949 y alrededor de medio millón de ellos vive en este país. Muchos de ellos, influenciados por la creciente cólera palestina, han participado en actividades de grupos de la resistencia y terroristas, con ocasional apoyo y permisividad del Gobierno sirio, pues éste a su vez abriga motivos de queja contra Israel. En consecuencia, aun cuando Siria no tolera en su suelo las actividades de los fundamentalistas islámicos, como las de Al Qaeda de Ossama Bin Laden, da refugio a grupos contrarios a Israel como Hezbollah, la Yihad Islámica y Hamas. Con aprobación del Gobierno norteamericano, la fuerza aérea israelí atacó la que dijo ser una base palestina de entrenamiento cerca de Damasco el 5 de octubre del 2003, después de que una joven abogada palestina se hiciera estallar por los aires y los agentes israelíes asesinaran a uno de los líderes de Hamas el 25 de septiembre en Damasco.

Aun cuando la prensa internacional se centra principalmente en los acontecimientos y las declaraciones, la cuestión esencial a ojos de Ariel Sharon y de sus defensores neoconservadores norteamericanos reside en la propia existencia de un régimen árabe nacionalista en Siria, pues ambos consideran que no cabe esperar poder aplastar la intifada mientras Siria siga apoyando la resistencia.

En la situación inmediatamente resultante de la invasión de Iraq, cuando las fuerzas norteamericanas habían matado a un cierto número de civiles sirios y agentes de patrullas fronterizas en la localidad fronteriza y paso de caravanas sirio-iraquí de Al Qaim, pareció por un momento como si los combates fueran a degenerar en una escalada y subsiguiente invasión de Siria. Posteriormente, el secretario de Estado norteamericano Colin Powell mitigó las críticas norteamericanas hacia Siria, pero, bajo la presión de los defensores norteamericanos de Israel, el Congreso aprobó y el presidente Bush firmó la Syrian Accountability Act (ley de responsabilidad de Siria) en diciembre de 2003, texto legal que aboga por la imposición de sanciones económicas a Siria. Es irónico que mientras se adoptaban iniciativas tendentes a debilitar o sustituir el régimen sirio, distintos servicios de inteligencia estadounidenses colaboraban estrechamente con sus homólogos sirios para contrarrestar el terrorismo internacional. Siria entregó cientos de expedientes sobre actividades terroristas que las autoridades estadounidenses juzgaron de valor incalculable.

Actualmente se han reanudado los combates. En abril del 2004, numerosos civiles iraquíes o sirios (allí está mezclada la población) resultaron muertos en combates con las tropas norteamericanas.

Algunos observadores se preguntan: "¿Será Siria la próxima?". Existen numerosos precedentes. El mejor concebido se reveló hace un año. El presidente Dwight Einsenhower y el primer ministro Macmillan aprobaron en 1957 un plan conjunto CIA-MI6 para provocar incidentes en territorio sirio y simular un falso episodio fronterizo como pretexto para invadir el país, tras lo cual los líderes del gobierno sirio serían "eliminados" (1). ¿Se repetirá la historia? Los consejeros neoconservadores del presidente Bush confían en que así sea y, en este sentido, han apremiado a los israelíes a realizar incursiones aéreas contra Siria.

(1) El golpe fue planeado por el director adjunto de la CIA para Oriente Medio, Kermit Roosevelt, pero no se llevó a cabo porque los gobiernos cuya participación se había solicitado, los de Jordania e Iraq, rehusaron. Los documentos relativos al plan fueron publicados por ´The Guardian´el 27 de septiembre del 2003.