Irán en el "eje del mal" (4)

Irán en el "eje del mal" (4)
LV, 24-X-2004.


En los dos primeros artículos de esta serie me referí a las guerras que se libran de hecho en suelo iraquí y palestino y, a continuación, puse de relieve cómo Siria encaja en un esquemaq ue está aflorando en la actualidad. Ahora me propongo hablar de Irán y de la posibilidad de que la guerra se extienda a este país.

Para situar los acontecimientos de Irán en su contexto, es menester mencionar dos series de iniciativas de las que hemos sido testigos. En primer lugar, Estados Unidos se ha visto complicado durante largo tiempo en los asuntos de Irán. Su intervención más notable fue el derrocamiento del gobierno electo y relativamente democrático de Mohamed Mossadeq hace 50 años. La administración Eisenhower, irritada porque Mossadeq había nacionalizado el petróleo iraní, y temiendo que su gobierno pudiera caer bajo la influencia soviética, autorizó a la CIA a derribarlo. El golpe se llevó a cabo (1), el sha fue repuesto en el trono y posteriormente el gobierno estadounidense proveyó al país de abundantes recursos e inversiones, adiestró sus fuerzas armadas y creó su fuerza aérea. Los resultados fueron espectaculares desde el punto de vista económico: Irán pudo exhibir la tasa de crecimiento más alta del mundo.

Pero, desde el punto de vista político, el pueblo iraní creció para comprobar con sus propios ojos la represión ejercida por el gobierno del sha.

La administración Kennedy apremió -de forma breve y tibia- al sha a dar paso a un mayor grado de participación ciudadana; no obstante, mientras crecían su riqueza (los ingresos procedentes del petróleo aumentaron de 1.000 millones de dólares a 17.000 millones de dólares de 1970 a 1974) y su poder a ojos vista (contó con las fuerzas armadas mejor equipadas de Oriente Medio), el sha rechazó el consejo (2). Orgulloso de sus logros y ciego a las amenazas ya evidentes, siguió comprando el que resultó ser material bélico irrelevante al paso que su base política se tornaba más precaria. Como era de prever, tiró por la borda la lealtad que le profesaba una parte considerable de su pueblo y fue derrocado en 1979 por los mismos iraníes que había despreciado en grado sumo -el estamento clerical-, a los que había calificado como "esos mulás que no se lavan", en tanto que su poderoso ejército y su temida policía política observaban impotentes el espectáculo.

Las iras reprimidas fueron capitalizadas por fundamentalistas estrechos de miras y de credo arcaico, sucediéndose el derramamiento de sangre no sólo entre los defensores del antiguo régimen sino también entre sus críticos laicos. Todo cuanto guardaba relación con la modernización, incluso todo aquello que constituía un legado del pasado persa no islámico debía ser eliminado de inmediato y de forma radical de la sociedad "renacida". Esta sociedad fue así objeto de una reconfiguración desde su raíz a fin de adecuarla al chiismo, esa singular orientación en el seno del islam que en su día reemplazó a la antigua religión mistérica persa, el zoroastrismo.

Ampliamente popular entre las clases pobres y sin formación, el chiismo devino la ideología del nuevo Irán con sus clérigos,el establishment dirigente. Tal fue la segunda serie de acontecimientos que dio paso al período más reciente del país. Desde una perspectiva occidental o incluso iraní "moderna", el régimen clerical que gobierna el país puede ser sin duda objeto de numerosas críticas.Yde hecho, como temieron sus exponentes más conservadores, se ha visto corrompido por el poder y la riqueza. Es represor y brutal. Muchos iraníes, en especial la juventud y la población urbana, desearían que cambiara o fuera reemplazado por otra clase de régimen. Es el mismo régimen que el presidente Bush incluyó en su discurso del mes de enero del 2002 sobre el "eje del mal". Aunque la frase fue suya, en realidad la aspiración a provocar un "cambio de régimen" en Irán ya había sido dada a conocer por los neoconservadores años antes.

Según lo antedicho, podemos preguntarnos: ¿cuál es el grado de vulnerabilidad del régimen iraní?, ¿por qué ocupa un lugar tan destacado en la lista de enemigos de la Administración Bush? ¿qué puede ocurrir verosímilmente? Voy a intentar responder a estas preguntas. Quienes aspiran a un "cambio de régimen" en Irán se enfrentan en este caso a un oponente mucho más formidable que en el caso de Iraq. Irán posee una población aproximadamente cuatro veces mayor que la de Iraq. Sus dirigentes, como sucede con los fundamentalistas de otras confesiones religiosas, están absolutamente convencidos de que su autoridad es de origen divino. Les confirma en tal creencia la adhesión de sus homólogos en el seno del establishment clerical, actualmente más de cien mil, que actúan en todas las aldeas, localidades y barrios de Irán. Esta omnipresente red de clérigos, que mantiene estrechos lazos con empresarios y comerciantes, se ha apoyado en el fervor popular para constituir un régimen poderoso y hondamente arraigado. A diferencia de la mayoría de los regímenes de Oriente Medio, no se reduce únicamente a un restringido círculo de partidarios congregado en torno a un líder militar. Además, sus fuerzas armadas están dotadas y adiestradas precisamente para enfrentarse a lo que Estados Unidos no ha podido derrotar en Iraq, unas fuerzas guerrilleras.

El régimen iraní empezó a crearse enemigos en Occidente al permitir que su juventud radical ocupara la sede de la embajada norteamericana en 1979 tomando a su personal como rehén, respaldando a continuación a los grupos y movimientos terroristas antiisraelíes y antinorteamericanos activos entre sus homólogos chiíes en Líbano. Algunos estrategas temen precisamente que se valgan de su influencia cerca de los chiíes iraquíes -una mayoría en Iraq- a fin de convertir a este último país en una base antioccidental.

Y, por último, tanto israelíes como norteamericanos temen que Irán -país dotado de una elite inteligente y formada- se sume en breve al "club nuclear".

En tales circunstancias, los iraníes se ven crecientemente embargados por un sentimiento de aprensión -con razón- tras haber sido señalados como factor básico del "eje del mal", haber presenciado la demostración del poderío militar norteamericano en sus países vecinos, Iraq y Afganistán, y naturalmente, conocido las declaraciones públicas de los asesores neoconservadores del presidente Bush. Aun cuando las pasen por alto, saben que destacados responsables políticos de Israel -que posee de 400 a 600 armas nucleares además de una completa panoplia de armas químicas y biológicas, cohetes y cazabombarderos capaces de alcanzar Irán- han amenazado abiertamente con atacar a este país. Dada la existencia de esta amenaza y la declaración del presidente Bush, "si los iraníes no hubieran intentado fabricar armamentos nuclear, estarían locos", como dijo un profesor de la Universidad Hebrea de Israel (3).

En respuesta a las críticas por su programa de combustible nuclear enriquecido, Irán ha señalado -como India- que cualquier Estado posee idéntico "derecho" que otro a la posesión de armamento nuclear. Su postura se vio reforzada el 22 de septiembre cuando los ministros de Asuntos Exteriores de Brasil, Egipto, Irlanda, Mexico, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Suecia señalaron que "el Tratado de No Proliferación no puede aplicarse a la carta (...) El año 2000, las potencias nucleares se comprometieron inequívocamente a eliminar sus arsenales nucleares (pero) se ha avanzado escasamente en este terreno". (4)

Si bien es cierto que Irán se halla en camino de fabricar armamento nuclear, ello obedece a su búsqueda de seguridad frente a países que considera una amenaza: Pakistán, India, China, Corea del Norte e Israel hacen lo propio. Armarse es peligroso, pero una vez conseguidas las armas, las potencias nucleares ya existentes aceptaron la situación de facto. Actualmente, Irán atraviesa un periodo peligroso caracterizado por el mencionado esfuerzo por hacerse con tales armas, programa que otros países y en especial la Administración Bush se proponen atajar. Como ha declarado el vicesecretario de Estado estadounidense, John Bolton, "estamos resueltos a impedir que alcancen la capacidad de poseer armamento nuclear". Con sus propias fuerzas menguadas, Estados Unidos anunció recientemente la entrega de 500 bombas antibúnker de una tonelada de peso -cuyo único objetivo identificado es Irán- y 102 cazabombarderos F-16 de largo alcance capaces de transportarlas (5). Probablemente la Administración Bush confía en que estas iniciativas sean susceptibles de disuadir a las autoridades iraníes, pero es más probable que inciten a los iraníes a darse prisa para fabricar el armamento nuclear, actitud que parece constituir realmente su respuesta. De hecho, fue la respuesta dada por todas las potencias nucleares desde la Unión Soviética hasta el momento presente.

Una era peligrosa se cierne sobre nosotros. La Agencia Internacional de la Energía Atómica fijó la fecha límite del 25 de noviembre para que Irán detenga su programa de enriquecimiento de combustible nuclear. Todo el mundo se pregunta qué harán Estados Unidos e Israel en caso de que Irán no pueda demostrar que no fabrica el armamento. Pero, si uno de los dos ataca, la respuesta de Irán consistirá probablemente en disparar su reducido número de misiles Shibab 3, que pueden alcanzar a Israel, cargados tal vez de armamento químico o biológico, y apremiar a su protegido Hezbollah, con base en Líbano, a que ataque a Israel con unos cuantos miles de cohetes de corto alcance que dice poseer.

Esta secuencia de acontecimientos provocaría indudablemente un ataque israelí también contra Líbano, y tal vez contra Siria, sumiendo posiblemente a todo Oriente Medio en la guerra. Como observó el Financial Times (6), "lo que los asesores neoconservadores del presidente Bush prevén como una lucha generacional contra el mundo islámico podría empezar o acabar con el régimen de Teherán".