Corea del Norte, el "eje del mal" oriental (5)

Corea del Norte, el "eje del mal" oriental (5)
LV, 25-X-2004.

En mi artículo anterior hablé de un país animado por un decidido propósito de hacerse con armamento nuclear, Irán. Ahora me referiré a otro país que, según los indicios de que disponemos, se ha hecho con este armamento, Corea del Norte. Pero, ¿cómo ha llegado a este punto?, ¿qué harán otras potencias al respecto? y ¿qué puede esperarse en lo sucesivo? Trataré de responder a estas preguntas y comenzaré por aludir a la evolución reciente de Corea del Norte. Durante la mayor parte de su historia, Corea, más que ser protagonista de su destino, fue un país condicionado por un cúmulo de circunstancias.

A lo largo de siglos, China fue en todo momento su maestro y, en ocasiones, su dueño. De China tomó prestado el confucianismo, su noción de la ley y el derecho, sus cánones artísticos y su método de escritura. Siempre luchó por su propio ser, pero casi siempre se vio abrumada por la sombra de sus vecinos. La primera arma de destrucción masiva -el arma de fuego- fue introducida en China y Japón a principios del siglo XVI. Japón, que la perfeccionó, llevó a cabo la primera invasión con armas de fuego en 1592. Corea fue la víctima, en cuyo territorio al poco tiempo Japón ya mantenía casi 300.000 soldados, todos ellos dotados de armas de fuego frente a los coreanos, que sólo disponían de arcos y flechas. Japón desistió de las armas de fuego y abandonó suelo coreano al comprobar que su armamento de destrucción masiva estaba minando su propia sociedad. Sin embargo, Japón, alertado por los comerciantes y soldados occidentales en el siglo XIX, regresó a Corea en el siglo XX, mejor armado y organizado y en posesión de métodos más contundentes, de forma que Corea se convirtió en la primera colonia de Japón. Cuando Japón fue derrotado en la II Guerra Mundial, los ejércitos de Rusia y EE.UU. confluyeron en el paralelo 38. En un principio estaban dispuestos a aceptar la rendición de los soldados japoneses, pero cuando empezó la guerra fría convirtieron Corea en una base fronteriza. Hacia 1947, las bases cristalizaban en forma de países: los norteamericanos fijaron su parte con Seúl como capital e importaron a un antiguo emigrante, Syngman Rhee, que no había estado en Corea desde 1912, para hacer de él su protegido mientras los rusos entronizaban al antiguo líder guerrillero Kim Il Sung en el norte, con Pyongyang como capital.

El 15 de agosto de 1948 fue proclamada la República de Corea en el sur y el 9 de septiembre la República Popular Democrática -que reclamaba toda la península- fue proclamada en el norte. Aunque la Asamblea General de la ONU(en la que la URSS no poseía derecho de veto) reconoció al gobierno surcoreano como único gobierno legítimo de la península coreana, la escisión era una realidad. En 1949, EE.UU. retiró sus fuerzas de ocupación, iniciativa que Kim Il Sung interpretó en el sentido de que a EE.UU. no le interesaba Corea. Como Saddam Hussein cuarenta años después, no supo interpretar los propósitos de EE.UU. y en 1950 lanzó un ataque contra el sur.

En cuestión de tres meses, Corea del Norte había conquistado toda la península salvo un pequeño enclave alrededor de Pusan. Cuando llegaron las fuerzas norteamericanas, contraatacaron y alcanzaron la frontera fluvial con China, el río Yalu. Las tropas chinas se sumaron a la refriega y pilotos rusos con indumentaria china contraatacaron enfrentándose a los bombarderos norteamericanos.

Una tras otra, las ciudades fueron arrasadas y hubo tres millones de muertos, incluidos 54.000 soldados norteamericanos. Al fin, se produjo el armisticio el 26 de julio de 1953; no obstante, la guerra convencional se vio reemplazada por el espionaje y las hostilidades encubiertas en los años sesenta. En el curso de un enfrentamiento especialmente peligroso, en 1968 Corea del Norte capturó un navío de inteligencia de la marina estadounidense frente a sus costas y derribó un avión de vigilancia.

Entre tanto, las dos Coreas iban evolucionando cada una por separado. El sur se convirtió en una importante potencia industrial mientras el norte, tras un impulso inicial de crecimiento económico merced a la ayuda de China y Rusia, se quedó atrás. Y, si por una parte el régimen del sur apenas podía calificarse de democrático, por otra parte el del norte se convertía en uno de los más tiránicos del mundo. El gobernante del norte, Kim Il Sung, sintiéndose olvidado por sus protectores ruso y chino e irritado contra los norteamericanos por considerarles usurpadores de la unidad de Corea (con él incluido como su gobernante), había desencadenado una campaña de implantación de la juche -compleja noción basada en la autoafirmación, de rasgos filosóficos, políticos y antropológicos- en la sociedad. Puso un énfasis especial en el poderío militar, organizando un ejército de un millón de soldados, y empezó a hacer pruebas con el factor que la mayoría de países del mundo consideran el elemento definitivo a la hora de garantizar la propia seguridad: el arma nuclear y los cohetes para lanzarla. Mientras jugaba al ratón y al gato con las alarmadas potencias occidentales, accedió a que se inspeccionaran sus instalaciones a cambio de concesiones por parte de EE.UU. y Corea del Sur.

Da la impresión de que Kim Il Sung pretendía emplear la eventualidad de las inspecciones como herramienta para que EE.UU. se aviniera a profesarle una actitud de respeto en calidad de destacado dirigente mundial y de consideración hacia Corea del Norte como potencia mundial. A inicios de los años noventa se dijo que Kim Il Sung había dejado la responsabilidad de la administración del Estado en manos de su hijo, Kim Jong Il, entonces de 51 años. Fue una época difícil para los norcoreanos porque la antigua URSS ya no estaba dispuesta a ayudarles e incluso China -que había sustituido a la anterior como principal socio comercial- se veía atraida por las ventajas de hacer negocios con Corea del Sur. Corea del Sur -así debieron acordarlo los dos Kim- seguía siendo un peligro para su régimen. Se debieron asustar especialmente -si se enteraron, como así probablemente sucedió- ante la iniciativa de Corea del Sur de realizar ensayos de enriquecimiento de plutonio y uranio, lo que daba pie para que Corea del Norte se propusiera hacerse con armamento nuclear.

Se cree que para 1991 Kim Il Sung ya había fabricado al menos una bomba nuclear. Actualmente puede poseer varias y, gracias a sus programas de enriquecimiento de combustible, podría fabricar una docena más. Tales programas, de los que apenas se sabe nada, demuestran a las claras que una tiranía puede exprimir a un pueblo espantosamente depauperado con tal de fabricar armamento nuclear. Corea constituye, en consecuencia, una lección para el mundo: sin un serio propósito de atajar la proliferación de amamento nuclear, lo diseminarán ampliamente, dado que numerosos países del mundo disponen de muchos más recursos que Corea del Norte en el ámbito industrial y científico. Corea del Sur y Japón poseen la experiencia, estructura industrial y capacidad energética para lanzarse a la fabricación de armamento nuclear si así lo deciden. Por cierto, ¿se halla en esta vía Taiwán, temerosa de China? ¿Qué sucederá en el futuro?

El presidente Bush dijo en marzo del 2004 que EE.UU. "no toleraría" una Corea del Norte armada nuclearmente. Desde entonces ha retrocedido ligeramente con respecto a esta postura belicosa. Como detectan con claridad los especialistas en materia de inteligencia, una invasión al estilo de Iraq sería, en este caso, catastrófica: aparte del grado de capacidad nuclear que posea, Corea del Norte tiene unas fuerzas armadas bien organizadas, altamente disciplinadas y bien equipadas, en un grado muy superior al iraquí. Su orografía le permite -como EE.UU. descubrió en los años cincuenta- ofrecer elevada resistencia. Se guarda, además, un triunfo en la manga: su poder de tiro alcanza a Seúl en su radio de acción y podría arrasar por completo, llegado el caso, la estructura económica de Corea.

No obstante, el realismo no mantuvo a EE.UU. alejado de Iraq y es posible que lo propio ocurra con Corea del Norte. Aun cuando se sucedan los intentos -como ha anunciado Bush- de convencer a Kim Jong Il de que "una decisión de construir un arsenal nuclear le enemistará con la comunidad internacional", resulta improbable que Kim se avenga a admitirlo. El hecho de que la opción bélica sigue considerándose viene dado por el anuncio -al que se ha prestado escasa atención- de que la Administración Bush ha ordenado la ejecución de maniobras navales frente a las costas de Corea del Norte a finales de octubre. Los norcoreanos considerarán esta iniciativa como una provocación. Si responden a ellas, el efecto sobre las elecciones presidenciales norteamericanas será posiblemente determinante. Podría constituir una nueva proyección -esta vez en la vida real- de la película de Barry Levinson Cortina de humo,con Dustin Hoffman y Robert De Niro. Y aunque no tenga lugar, pero si Bush gana su reelección, la amenaza de una nueva guerra de Corea seguirá siendo un peligro patente y completamente actual.