´Ormuz, crisis iraní´, Valentín Popescu

La amenaza iraní de cortar el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz (golfo Pérsico) es más onírica que real porque equivaldría a una declaración de guerra a Estados Unidos, cuya flota en la zona es infinitamente superior a la Armada de Teherán. Pero así y todo, la amenaza ha servido para dos cosas: para una subida momentánea del precio del petróleo y para fortalecer de momento al Gobierno de Mahmud Ahmadineyad y los Guardianes de la Revolución frente al presidente iraní y sus ayatolás.

El alza del precio es evidente si se tiene en cuenta que por el estrecho de Ormuz - 180 kilómetros de largo por 40 de ancho-circula cada día la sexta parte del consumo mundial de petróleo, 16.000.000 de barriles diarios. La eventualidad de una interrupción se reflejó inmediatamente en las bolsas de materias primas.

Y casi tan evidente como el porqué de la subida del precio es la causa de la amenaza. Y es que en el Irán actual hay una enconada lucha por el poder entre los Guardianes de la Revolución y la alta clerecía chií. La administración pública y la mayor parte de los negocios más lucrativos del país están en manos de los Guardianes, pero los ayatolás controlan un importante sector de la opinión pública, que está muy descontenta con la marcha económica del país; en especial, la clase media y la intelectualidad del país.

La situación interna iraní es frágil y Ahmadineyad ha recurrido una vez más a la fórmula de todas las dictaduras y regímenes autoritarios para recabar el apoyo de las masas: denunciar la hostilidad de un enemigo exterior. Este enemigo denunciado oportuna y sistemáticamente desde la época de Jomeini es el mundo occidental, encabezado por EE. UU. Ahora, la denuncia gubernamental resulta plausible para las masas incultas por cuanto las sanciones económicas impuestas por Occidente a causa de la política nuclear de Teherán han empeorado el nivel de vida. Para las masas iraníes esas sanciones resultan ininteligibles, ya que Ahmadineyad oculta tenazmente que su programa nuclear tiene una importante faceta militar que permitirá a Irán disponer de las primeras bombas nucleares a más tardar dentro de cuatro o cinco años.

Esa lucha interna iraní explica también que mientras los altos cargos del bando gubernamental hablan de minar el estrecho de Ormuz, desde la presidencia se le quita hierro al asunto y se señala que es sólo una mención de acciones hipotéticas, en absoluto inminentes.

Y un análisis serio de tal eventualidad, la reduce de hipotética a altamente improbable. Ello no sólo por el riesgo de una respuesta militar estadounidense. Sino porque el primer perjudicado por la interrupción sería el propio Irán, cuya inmensa mayoría de exportaciones de petróleo se hace por esta vía marítima a China, Corea del Sur, India y Japón. Peor aún : el grueso de las importaciones de bienes de primera necesidad del país llega a través del golfo Pérsico. El bloqueo dañaría, además, también gravemente las exportaciones de la vecindad: Kuwait, Arabia Saudí, los Emiratos, Bahréin y Qatar (gas natural licuado)

En realidad, a fuerza de tanto decir que viene el lobo - es decir, que van a minar el estrecho de Ormuz-,los iraníes han conseguido ya inquietar a sus clientes asiáticos: la mayor refinería china, Sinopec, ha anunciado que a partir de este mes de enero va a ir reduciendo paulatinamente sus importaciones del petróleo iraní a la mitad.

7-I-11, Valentín Popescu, lavanguardia