(Corea del Norte:) ´Certezas y una incógnita´, Edward N. Luttwak

Es indudable que el Gran Sucesor  Kim Jong Un se halla en el percentil 99 de peso de la población norcoreana, pero Rubens nos enseña que la rubicunda obesidad infunde respeto y ejerce notable atractivo sexual entre la gente famélica. También es indudable que su padre le ha abandonado a su suerte. Sólo después de ser su sustituto durante muchos años Kim Jong Il sucedió a su propio padre, Kim Il Sung, en 1994, en tanto que Kim Jong Un fue designado sucesor en junio del 2009 con rango de Dae Jang y como vicepresidente de la Comisión Militar Central del partido, cargos subordinados únicamente a la Comisión Militar Nacional a la que Kim debe ascender rápidamente, si es que no cae con todo el equipo. Lo cual nos remite a otro otro factor incontrovertible:

Kim Jong Un carece de cualidades para el puesto. Lo único en que todos los expertos coinciden es en que el partido comunista de Corea del Norte (Partido de los Trabajadores) es una cáscara vacía, por lo que, aparte de los propios Kim, Corea del Norte es propiedad y está gobernada por los Dae Jangs, los generales o almirantes cargados de relucientes medallas en la cima de la casta militar, cuyas bien alimentadas esposas se deshacen en llanto ante las cámaras ataviadas con parkas de fibra de bien cortado pelo fino en lugar de vestir desgarbadas chaquetas de algodón. Mientras que el padre de Kim Jong Un tenía 52 años cuando se convirtió en líder del país y se le pudieron atribuir toda clase de logros políticos, culturales, científicos y militares (incluyendo la espectacular incursión contra Rangún, en Birmania, en 1983, que acabó con la vida de cuatro miembros del Gobierno de Corea del Sur que estaban de visita), el señor 99 percentil de peso no ha cumplido aún los treinta, de modo que toda pretensión de que es merecedor del más alto grado militar de Dae Jang es muy poco convincente.

Nos encontramos, pues, ante la primera incógnita y como las incógnitas son tan desorientadoras e incómodas cuando se halla en juego armamento nuclear, resulta de escaso consuelo saber que lo que no sabemos nosotros tampoco lo sabe Kim Jong Un y probablemente le mantiene despierto preso de pánico: ¿creerán necesario los Dae Jang mantenerle en el poder para eludir el dilema de elegir a un sucesor entre ellos mismos o le harán a un lado? De hecho, podrían optar por guardar la apariencia de un gobierno civil a fin de reemplazar al orondo jovenzuelo por una figura de más edad y más digna. Por otra parte, no hay ciertamente ninguna figura militar de Corea del Norte de prominente importancia susceptible de ser designada como próximo gobernante. Kim Jong Il fue convenientemente instruido por su padre en el arte de la dictadura y no permitió que ningún Dae Jang sobresaliera por encima de los demás (ni nadie más, ni siquiera su cuñado Chang Sung Taek, figura de alta responsabilidad en el partido y en el Estado, aunque como elemento subordinado). Hay un funcionario de más alto rango en la jerarquía militar, O Kukryol, que ha sido piloto de la fuerza aérea y cuya aspiración a la fama incluiría la lucha contra los japoneses junto con el propio Kim Il Sung, si hay que creerse que el comisario político Kim libró de verdad un combate. Como mayor veterano y cargo de mayor rango en calidad de vicepresidente de la Comisión de Defensa Nacional, O Kuk-ryol sería perfecto para el papel de súper-Dae Jang, pero la edad tiene sus inconvenientes: nació en 1931 y no goza de tan buena salud como muchos octogenarios en la actualidad. Complica las cosas la trayectoria de su hijo O Se-uk, general de División a los 42 años que desertó a Estados Unidos a través de Japón.

En otras palabras, no hay un claro Dae Jang cuyo ascenso al poder supremo puede ser aceptado sin resistencia por los otros mandos militares de alto rango. Eso podría bastar para asegurar la supervivencia de Kim Jong Un, aunque sólo sea como mascarón de proa o poco más, a diferencia del primer Kim, tan dictador y comandante supremo como Stalin o Mao, a diferencia de su padre, de poder inferior dado que su apoyo civil en el Partido de los Trabajadores de Corea fue perdiendo fuerza, por lo que hubo de tener en cuenta las distintas facciones militares y maniobrar convenientemente entre ellas para conservar el poder.

No hay motivo tampoco para pensar en las cualidades que puedan adornar los nombres de la lista oficial de asistentes al duelo por orden jerárquico, identificados por su posición en lugar de por su nombre, ya que la lista en cuestión refleja la pretensión de dominio del partido único y, por lo tanto, comienza por los miembros del comité permanente del politburó, seguidos por otros miembros del politburó y a continuación del comité central. La dilatada realidad es que el país está colonizado y fuertemente controlado por la casta militar, encabezada por unos 1.400 generales y almirantes, más que los existentes en las fuerzas armadas de Estados Unidos. Mientras que la población de Corea del Norte, en conjunto, está deficientemente alimentada durante todo el año yhade hacer frente a periódicas hambrunas, los militares de mayor rango y sus familias, junto con el círculo más estrecho de funcionarios del partido de alto nivel, son los principales beneficiarios de un sistema especial de distribución que ofrece un amplio suministro de marisco y carne, además de manjares de procedencia china para su personal de cocina. También cabe mencionar aquí a los comensales que pocos visitantes tienen ocasión de ver en el Pyongyang Number One Boat Restaurant, especializado en marisco, el Number One Duck Barbeque, el Chongryu que ofrece la versión coreana del estofado de Mongolia y otros que ofrecen excelentes platos con el sádico placer añadido de comer sin tasa mientras que fuera hay hambre por todas partes. Mientras que otros norcoreanos tienen la suerte de conseguir una pizca de condimento con su porción de arroz - si no se sustituye con menospreciados mijo o cebada-la élite consume proteínas y sus miembros han de vigilar su peso, sin éxito en el caso de los tres Kim.

Este auténtico secuestro alimentario se halla en la base de la idea Son´gun (la prosperidad del país y del Estado por el fusil), que ejerce una política de acumulación militar implacable y no el nacionalismo y mucho menos el comunismo, reducido a un ligero barniz sobre el culto chamánico del abuelo Kim, como tampoco una forma reconocible de militarismo. De igual manera que las fuerzas armadas pakistaníes se apoderan de los alimentos con el argumento de que los necesitan para detener una invasión india en realidad completamente improbable, las fuerzas armadas de Corea del Norte arrebatan los recursos de un pobre país para supuestamente protegerlo de una invasión fantaseada por parte de Corea del Sur. A tal fin necesitan contar con mucha mano de obra para construir y mantener fortificaciones y conducir gran número de vehículos blindados, además de muchas otras cosas, incluida por supuesto mucha comida para ellos mismos...

Esta es la madre del cordero, que nos lleva a la certeza final: incluso si Kim Jong Un nos sorprendiera a todos esforzándose por liberalizar el régimen, se necesitaría por lo menos un golpe de Estado y, más probablemente, una revolución para derrocar a la casta militar y echar abajo sus políticas inherentemente agresivas.

 

 22-XII-11, E. N. LUTTWAK, Centro de Estudios Estratégicose Internacionales de Washington, lavanguardia