Tahrir: primavera policial, tardor militar

Wael Abbas, voz referencial  en la blogosfera árabe, denuncia que los militares egipcios han lanzado una contrarrevolución, con el apoyo del Pentágono, para frenar el auge de las libertades y de una democracia genuina en Egipto. Invitado por el Iemed para cerrar un ciclo de conferencias sobre las primaveras árabes, @ waelabbas, como lo conocen sus más de 53.000 seguidores en Twitter, anunció el pasado jueves que no piensa votar en las elecciones legislativas del lunes. "No hay condiciones para ir a las urnas, los militares han secuestrado el proceso. No habrá observadores internacionales-asegura-,la élite política de siempre, la que estaba con Mubarak, se presenta, los expatriados no podrán votar, el estado de excepción permanece, los candidatos, sean del signo que sean, son unos oportunistas".

Considera que no hay nadie capaz de coger las riendas de la revolución y trasladar el espíritu de Tahrir a la política. De Mohamed el Baradei, el premio Nobel de la Paz que se perfila como primer ministro de un gobierno de unidad, Wael Abbas asegura que "es un invento de la prensa occidental. Nadie lo conoce y él no conoce Egipto. Yo no creo en los líderes sino en las ideas. No queremos líderes. Ya hemos tenido muchos padres que nos han dicho lo que teníamos que hacer, monstruos a los que luego no hemos podido desalojar del poder. En lugar de líderes, queremos empleados, gestores de nuestros intereses a los que podamos despedir si no hacen bien su trabajo".

Antes de celebrar elecciones, Abbas opina que "se ha de concluir la revolución". Esto implica expulsar a la junta militar, prohibir la participación del antiguo régimen en el proceso democrático y sentenciar al depuesto presidente Hosni Mubarak, procesado por la muerte de más de 200 manifestantes.

"Todo va a peor - explica-. La Junta Militar es el remanente del régimen de Mubarak. Nos ataca en las calles yen internet, donde trata de minar nuestra reputación. La contrarrevolución está en marcha y hemos tenido que volver a ocupar Tahrir para derrotarla. El 25 de enero luchamos contra la policía. Ahora, contra el ejército."

El poder, por lo tanto, "sigue en las mismas manos. Los militares controlan hasta el 40% de la economía, dominan los medios de comunicación y tienen muchos amigos en el Pentágono y en las capitales europeas que prefieren un Egipto estable a un Egipto libre y democrático. Estos gobiernos, el de España incluido, compran nuestro gas a bajo precio, gracias a los tratos corruptos que establecieron con Mubarak. Entre todos nos han secuestrado la revolución".

Los Hermanos Musulmanes, la fuerza mejor organizada que seguramente ganará las elecciones, no tienen, según Wael Abbas, ninguna solución para la crisis. "Ganarán pero no convencerán y, si no se cargan el proceso electoral, será muy difícil que vuelvan a triunfar una segunda vez. En caso de que supriman o menoscaben la democracia, entonces yo y muchos más tomaremos las armas".

27-XI-11, X. Mas de Xaxàs, lavanguardia

Las dictaduras militares árabes no son como las que han proliferado en América latina. En esta sociedad militarizada, que ha sido durante décadas Egipto, según el titulo de una obra de Abdel Malek, el establishment de las fuerzas armadas, formado por el ejército y por los servicios de inteligencia, ha enmarcado la actuación de los presidentes Naguib, Naser, Sadat y Mubarak, todos ellos salidos de sus filas. Las fuerzas armadas han sido la única institución del Estado capaz de cambiar el destino de la nación.

Desde 1973 los militares están acuartelados porque ya no hay más guerras con Israel. Tampoco ha habido desde 1952 otro golpe de Estado en Egipto, donde el ejército recibe una cuantiosa ayuda financiera anual de EE.UU. de casi un billón de dólares como gratificación por la firma del tratado de paz egipcio israelí.

Tradicionalmente, las relaciones entre el Pentágono y al alto mando estadounidense han sido muy sólidas. El ejército - con sus empresas no sólo militares, con sus generales que desempeñan cargos de gobernadores provinciales, o de consejeros de importantes sociedades públicas y privadas-compartió durante los sucesivos mandatos de Mubarak los beneficios de las especulaciones de sus élites capitalistas.

Importante propietario inmobiliario, es también ambicioso empresario agrícola y de compañías turísticas. La casta militar goza de unas ventajas que constituyen un privilegio en esta pauperizada población. En Egipto, el ejército no es sólo un Estado dentro del Estado, sino la garantía de la existencia del régimen. Los militares cuentan con almacenes subvencionados, viviendas de reducidos alquileres en una nación en donde la penuria de casas es patética.

En las elecciones legislativas del pasado año, como siempre fraudulentas y amañadas, que pasaron casi desapercibidas, conocí en el barrio popular de Chobra, habitado por cristianos y musulmanes, un humilde candidato, chofer de taxi. Su ilusionado programa pretendía poder distribuir simplemente en el barrio, con una camioneta, la carne y las vituallas al mismo precio que pagan los militares.

27-XI-11, T. Alcoverro, lavanguardia