Nicaragua, de Somoza a Ortega

Daniel Ortega tiene el camino libre para perpetuarse en el poder. Con porcentajes abrumadores, el actual presidente de Nicaragua logró su reelección y la mayoría legislativa que le permitirán afianzar el proyecto de autoritarismo político y liberalismo económico que, en su fase germinal, le ha llevado a la victoria. Según los últimos resultados oficiales, el ex comandante sandinista le saca 31 puntos al liberal Fabio Gadea, su principal adversario.

"Iremos de victoria en victoria de la mano de Dios", dijo la primera dama y secretaria de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo, al conocer las primeras cifras. La oposición aglutinada en torno al Partido Liberal Independiente (PLI) tardó en reaccionar y Gadea rechazó los resultados porque "no reflejan la voluntad del pueblo sino el poder del Estado" y llamó a la comunidad internacional a desconocerlos. Medios como el diario La Prensa o la web Confidencial,pedían la anulación de las elecciones y anticipaban la demolición del estado de derecho por parte de Ortega.

Las instancias internacionales de observación no se habían pronunciado todavía sobre la transparencia del proceso, aunque el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, emitió un comunicado en el que aseguró que en Nicaragua "avanzó la democracia y la paz". Sin embargo, el jefe de la misión de la OEA y ex canciller argentino, Dante Caputo, había informado horas antes que su equipo no había podido acceder al 20% de los centros de votación, con lo que su veredicto sobre la limpieza de los comicios iba a quedar desvirtuado. Caputo no explicó por qué se le cerró el paso a su gente.

Las organizaciones locales de observación, a las que por primera vez se les prohibió realizar su función de vigilancia, denunciaron irregularidades e incidentes a lo largo de la jornada. El grupo Ética y Transparencia cuestionó la validez del proceso al denunciar que en el 20% de las mesas no hubo interventores de la oposición y que, por tanto, el escrutinio de medio millón de votos - el padrón es de 3,4 millones de electores-podría ser fraudulento.

"Es un milagro político-electoral", exclamaba uno de los analistas del canal 15 de noticias, bajo control oficial, al observar el arrollador caudal de votos de Ortega. Las cifras indicaban que el presidente había hecho añicos el techo electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que nunca pudo sumar más del 38%. Esta vez ha pulverizado a la oposición, frágil en su alianza coyuntural, y que no fue capaz de contrarrestar el poderío económico del clientelismo oficialista financiado con la ayuda del presidente venezolano Hugo Chávez. El discurso del PLI y sus aliados, centrado en la defensa de la institucionalidad democrática y la denuncia de la ilegalidad de la candidatura de Ortega - que forzó la reforma constitucional que impedía su reelección-,fue devorado por el reparto de despensas, ganado, materiales de construcción y dinero de las brigadas del FSLN entre los más pobres. Mientras, Ortega se trabajaba el apoyo de los empresarios y la bendición del Fondo Monetario Internacional por su buena conducta en política macroeconómica.

A punto de cumplir 66 años, Daniel Ortega está a un paso de convertirse en el primer presidente nicaragüense que repite mandato de manera consecutiva desde que lo hiciera Anastasio Somoza, el dictador al que combatió como guerrillero y derrocó en 1979. Una figura autocrática que, según sus adversarios, pretende emular con la implantación de un proyecto familiar dinástico de control político y económico. Un modelo autoritario y populista que pasaría por la reforma de la Constitución para asegurar la reelección indefinida, la cooptación del ejército y la policía o la institucionalización de mecanismos de dominio social, como los filocastristas Consejos del Poder Ciudadano, para finalmente establecer un régimen de partido único con economía capitalista.

8-XI-11, E. Sabartés, lavanguardia