quč passarą amb les afganeses?

La caída de los talibanes diez años atrás encontró a Shagul Rezaie dando clases clandestinas en una mezquita de Ghazni, su región. Las maestras habían tenido que abandonar la escuela y las jóvenes de cursos avanzados optaron por enseñar a las más pequeñas a riesgo de exponer su vida. Pasaron a ser profesoras sin haber completado los doce cursos reglamentarios, que Shagul sólo terminó después de la llegada de las tropas de la comunidad internacional a Afganistán. Desde entonces su vida, como la de muchas afganas, tomó otro rumbo.

Se graduó, se convirtió en la rectora del colegio - que estaba abandonado por el acoso de los talibanes-para terminar elegida en el primer Parlamento de esta nueva época de Afganistán con sólo 26 años. Actualmente, con 32, ya es una veterana política que está repitiendo escaño. "Es cierto que hemos ganado mucho; yo soy un ejemplo", dice en un inglés perfecto, que aprendió en la facultad de Ciencias Políticas - terminó la carrera este año, siempre en horario de noche-.Pero pese a estos avances, asegura que la situación de las mujeres está lejos de ser perfecta.

"Hay muchas restricciones y quedan muchos retos por delante. Por ejemplo, la seguridad, que afecta sobre todo a las mujeres que en muchas regiones todavía no pueden estudiar o tienen que casarse muy jóvenes". Shagul hace énfasis en que lo ganado hasta hoy podría perderse si la comunidad internacional sacrifica a las mujeres en su afán por lograr la paz con los talibanes.

Una decisión equivocada puede poner en riesgo los espacios que han ganado, como su participación en ministerios, en el Parlamento (el 23% de los diputados son mujeres) y en la educación.

Según las cifras que manejan diferentes instituciones en Afganistán, 2,5 millones de niñas van al colegio, aunque todavía hay bastantes dudas sobre la calidad de la enseñanza que reciben.

"Tenemos que dejar claro que negociamos, pero no queremos quedar como víctimas. No puede ser bajo la condición de que las mujeres tengan que irse a casa", explica Shagul.

"Tienen muchas razones para tener miedo", asegura Heather Barr, investigadora sobre Afganistán de Human Rights Watch. Explica que el presidente Hamid Karzai ha dicho que todo acuerdo debe hacerse dentro del marco de la Constitución, "pero esto no llena las expectativas", argumenta Heather, que deja claro que la Carta Magna afgana se puede interpretar de muchas maneras y que eso podría dar ventaja al punto de vista de los talibanes. A esto se suma, según apuntan en Kabul, que el Gobierno de Karzai es muy frágil y, llegado el caso, el presidente no tendría problemas en ceder en el tema de las mujeres si eso le permitiera salvarse.

"Les repetimos - a la comunidad internacional-que no deben perder lo que han ganado, pero tengo la impresión de que cuentan los días para irse", explica Samira Hamidi, también de 32 años, en su espaciosa oficina de la Red de Mujeres Afganas, de la que es directora. Para que esto no suceda, un gran número de asociaciones que trabajan con mujeres llevan meses redactando un documento con recomendaciones para presentar durante la segunda reunión sobre el futuro de Afganistán que se celebrará en Bonn (Alemania) el próximo 5 de diciembre.

"Si no nos movilizamos ahora todo va a llegar tarde", dice Samira, que está bastante preocupada por el deterioro de la seguridad en el país y sus consecuencias para las mujeres.

Esta nueva realidad fue denunciada en un informe de la oenegé británica Oxfam sobre el futuro de las mujeres en el nuevo escenario afgano. "Sus derechos se han deteriorado debido al crecimiento de la inseguridad y la falta de voluntad política para protegerlos y promoverlos", dice dicho documento. En su elaboración también participaron activistas como Samira, que frente a este panorama se pregunta: "¿Qué pasará con nosotras?".

"Es un gran temor que tenemos todos yque tienen las organizaciones de mujeres", contesta Nader Nadery, comisionado del Comité independiente de Derechos Humanos en Afganistán, tal vez el único que se muestra optimista. Ahora, dice, trabajan juntas, van a todas partes y hablan sin miedo.

Su voz llegó hasta la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, a quien le dijeron que sería una traición a su condición de mujer que apoyara un proceso de paz que no proteja los derechos del sexo femenino. Clinton se comprometió, dicen, aunque no todos confían en su palabra.

Nadery, sin embargo, también es realista y reconoce que el futuro que tienen por delante no es fácil. Los espacios en los que puedan presionar por sus derechos serán más limitados cuando la comunidad internacional ya no esté presente. Pero al mismo tiempo, advierte Nadery, Afganistán ha cambiado muchos en estos diez años. Y esto es una ventaja para las mujeres.

"Nosotras somos más que capaces de luchar por nuestra cuenta, pero sólo pedimos que no nos abandonen", concluye Samira.

7-XI-11, C. Gómez, lavanguardia