el motor turc dŽAlemanya

conmemorar en Berlín el cincuenta aniversario del acuerdo entre la República Federal de Alemania (RFA) y Turquía que, en 1961, inició la contratación masiva de trabajadores turcos para las industrias de la Alemania occidental ¿Por qué turcos y por qué entonces?

Aquel año, el muro de Berlín, había secado la fuente tradicional de mano de obra de la Alemania renana: los alemanes orientales, que huían de la pobreza y la dictadura de la Alemania comunista. Todo fue pura guerra fría: en Turquía sobraba gente y el país, como miembro de la OTAN, era un aliado clave de Washington en el cerco a la URSS al que había que estabilizar. Así que los americanos les dijeron a los alemanes que contrataran turcos.

Hasta 1973, 710.000 turcos acudieron a la llamada de la industria alemana, poniendo el colofón, con otros trabajadores alemanes y europeos, a lo que se vino a llamar milagro alemán.Les denominaron trabajadores invitados para dejar claro que estaban de paso, pero muchos se quedaron. Hoy Alemania tiene, además del döner kebab, del futbolista Mesut Özily del líder ecologista Cem Özdemir,tres millones de turcos.

En los años noventa Berlín comprendió que los invitados se quedaban y comenzó a hablar de integración. Un concepto anticuado de la nacionalidad y el tradicional desagrado alemán hacia la mezcla, han forjado una realidad contradictoria.

Unos 800.000 turcos, la mayoría nacidos en Alemania, se han hecho alemanes. Para conseguir el pasaporte alemán, los hijos de los inmigrantes turcos han de renunciar a la nacionalidad de sus padres antes de cumplir 23 años.

El alto nivel de desarrollo del Estado de bienestar, ahora en declive, y la bonanza laboral lograron un estatuto de segregación cordial. La interacción entre alemanes y turcos es mínima, con sólo un 4% de matrimonios mixtos. El fracaso escolar y el desempleo es mucho más alto en la comunidad turca. La crisis ha incrementado la xenofobia y el viejo discurso alemán sobre la decadencia nacional a causa de la presencia de colectivos foráneos. Este tema lo expone el economista Thilo Sarrazin en su libro Alemania se disuelve,un gran éxito editorial.

Los turcos responden a la correcta frialdad alemana con una afirmación de su identidad nacional e islámica. Cada día hay más jóvenes turcas nacidas en Alemania con velo. No hay gran tensión ni suburbios en llamas, pero tampoco rastros de empatía y mínima interacción.

Erdogan, que ayer fue recibido por el presidente Christian Wulf y la canciller Merkel, vino precedido por unas declaraciones críticas con la "falta de reconocimiento de la contribución de los tres millones de turcos en Alemania". También cree que es "contraria a los derechos humanos" la insistencia en que los inmigrantes hablen alemán. Viniendo del gobernante de un país que niega la autonomía y derechos elementales a la enorme minoría kurda y que no reconoce el genocidio armenio, estas consideraciones no lucen.

3-XI-11, R. Poch, lavanguardia