difícil política a la mafiosa Bulgària

En Bulgaria el poder político lo tiene - para otorgarlo-una de sus minorías étnicas más ninguneadas socialmente: la de los turcos. La presidencia búlgara fue decidida la semana pasada en una segunda vuelta electoral entre el conservador Rosen Plevneliev - del partido GERB-y el socialista Ivailo Kalfin. El primero es un magnate de la construcción y el segundo fue ministro de Exteriores del 2005 al 2009. Un resultado que no fuese la victoria conservadora era considerado una sorpresa.

En realidad, lo sorprendente en semejante caso habría sido la conducta de la minoría turca, comunidad socialmente marginada pero decisiva en la política del país desde la caída del comunismo. Y que hasta ahora ha apostado siempre a ganador siguiendo las directrices de sus prohombres. Y el GERB (brazo político del empresariado más dinámico) no sólo detiene el poder, sino que su candidato aventajó en más del 10% al rival socialista en la primera vuelta.

Los dirigentes de esa minoría ya se habían decantado por el GERB antes de las presidenciales, tanto por las promesas del empresariado como por la frustrante experiencia que tuvieron las minorías turca y gitana durante los gobiernos del partido socialista (PSB) de Stanichev. De todas formas, la lentitud de los avances económicos, así como la impunidad de la corrupción administrativa, han minado la confianza del pueblo - empezando por los gitanos y turcos búlgaros-en la jerarquía de la República. Es muy posible que en esta ocasión la minoría turca tuviese la tentación de romper la disciplina étnica para quedarse en casa. O, cosa más probable, para vender sus votos al mejor postor.

La venialidad electoral es casi inevitable en la nación más pobre de la Unión Europea (PIB de 10.000 euros escasos por cabeza al año) y desde hace decenios, una de las más depauperadas de Europa. En las condiciones allí imperantes, sobornar o dejarse sobornar deja de ser una corrupción para pasar a ser uno de los pocos medios de vida disponibles.

No hace falta señalar que esta venialidad administrativa no es una característica exclusivamente búlgara, sino una lacra permanente también en Albania, Kosovo, Rumanía, Macedonia, Moldavia y en las naciones sucesoras de la URSS, donde el poder ilimitado del partido único - el comunista-ha sido heredado por una mafia que bajo pantomimas democráticas hace y deshace en el país a su antojo.

El hecho de que Bulgaria y Rumanía estén sujetas - aunque relativamente-a la supervisión comunitaria ha frenado un poco la aparición de las mafias sucesoras del poder único, pero en ambas naciones la corrupción sigue siendo la vía preferente del trato con la administración y el poder político. En el caso búlgaro hay que añadir el agravante de que las reducidas dimensiones del país y su lejanía de Bruselas han hecho de esta nación la plataforma predilecta del crimen organizado para el tráfico de drogas y las operaciones que los mafiosos llevan a cabo en Europa Occidental.

5-XI-11, V. Popescu, lavanguardia