amb la crisi, ni aigua

Las consecuencias de la deuda millonaria de la Agència Catalana de l´Aigua, que se encarga de las grandes obras de suministro y la recuperación de los ríos, no es sólo un problema contable. Está en juego la calidad de las aguas. El Govern ha paralizado la desalinizadora de Blanes para ahorrar gastos en energía; y, en paralelo, su drástico recorte de gastos ha comportado la paralización del sistema de reutilización de agua de la depuradora de El Prat: se deja de bombear caudales al tramo final del Llobregat y se frena la inyección de aguas regeneradas en el Delta para evitar la intrusión marina. Los sucesivos gobiernos de la Generalitat han dejado pudrir la deuda del ACA movidos por el afán de no hacer aflorar el verdadero y real déficit financiero de Catalunya. Pero a estas alturas ya nadie duda que la deuda bancaria del ACA no es asumible sólo en el recibo del agua. Es lamentable que inversiones millonarias financiadas por la UE se infrautilicen porque no se pueden mantener.

Inversiones millonarias efectuadas los últimos años para mejorar la calidad del agua (del grifo y de los ríos) están siendo infrautilizadas, debido a los altos costes de mantenimiento. Son infraestructuras desaprovechadas, total o parcialmente. La Agència Catalana de l´Aigua ha paralizado el funcionamiento de la desalinizadora de agua de mar de Blanes, que presta servicio en el Alt Maresme y la Selva marítima (Blanes, Lloret...). La razón principal de esta decisión es la necesidad de ahorrar costes en el consumo de energía. Por la misma razón, está prácticamente paralizado (funciona sólo al 5%) el sistema de depuración de las aguas residuales de la planta depuradora de El Prat que sirve para realimentar el caudal en el tramo final del Llobregat y para recuperar el acuífero profundo del delta, la gran reserva estratégica de agua del área metropolitana. Las instalaciones son gestionadas por el Àrea Metropolitana, pero quien las paga es la Generalitat, que ha dejado de hacer esas transferencias. "La Generalitat está haciendo una grave dejación de responsabilidades", sentencia el alcalde de El Prat, Lluís Tejedor, que amenaza con llevar este asunto a la Comisión Europea.

La Generalitat ha paralizado el funcionamiento de la desalinizadora de Blanes para ahorrar costes, algo que es una necesidad apremiante ante la deuda astronómica de la Agència Catalana de l´Aigua. La desalinizadora presta suministro a Blanes, Malgrat, Pineda, Santa Susanna, Calella, Palafolls, Tossa y Lloret, donde el suministro ha sido sustituido por agua de pozos, cuyos recursos tradicionalmente han sido de peor calidad. El agua de la desalinizadora consume 3,4 kWh/ m3mientras que sacarla de pozo requiere menos de 1 kWh/ m3.

La Agència de l´Aigua aplica un nuevo criterio y juzga que la desalinizadora deja de ser el recurso estructural básico y pasa a tener el carácter de una fuente "que aporta garantía de suministro" en esta zona; es decir, será una fuente complementaria a la de los pozos. Se recurrirá a ella sólo en caso de extrema necesidad. Los expertos consultados temen que se pueda producir una sobreexplotación de las reservas del subsuelo en la zona del Tordera. Este riesgo, junto con la mala calidad del agua servida en el Alt Maresme y la Selva marítima (con recursos muy salinizados), fue la causa que movió a promover esta instalación, inaugurada en el 2002.

La Agència de l´Aigua estima, no obstante, que es posible aplicar un régimen de producción de agua en la desalinizadora que sea a la vez compatible con la preservación del acuífero del Tordera. La desalinizadora ha sido ampliada (hasta 20 hm3)y, en caso de necesidad por sequía, podría servir incluso al área metropolitana.

La necesidad de reducir los costes energéticos y de mantenimiento explica también la decisión de recortar drásticamente el funcionamiento del sistema de depuración terciario de las aguas residuales del Llobregat en la depuradora de El Prat. Ahora en El Prat sólo están en servicio los sistemas básicos de saneamiento, que evitan que se arroje directamente agua contaminada al mar. Sin embargo, están prácticamente inutilizados (sólo trabaja al 5%: el mantenimiento mínimo) diversos tratamientos complementarios (nitrógeno, fósforo, cloración...), de manera que se han dejado de reutilizar las aguas saneadas, que tradicionalmente servían para incrementar el caudal del tramo final del río Llobregat e inyectar recursos en el acuífero profundo del delta (lo que servía para crear una cortina o barrera hidráulica de agua que evita la intrusión del agua de mar y proteger estas reservas de El Prat). La orden de recortar este servicio fue dada por la Generalitat al Àrea Metropolitana, gestora de la instalación.

"La Generalitat está abandonando su responsabilidad en las políticas de protección de las reservas de agua; es muy grave", indica el alcalde El Prat, Lluís Tejedor, visiblemente enojado. Así, se ha dejado de aportar agua saneada que servía para incrementar el caudal del tramo final del Llobregat, que a veces no tiene su mínimo ecológico. Hasta hace poco, lo que se hacía era bombear caudales desde El Prat hasta un punto situado aguas abajo de la potabilizadora de Sant Joan Despí, de manera que el Llobregat ganaba en caudales. Ahora "no hay garantía de que así haya un caudal ecológico mínimo en el río", agrega.

Pero lo que más molesta al alcalde pratense es que además se haya paralizado prácticamente la recarga del acuífero profundo del delta, unas operaciones que se venían llevando a cabo con éxito. En este caso, lo que se hacía era inyectar (a través de 14 pozos) caudales saneados de la depuradora de El Prat, con lo que se creaba una barrera hidráulica (un juego de presiones y compensaciones) que evita la salinización de origen marino.

"Es una grave irresponsabilidad que se haya abandonado la barrera hidráulica contra la intrusión marina, pues esta es fundamental para combatir la entrada de agua del mar y proteger el acuífero profundo del delta", dice el alcalde, quien lanza una alerta: "Se puede perder todo el trabajo que se ha hecho para recuperar este acuífero". La recuperación del acuífero profundo (tradicionalmente salino por la entrada de agua de mar propiciada por la dársena interior del puerto) es básica para que la región de Barcelona pueda conservar este macroembalse subterráneo. Tejedor también dice que se han frenado las aportaciones de agua regenerada para las zonas inundables de los ecosistemas del delta.

La creación del sistema de reutilización de aguas regeneradas costó unos 23 millones de euros, y se desarrolló en dos fases. La primera incluyó la construcción de una moderna planta de tratamiento (de ósmosis inversa), cuyo coste rondaba la mitad de esa inversión. Toda la obra tuvo una aportación del 50% de los fondos de cohesión europeos, que fueron concedidos con la condición de que el agua saneada fuera luego reaprovechada. Por eso, al alcalde Tejedor indicó que tiene previsto hacer una consulta a la UE, pues tiene la convicción de que esta infraestructura no puede quedar ahora inutilizada. Otras fuentes consultadas dicen que la UE tal vez podría plantearse "retener" esas partidas si se comprueba que no se usan.

Fuentes de la Agència Catalana de l´Aigua esgrimen que el acuífero del delta ha mejorado, lo que ha "llevado a frenar la aportación constante de agua regenerada para frenar la intrusión marina". Además, alegan, "un uso constante de estas instalaciones supone un elevado coste energético". Las instalaciones se pondrán en marcha "cuando se detecte una alteración de la salinidad del acuífero" y cuando falte agua en el río o a los regantes, añaden.

1-XI-11, A. Cerrillo, lavanguardia