AlkhÓzia i la geopolÝtica del d˛mino

La celebración del Campeonato Mundial de dominó en Abjasia, territorio que se separó de Georgia con una guerra hace casi veinte años, no ha gustado a Tiflis.

M. J. RIQUELME DEL VALLE  - Sujumi. Servicio especial, 27-X-11, lavanguardia 
A orillas del mar Negro, en Sujumi, capital de Abjasia, en juego están el café, los cigarillos y el orgullo en las partidas que cada tarde los ancianos juegan al dominó. La semana pasada, el entrechocar de las piezas sobre la mesa tenía un premio algo más sustancioso: 71.900 euros.

Esa suma es parte de la inversión de 467.490 euros del Gobierno abjasio para hacer del Campeonato Mundial de dominó todo un éxito. Abjasia, un territorio al sur de Rusia cercano a Turquía, no había acogido nunca un acontecimiento deportivo internacional, sobre todo porque son muy pocos los países que la reconocen como Estado independiente.

Las calles de Sujumi, impregnadas siempre de mar y jazmín, se llenaron de pancartas de bienvenida a los participantes. Las voces latinas de buena parte de las delegaciones rompieron por unos días la languidez de las calles. Estaban Venezuela y Nicaragua, dos de los países que han reconocido la independencia de Abjasia, así como la República Dominicana, Puerto Rico, Brasil, México, España o EE. UU.

Pero hubo dos grandes ausentes: Armenia y Azerbaiyán, países vecinos de Georgia. Según el presidente de la Federación de Dominó de Abjasia, Artur Gabunia, recibieron presiones de Georgia. Con o sin presiones, ese sello de entrada podría costarle el arresto a cualquiera que mostrara su pasaporte en Georgia. Manuel Oquendo, presidente de la Federación de Dominó de Estados Unidos, aseguró haber recibido cartas y visitas de oficiales georgianos para que no asistiera al campeonato.

El campeonato de dominó ha sido para los abjasios una oportunidad para mostrarse al mundo. Debido entre otras cosas al bloqueo económico impuesto por Georgia tras la guerra que perdió frente a Abjasia hace casi veinte años, Abjasia depende en buena parte del turismo ruso y las ayudas económicas de Moscú. Abjasia, sin embargo, se ha ido distanciando en los últimos años de las directrices rusas y aspira a ser reconocida internacionalmente como país.

Los asistentes al campeonato no dejaron de recalcar que este era un evento deportivo que nada tenía que ver con la política. Sin embargo, las huellas de la guerra están todavía muy presentes, y no sólo a través de los edificios calcinados, las paredes tiroteadas y las casas vacías de los georgianos obligados a huir.

Georgia cuenta con el apoyo de prácticamente toda la comunidad internacional en su reclamación de que Abjasia es parte de su territorio. Tiflis exige la reinstauración de su integridad territorial y la garantía de que los georgianos puedan regresar de forma segura. El gobierno abjasio, por su parte, declara que Abjasia posee una cultura y una identidad propias y alega que no sería seguro permitir el regreso de esos refugiados. No han pasado dos décadas todavía y el recuerdo de la guerra, y de quién hizo qué, aún está muy presente.

Por eso, para Georgia un campeonato de cualquier tipo en Abjasia debería contar con su consentimiento. Las delegaciones no contaban con su aprobación, por lo que llegaron vía Rusia, es decir, entraron en lo que Georgia considera su propio territorio sin autorización.

El pasado viernes se clausuró el campeonato con la República Dominicana como campeona. Las delegaciones se fueron marchando, vía Rusia, y Sujumi ha vuelto a la normalidad, con su vida tranquila y la cotidiana emoción de ver quién gana las partidas de dominó que los ancianos juegan cada tarde junto al mar.