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Túnez, por primera vez en su historia, ha podido decidir su identidad y la mayoría de sus habitantes se siente más musulmán que laico. El islamismo político de Enahda se ha impuesto de forma contundente en las elecciones celebradas el domingo para elegir la Asamblea Constituyente. Los resultados oficiales se conocerán hoy, pero lo datos que manejan los partidos no dejan lugar a dudas. Enhada se hará con el 40% de los votos y las dos fuerzas de centroizquierda que se disputan el segundo puesto rondarán el 15% cada una.

Habrá que esperar a tener el recuento completo para echar cuentas y ver si los partidos laicos suman más que Enahda, pero todo parece indicar que no. Enahda, según sus propios cálculos, ha ganado en 24 de las 27 circunscripciones de Túnez. Ha conseguido, asimismo, nueve de los 18 escaños reservados en la Asamblea al 1,1 millón de tunecinos que viven en el extranjero, la mitad en Francia.

Estos resultados desmienten la división de Túnez entre el interior islámico y atrasado y la costa laica y desarrollada. La dictadura de Ben Ali era laica y persiguió a los islamistas. Cerca de 30.000 fueron encarcelados, según ellos mismos han denunciado.

Desmarcarse del laicismo era hacerlo también del régimen corrupto y policial de Ben Ali. Todo lo que tuvo algo que ver con él ha sido barrido. Este desprecio también se ha llevado por delante al Partido Democrático Progresista (PDP), que había sido la oposición tolerada por Ben Ali. No haberle plantado más cara, haberse prestado a la pantomima del juego parlamentario, le ha pasado factura. Maya Yibri, su secretaria general, reconoció ayer la amplia derrota. "Seguiremos defendiendo un Túnez moderno, próspero y moderado", dijo.

Los sondeos habían anticipado que sería la segunda fuerza, pero este éxito se lo disputaban ayer el partido socialdemócrata Etakol y el nacionalista y progresista Congreso por la República de Moncef Marzuki. Se trata de fuerzas nuevas y desconocidas, a las que ha costado hacerse oír debido a las restricciones sobre una campaña que se quería sin estridencias. Marzuki, aun así, ha podido tirar de su prestigio como firme opositor a la dictadura y defensor de los derechos humanos.

Enahda, si hoy se confirman los resultados, obtendrá entre 60 y 65 de los 217 escaños que tendrá la Asamblea, que tiene un año para redactar una nueva Constitución. Sus dirigentes se esforzaron por reiterar su islamismo moderado. "Las prioridades de Túnez - manifestó Abdelhamid Jlassi, director del buró ejecutivo-son la estabilidad, conseguir las condiciones para una vida digna y construir las instituciones democráticas". Asimismo, insistió en su voluntad de establecer "una alianza política estable".

Al frente de este gobierno de unidad nacional estará, casi con toda seguridad, Rashid Ganushi, que ha vivido 22 años exiliado en Londres, hasta que pudo regresar el pasado mes de enero tras la caída de Ben Ali. Afirma que su modelo es el islamismo político turco, que no quiere imponer la charia y que respetará los derechos de las mujeres. Ahora tendrá la oportunidad de demostrarlo. A su lado en el gobierno tendrá a Marzuki, que ya se ha mostrado favorable a una coalición.

"Lo más importante de las elecciones - dijo Marzuki-es que por fin tenemos una cartografía política de Túnez. El pueblo nos ha puesto a cada uno en su lugar". El objetivo de su partido será "instaurar una modernidad racional en un país árabe musulmán".

La participación se ha situado en el 90% de los cuatro millones de electores registrados. Los observadores europeos aseguran que han sido unas elecciones muy limpias. "No hay base para cuestionar su legitimidad", manifestó el jefe de los observadores del Consejo de Europa.

25-X-11, X. Mas de Xaxàs, lavanguardia