l´honor assassí del noroest indostànic

Las asambleas de clan y sus órdenes de asesinar a parejas de enamorados ya tienen su película, Khap.Se estrenó recientemente en India, aunque en el estado centro de sus críticas, Haryana, e incluso en Delhi, la presión de esta institución feudal consiguió que los exhibidores se echaran atrás. El filme se inspira en la historia real de una joven pareja, ahorcados los dos por la familia de ella, después de que el khap los condenara a muerte por incesto (por ser naturales de pueblos hermanados). El director proyectó la película ante cincuenta de estos notables clánicos para lograr su aprobación, sin éxito. Es más, insisten en que la prohibición del matrimonio dentro de una misma subcasta sea recogida por la Constitución.

El asesinato este verano de seis hermanas por parte de su padre en Pakistán ha recordado al mundo que la mayoría de los llamados crímenes de honor se cometen en el Subcontinente Indio. En el caso de Faisalabad, el ofuscado parricida consideraba que solo podía lavar su honra castigando con la muerte a sus dos hijas adolescentes - por verse con dos chicos-y a sus hermanas encubridoras. En Pakistán hay cada día dos casos de familias que se devoran a sí mismas en nombre de una moral opresiva. La situación no es mejor en India, donde la suma de tres estados del noroeste - Punyab, Haryana y Uttar Pradesh, con 900 asesinatos anuales para salvar la honra-basta para desbancar a Pakistán.

Para frenar dicha tendencia, el Tribunal Supremo indio recomendó hace unos meses la pena de muerte para los responsables e instigadores de este tipo de crímenes. Y ya hay algunas sentencias ejemplares en este sentido.

Enamorarse en India es una libertad que a menudo se paga con la vida. La tipología de dicha metedura de pata es algo más variada que en el país vecino, aunque con un denominador común: dos jóvenes deciden que van a casarse con quien quieren, en lugar de con quien quieren sus padres. Algo que puede ser fatal cuando la pareja elegida es de otra religión o de una casta inferior.

Un campesino indio lo resumía ante una periodista: "Una mujer que escoge a su pareja es una puta". Podría parecer un exabrupto marginal, pero en un país donde el matrimonio arreglado (por los padres) sigue siendo lo habitual, está lejos de serlo. La presión social, en partes del país, se articula en khaps panchayats o asambleas de notables, auténticos jurados paralelos y brazos ejecutores, al margen de la ley.

Esto es así sobre todo en los estados que rodean a Delhi. No por casualidad, el machismo de esta zona se traduce en otros datos estadísticos escalofriantes. Desde las denuncias por violación (el triple en Delhi que en Bombay) hasta el aborto selectivo de fetos femeninos. En Haryana y Punyab, los dos estados más prósperos de India, nacen solamente ocho niñas por cada diez niños.

Hace un año, un crimen de honor particularmente macabro salpicó a la misma capital. Una pareja de 19 y 21 años fue electrocutada hasta la muerte por sus propios parientes porque el chico era un intocable. Hay una lógica económica detrás de la barbarie: si una mujer se casa con una casta inferior, a través de la dote está hundiendo a su propia casta y enriqueciendo a una casta inferior. Aparte de eso, su afrenta perjudica las opciones matrimoniales de sus hermanos.

No hace falta añadir que en India el desarrollo económico no se traduce en modernización de las costumbres. Aunque exigir dote sea ilegal, esta no retrocede, sino que se hace más gravosa para las familias acomodadas, emuladas a su vez por las capas más pobres. De este modo, el prejuicio contra las niñas se agrava y las ecografías, ya ubicuas, hacen el resto. Tampoco las castas tienen existencia legal. Pero en los anuncios matrimoniales de los domingos es casi de rigor especificar la casta y la posición económica, en busca de una esposa o esposo con el mismo perfil.

El aumento del nivel educativo y la incorporación de la mujer al trabajo - aun lentos-así como las nuevas aspiraciones socioeconómicas de la India emergente, lejos de limar aristas, han aumentado las fricciones con la India feudal, sobre todo para aquellos que tienen un pie en el campo y otro en la ciudad.

Incluso en ciudades como Bangalore, el Silicon Valley indio, cada día son hospitalizadas entre tres y cinco mujeres abrasadas por supuestos accidentes de cocina. Son, casi siempre, asesinatos - a veces fallidos-.Se calcula que en India cada año mueren entre 6.000 y 8.000 mujeres a manos de sus maridos o suegros, por no satisfacer la dote deseada. Sólo un tercio de los acusados son condenados, lo que no deja de ser un porcentaje respetable en comparación con la impunidad de Pakistán. El pasado septiembre, el Tribunal Superior de Madhya Pradesh ratificó la pena de muerte para el hindú que el año pasado asesinó a hachazos a sus cinco hijas tras discutir por unas tierras con sus dos esposas.

2-X-11, J.J. Baños, lavanguardia