el PRI mantÚ el Poder (i recuperarÓ el Govern)

En el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se respiran aires de triunfo. Y aunque todavía faltan diez meses para las presidenciales, algunos de sus jerarcas presumen ya de una fuerza electoral "maciza y sólida", lista para reconquistar el Gobierno federal perdido en el 2000, tras casi siete décadas de poder hegemónico en México.

Su euforia no viene de un ejercicio de autocrítica por los abusos del pasado o de una reformulación ideológica. Viene de las prosaicas encuestas; de la pujanza que el virtual candidato del PRI obtiene en cada sondeo que se publica en este país.

Enrique Peña Nieto, ex gobernador del Estado de México - el más poblado y la mayor reserva de votos del país-confirmó hace siete días su esperado anuncio: va a competir por la designación presidencial del antiguo partido único, sinónimo de corrupción y autoritarismo, y se presenta como la encarnación del nuevo PRI.

Pero ¿existe tal cosa? ¿Ha alumbrado una nueva generación de dirigentes? ¿Qué proponen? ¿Para qué quieren el poder? "Hay una nueva situación política, que no es lo mismo que un nuevo PRI", advierte la politóloga María Amparo Casar, que con otros tres analistas explica a La Vanguardia las claves del ímpetu priísta. En su opinión, el partido "que nunca perdió el poder, sólo perdió la presidencia, se ha adaptado a la nueva distribución de fuerzas en el legislativo y a las instituciones que ahora limitan al ejecutivo".

La autenticidad de la vocación democrática del PRI plantea dudas, si bien al electorado parece preocuparle poco. En el último informe de Consulta Mitovsky, publicado en agosto, el PRI obtiene el 39% de las preferencias, seguido del oficialista Partido Acción Nacional (PAN), con el 19%, y del populista de izquierda Partido de la Revolución Democrática (PRD), que logra el apoyo del 14% de los electores.

Desde el pragmatismo, el historiador Héctor Aguilar Camín apunta que "el PRI aprendió las técnicas de la democracia electoral, aunque mantiene buena parte de las viejas prácticas clientelares. Hay una camada de jóvenes tecnócratas, no muy numerosa, pero de excelente nivel. El partido cuenta, además, con una nueva ingeniería electoral, moderna y desarrollada, que le permite hacer mapeos y establecer tendencias con gran precisión. Y, sobre todo, tiene muchísimo dinero. Por su presencia parlamentaria y la cantidad de gobiernos locales que controla, es el partido con mayores recursos".

Pero más allá del método, los expertos alertan sobre los interrogantes que plantea lo que el académico Sergio Aguayo califica de "vieja escuela con fachada mercadotécnica". Porque nadie se aventura a caracterizar el nuevo programa electoral del partido si no es como "una nebulosa acompañada del discurso demagógico clásico", en palabras de Casar.

"A Peña Nieto le falta responder a la pregunta de para qué quiere el poder", añade Aguilar Camín coincidiendo con Aguayo, que, sin embargo, enfila un poco más lejos: "La gran pregunta del 2012 no es quién va a ganar sino qué va a hacer el que gane con la terrible herencia que deja la alternancia. La democracia mexicana está en una crisis sistémica atroz, con más del 40% del territorio nacional en manos del crimen organizado, con las desigualdades de siempre y con una cultura democrática polarizada, donde no más del 20% de los ciudadanos participa en los asuntos públicos".

26-IX-11, E. Sabartés, lavanguardia