Mireille Jospin: una muerte anunciada

Mireille Jospin: una muerte anunciada

La hermana de Jospin narra el suicidio planificado de su madre.

Óscar Caballero, LV, 3-X-2004.

"La muerte se aprende, como todo lo demás. Cuando yo era pequeña mi madre me enseñó a coger una cuchara. Esta vez me enseñó la muerte; su propia muerte". Comadrona célebre, Mireille Jospin, 92 años, madre de Lionel Jospin, ex primer ministro de Francia, y de una personalidad del mundo cultural parisino, la escritora Noëlle Châtelet, planificó y comunicó su despedida antes de suicidarse el 6 de diciembre del 2002. La dernière leçon (La última lección; Seuil) narra la vitalidad de esa muerte anunciada.

Porque Mireille Jospin no era depresiva, no padecía ni alzheimer ni algún otro mal incurable. A sus 86 años recorría Mali de arriba abajo para auxiliar a las comadronas locales en sus partos.Yhasta los noventa pasó la noche de fin de año con colegas y enfermeras en las salas de parto de los hospitales de París. Más que de una hija escritora o de un hijo primer ministro, se jactaba de no haber perdido jamás un bebé durante un parto. Pero como lo resume la hija, "se trata de algo muy sencillo: no escogemos la fecha de nuestro nacimiento, pero podemos decidir la de nuestra muerte". Además, Mireille Jospin pertenecía a la asociación por el derecho a una muerte digna.

"Aparte de mi madre, no he conocido a nadie que haya redactado y enviado las esquelas de su propia muerte", comenta la viuda del filósofo François Châtelet. Y explica que "no sólo la quería muchísimo, también la admiraba. No hay palabras para expresar lo que significó para mí y para todos aquellos que la conocieron. Digamos que me ha hecho falta el libro entero para dejar entrever su fuerza, su belleza. Pienso en su cara, todo arrugas; en la luminosidad de sus ojos. Era una mujer libre que, tranquilamente, ejerció su derecho a escoger. Yo me resistí, un poco, sí. Pero sabía que terminaría por ceder. Porque tampoco para ella era fácil el gesto. En el fondo nos pedía que la ayudáramos". Un apoyo moral, ya que la ley impide cualquier colaboración material. "Pero hasta el final comunicamos, por teléfono".

El libro no es una defensa del suicidio, sino "la singular historia de una futura huérfana de 60 años y su madre, que deben aprender a separarse. La posible historia del cómo morir; una historia individual pero también universal". Hacía 20 años que Agnès, Lionel, Olivier y Noëlle, los cuatro hijos, conocían la decisión de su madre. Pero cuando los reunió para formalizar el gesto ("tengo 92 años; llegó el momento de partir, antes de que se instale el deterioro"), el anuncio "fue una frase guillotina. Dejó caer la fecha en seis palabras de acero, afilado con paciente constancia durante años", escribe Noëlle Châtelet.

Premio Goncourt de relatos por Histoire de bouches, en 1987, autora del sorprendente La aventura de comer (su tesis de filosofía, dirigida por Gilles Deleuze) y profesora en la Sorbona, la escritora salpica su relato con los pequeños hechos de los últimos tres meses, sobredimensionados por lo que significaban. En el apartamento que habitaba sola, tras la muerte del marido, Mireille puso una etiqueta en cada objeto, con el nombre de cada uno de los hijos. Por primera vez no llamó a la hija para felicitarle el cumpleaños ("para que me habituara a su ausencia"). Otro día, le pidió que le leyera la carta de despedida que debía ser enviada tras su muerte. Y le llamó para recordarle que en su próxima visita le pidiera sus cuadernos de escolar. "¡Ah!, y sobre todo tus trenzas"...

En fin, el día en que buscaron el viejo camisón, el más gastado. "Te das cuenta de que me van a encontrar así; ¿qué pensarán de mí?".Yante lo incongruente de la escena "rompimos a reír". De tales complicidades nació la idea del libro. "Confío en ti", autorizó la madre, que "seguramente quería que su última lección, la más hermosa que me enseñó, no quedara entre nosotros".

"Comadrona, mi madre me obligó siempre a contemplar el cuerpo en todas sus metamorfosis. La última lección fue que la muerte, como el nacimiento, puede ser una liberación. Me obligó a cumplir pequeños duelos simbólicos, a través de los objetos, para inmunizarme contra la violencia del duelo real. Toda esa iniciación tuvo un objetivo evidente: combatir el espanto".



Una ley para morir dignamente

El día en que se comenzaba a vender el libro de Châtelet, el ministro de Sanidad, Philippe Douste Blazy, anunciaba una proposición de ley que, sin despenalizar la eutanasia, "enmarcará las condiciones en las que los médicos podrán abreviar el sufrimiento de los enfermos desahuciados". Douste Blazy emplea los mismos términos de la asociación internacional: "El derecho a morir dignamente". Pero su ley sólo se refiere a enfermos terminales.Ypretende "acabar con una hipocresía inaceptable. Cuando un médico administra una dosis de morfina potencialmente mortal para aliviar el dolor, respeta el código deontológico que se opone al encarnizamiento terapéutico. Pero se arriesga a un juicio". La ley prevé mutiplicar las "unidades específicas, lechos hospitalarios de cuidados paliativos debidamente identificados", para "garantizar uno de sus artículos, el que prevé que la decisión letal debe ser colegiada".