Vietnam roman lluny dels Drets Humans

La cárcel vietnamita de Ba Sao, situada en  las afueras de Hanói, al norte del país, perdió el lunes a uno de sus huéspedes más veteranos, si no el más antiguo. Se trata de Truong Van Suong, condenado a cadena perpetua por espionaje por la justicia vietnamita.

El fallecimiento de Suong, víctima de una dolencia cardiovascular a los 68 años de edad y tras permanecer prácticamente la mitad de sus vida (33 años) encarcelado, ha puesto de relieve las duras condiciones que sufren los reclusos condenados por motivos ideológicos.

Truong Van Suong, que fue detenido y condenado a cadena perpetua en 1983 acusado de traición por las autoridades vietnamitas, "murió sólo separado de sus familia y de sus amigos", recordó ayer el director para Asia de Human Rights Watch, Phil Robertson, en una nota.

Sus lamentos vienen a cuento de que Suong, que desde noviembre del 2010 estaba ingresado en un hospital a causa de su enfermedad, fue obligado a volver a la cárcel el pasado agosto. De nada sirvieron las objeciones de su familia sobre la debilidad de su corazón. El corazón de este ex oficial del ejército de Vietnam del Sur que luchó al lado de la tropas de EE. UU. contra el Vietcong, se paró veintidós días más tarde.

Su muerte se suma a la del también preso político Nguyen Van Trai, que murió el pasado mes de julio en la cárcel de Xuan Loc tras 15 años de reclusión.

"Las muertes de Nguyen Van Trai y Truong Van Suong son una señal de advertencia a las autoridades vietnamitas. El Gobierno debe liberar a todos los presos políticos sin condiciones, dando prioridad a aquellos con graves problemas de salud", señaló Human Rights Watch en una nota.

El Gobierno de Vietnam refutó las acusaciones. Precisó, a través de un comunicado, que Suong había regresado a la cárcel "después de que su estado de salud se estabilizara" y que murió "a pesar de ser objeto de un tratamiento médico completo".

La muerte de este vietnamita coincide con la presión que ejerce EE. UU.. sobre Vietnam para que mejore la situación de los derechos humanos. Hanói, por su parte, no reconoce la existencia de reclusos políticos. Considera que se trata de personas que violan la ley y son procesados en consecuencia. El régimen comunista vietnamita aplica el Código Penal a toda persona que critique públicamente al Gobierno o al país. En este sentido, en los últimos meses ha endurecido la represión contra las voces críticas, como abogados, escritores o blogueros. Según el Comité de Derechos Humanos de Vietnam, en las cárceles del país hay al menos 258 reclusos por motivos ideológicos.

El Gobierno vietnamita se defiende de las críticas recordando que cada año amnistía a miles de presos, condenados por delitos comunes, con motivo del día de la independencia. Este año ha liberado a 10.535, cinco de los cuales cumplían condena por violar la seguridad nacional.

14-IX-11, I. Ambrós, lavanguardia