´Rescates... ¿y Chipre?´, Valentín Popescu

Falta el canto de un duro para que la República de Chipre sea el cuarto país - tras Irlanda, Portugal y Grecia-de la Unión Europea al que la comunidad salve de la bancarrota con un elevado préstamo de urgencia. Mientras tanto, el Gobierno en pleno ha dimitido y está negociando un eventual Gabinete de unidad nacional. Pero no ha sido tanto la mala gestión financiera de la coalición gubernamental de Dimitris Christofias - formada por los comunistas de AKEL, mayoritarios, y los centristas del DIKO-lo que ha provocado la crisis como la incompetencia supina con que se gestionó el polvorín de Limasol, el mayor puerto de la isla.

Este polvorín era en realidad un cargamento de munición y armas requisado hace dos años a un buque que lo llevaba de Irán a Siria, desafiando las sanciones de la ONU contra Teherán. El Gobierno de Christofias lo había depositado a la buena de Dios - con una vigilancia y un mantenimiento mínimos - en las inmediaciones de la central de Vasilikos, que genera más de la mitad de toda la energía eléctrica consumida en Chipre. Las repetidas advertencias de bomberos y militares del peligro que suponía el descuido del polvorín y su emplazamiento fueron omitidas por el Gobierno. Hasta que el 11 de julio el polvorín estalló, mató a 13 personas y dañó gravemente la central de Vasilikos. El suministro eléctrico se ha reducido drásticamente y los daños causados por la explosión se valoran en el 17% del PIB chipriota de este año. Tan sólo la reparación de Vasilikos costará como mínimo 2.000 millones de euros. Y esto ya es demasiado para un pequeño país que produce poco y gasta mucho y, para colmo, se desenvuelve económicamente dentro de la zona de influencia griega. Por razones electoralistas e ideológicas, Christofias no ha podido - si es que lo ha intentado-reducir la deuda pública (que el año pasado fue del 5,3%; el anterior, del 6%, y este, sin contar la catástrofe de Limasol, debería ser del 4%) y los gastos gubernamentales. Y los pocos ahorros conseguidos a base de recortes en salarios y beneficios sociales del funcionariado han creado una ola de protestas. Estas son tan vehementes a causa del gran número de personas afectadas: ¡cerca de un tercio de la población laboral chipriota está en la nómina del Estado!

La desidia del Gobierno no se limitó al polvorín de Limasol, sino que abarcó también las actividades de la banca, al permitir que comprase 31.000 millones de euros de deuda pública griega (¡el 170% del PIB chipriota!). AKEL, partido mayoritario de la coalición gubernamental, con 28 de los 56 escaños del Parlamento chipriota, intentó capear todos estos problemas sin apearse del poder, pero la dimisión de los dos ministros del partido centrista DIKO provocó la crisis. Ahora Christofias trata de formar un Gabinete de unidad nacional. Así, según las especulaciones suyas y de AKEL, le resultará más fácil imponerle unos años de sacrificios económicos a la población sin perder el poder político.

5-VIII-11, V. Popescu, lavanguardia