AVE sense passatgers per a ciutat (Valdeluz) sense habitants

Cuando esta semana se supo que Renfe cerrará  la línea del AVE entre Toledo, Cuenca y Albacete por falta de viajeros -sólo tenía dieciséis pasajeros al día; siete y nueve, respectivamente, hacia cada ciudad de destino- una mayoría de españoles se preguntó quién la había planificado o dónde estaba el estudio de demanda.

El desplome de la economía y su dilatado estancamiento están poniendo al descubierto la crudeza del relevante número de importantes infraestructuras en las que se han invertido miles de millones de euros y cuya rentabilidad está quedando muy en entredicho.



Todas se pusieron en pie al calor de un ciclo de crecimiento que parecía no tener fin y que daba por sentado que cualquier gran obra sería recibida con enormes albricias por una ciudadanía sedienta de volar en low cost,de quemar distancias a 300 kilómetros por hora a lomos del AVE, o de olvidar los atascos como un vestigio del pasado.

Quizá una de las cumbres de ese despropósito es la estación del AVE de Guadalajara-Yebes. El nombre compuesto no es gratuito, pues en realidad la estación está a 11 kilómetros de la capital provincial, en el municipio de Yebes.

A pesar de su proximidad a Madrid - incluso está integrada en el mapa de cercanías madrileño-,el entonces presidente de Castilla-La Mancha José Bono impuso que todas las capitales de la autonomía tuvieran su estación de AVE. La realidad del día a día es que el flujo de pasajeros en esos andenes está en torno a 200 diarios, según la cifras que Renfe facilitó al término de 2010, lo que no justifica de ninguna manera su existencia.

Pero la historia no termina ahí. En torno al apeadero comenzó el desarrollo de la que se denominó Ciudad Valdeluz. En medio de un desierto se inició la edificación de viviendas que iban a albergar hasta 30.000 personas que tendrían Madrid "a tiro de AVE". En 2007, cuando ya se habían construido los primeros edificios y la crisis todavía esta lejana, los vendedores inmobiliarios incluso anunciaban la puesta en servicio de lanzaderas AVE a precios económicos.



Sin embargo, Ciudad Valdeluz es hoy un racimo de edificios desperdigados donde los carteles de Se vende dejan entrever la triste historia de quienes creyeron que el futuro no acabaría nunca y el presente empezaba a 10 kilómetros de Guadalajara.

También hubo un tiempo en que todas las ciudades españolas consideraron un derecho disponer de su propio aeropuerto con los destinos low cost más peregrinos. Los de Ciudad Real y Castellón son los casos más evidentes del despropósito. El primero fue decisivo en la intervención de la caja de ahorros autonómica y no es extraño, pues este año registra una media de 52 pasajeros al día, dejando en ridículo los 1.100 millones de euros invertidos en su construcción. El segundo, en donde todavía no ha aterrizado un sólo avión, se ha terminado en pleno socavón de la crisis contra viento y marea. Pero no son los únicos. Otros registran uno odos vuelos diarios, poniendo en entredicho tanto la inversión como su costoso mantenimiento.

Tampoco son baratas las autopistas. En Madrid se construyeron hasta cuatro radiales de peaje, cuyo tráfico inferior a 30.000 vehículos/ año nunca ha justificado las inversiones. Fomento admite que están en números rojos y que las pérdidas acumuladas superan los 3.000 millones de euros.

Alguien tendrá que pagar el desfase algún día. Porque quienes invitaron al festín se han quedado sin fondos. Eso sí, al menos han dejado los restos.

3-VII-11, L. Izquierdo, lavanguardia