entrevista al poeta mexicŕ Javier Sicilia, víctima del narcoPoder

El poeta mexicano Javier Sicilia ha convocado una nueva protesta ciudadana contra la violencia y la guerra. Tras el asesinato de su hijo por presuntos sicarios del narco, el viernes inició una marcha de 80 kilómetros desde Cuernavaca hasta México D. F. Se ha convertido en un llamamiento nacional que hoy domingo llega al Zócalo de la capital.

¿Por qué esta nueva movilización?

Más allá de posiciones políticas, la sustancia de la convocatoria de un poeta es por la unidad. Mallarmé decía que el poeta es la voz de la tribu, en la que se reconoce un pueblo. Los problemas que hoy vive México superan cualquier agenda o ideología, piden un acuerdo nacional para exigir soluciones a las autoridades, porque el Estado no cumple su función primordial de cuidar a la ciudadanía. A toda.

¿Cuáles son sus demandas?

Son un llamamiento a la responsabilidad pública. La clase política cree que tiene un cheque en blanco, también por la falta de exigencia de los ciudadanos, que están poniendo los muertos en una guerra que los tiene totalmente desprotegidos y en la que nadie recibe justicia. Necesitamos mecanismos para que la sociedad civil pueda fiscalizar a las instituciones y haya un coste político; la posibilidad de revocar el mandato… Instrumentos para vigilar y, llegado el caso, castigar a nuestros gobernantes.

¿Qué le dijo el presidente Felipe Calderón cuando le recibió, el pasado 6 de abril?

Que había cometido muchos errores, aunque no los precisó. El tema de la conversación era la inseguridad y la muerte de mi hijo. Así que tengo el derecho de deducir que me estaba hablando de su estrategia sobre el combate contra el crimen organizado. Él lo sabe. Cargar en la conciencia con 40.000 muertos, más los que vengan, es como para reflexionar.

¿Calderón admitió que se ha equivocado?

Sí. Aunque le queda poco y creo que está muy acorralado, incluso mentalmente. No se permite pensar otra cosa que no sea mantener el statu quo. Pero la sociedad civil logró detener días atrás la nueva ley de seguridad nacional que pretendía legalizar la militarización de la lucha contra el crimen.

¿No hay entonces un pulso entre usted y el presidente?

No es un pulso. Es una llamada de atención a un Estado que no nos protege. Vivo en una sociedad que se basa en instituciones republicanas y les reclamo que no están cumpliendo su cometido, que se están pudriendo, y eso les lleva a coludirse con el crimen. El Estado ha sido cooptado.

También les reclama a los capos y a los militares…

 
Les pido que establezcan códigos de honor. Antes las mafias eran selectivas, no se metían con la población. Apelo al resto de humanidad que pueda quedarles. Si no en los sicarios, sí en quienes deben controlarlos.

¿Cree que le escuchan?

Los capos no lo sé, porque su gente sigue matando sin freno. Pero el ejército es sensible a los derechos humanos.

¿Y los políticos, los partidos?

 
También deben escucharnos. De la izquierda a la derecha, todos son de algún modo cómplices y parte del problema. Calderón, con su estúpida guerra, destapó las alcantarillas. Pero también son responsables el PRD con su narcodiputado,los últimos gobiernos del PRI y el primer presidente de la democracia, Vicente Fox, que en lugar de fortalecer las instituciones se dedicó a administrar las alcantarillas.

Usted dice que la guerra contra el crimen está mal planeada, mal dirigida y mal ejecutada. Aun así, ¿era necesaria?

No. Si el combate se hubiera librado en las instituciones con una reforma del Estado, si se hubiera atacado el narcotráfico como un problema de salud pública, si se hubiera perseguido el lavado de dinero, hubiéramos podido evitar la guerra. Sacar el ejército a la calle es una imprudencia, los militares no están preparados para hacer labores policíacas. Pero una vez fuera, obligaron a las organizaciones criminales a armarse todavía más. Estamos en emergencia nacional, en una espiral descendente que nos va llevando al infierno, con un planteamiento puritano de buenos contra malos. La cosa no es así. El tejido social está roto.

¿Qué sectores le apoyan?

Muy diversos. Tenemos la simpatía de congregaciones religiosas, de organizaciones sociales de todo signo que luchan contra la delincuencia, de la comunidad universitaria…

¿Y los empresarios, tan castigados por la inseguridad?

Hemos recibido algunas adhesiones, pero la simpleza que se ha dicho de que esta marcha la convoca la izquierda les ha puesto en guardia. Vamos a trabajar para convencerles de que se sumen y no se asusten porque los zapatistas dicen que nos apoyan. Debemos romper ese cerco ideológico. Esto es el arca de Noé, hemos de ir todos.

8-V-11, E. Sabartés, lavanguardia