´Ilusión y decepción´, Lluís Foix

Me encontré hace unos días con Carod-Rovira en la presentación del libro sobre la historia del monasterio de Vallbona de les Monges, última aportación de Josep Maria Sans Travé a lo que ha sido la presencia secular del Císter en Catalunya. La abadesa Anna Camprubí presidía el acto y el vicepresidente Carod, amigo y frecuente visitante del monasterio, tomó la palabra haciendo un guiño a la abadesa situándose en el ámbito de los "que creemos que no creemos" y resumiendo el contenido del libro que él mismo ha prologado y que ha sido editado por el infatigable y fecundo Lluís Pagès.

No está de moda hablar de Carod-Rovira, que ha cometido errores de bulto en los dos cargos que ha ocupado en los tripartitos de Maragall y Montilla. En una encuesta reciente aparecía como el personaje más odiado en España, una exageración demoscópica que, entre otras cosas, no le permite pasearse tranquilamente por lugares públicos del resto de España.

Ha obtenido los mejores resultados de ERC en la democracia y ahora se dispone a abandonar la política activa si se tiene en cuenta que no va a figurar ni siquiera en las listas del partido que en su día presidió y ni tampoco va a participar en la campaña. Seguirá como vicepresidente hasta el final de la legislatura, pero su poder en el partido es prácticamente residual y en el Ejecutivo de Montilla su papel se asemeja al de un convidado de piedra.

Me interesan ahora sus declaraciones porque no tiene nada que perder ni ganar. Ha dicho este mes de agosto que podría darse el caso de que en el momento en que el independentismo parece un movimiento imparable, los resultados electorales estuvieran por debajo de los actuales en representación parlamentaria.

Las divisiones entre la Esquerra de Puigcercós y las ambiciones por separado de Laporta y Carretero pueden traducirse en menos de los 21 diputados independentistas actuales. Carod advierte del peligro de la independencia fácil, rápida y emotiva. Es oportuno leer el libro de Àlvar Thomàs y Jordi Manent, también de la fábrica de Pagès, en la que estos dos autores nacionalistas hablan de La temptació independentista, con un análisis crítico de la radicalización del nacionalismo catalán. Repasan las sucesivas explosiones de ilusión y las posteriores grandes decepciones de los últimos siglos. Sin unidad y con populismo barato, la independencia queda lejana.

31-VIII-10, Lluís Foix, lavanguardia