difícil camí vers la reforma electoral al Regne Unit

Los dos primeros meses de Gobierno de coalición han sido todo lo plácidos que razonablemente cabía esperar en tiempos de crisis, sin que al menos por el momento se cumplan las plagas apocalípticas que vaticinaba el Labour. La hora de la verdad será el invierno, cuando los recortes empiecen de verdad a escocer, sobre todo a quienes dependen de la legendaria generosidad del estado del bienestar británico.

Pero lo que ya está claro es que el pacto para hacer el Reino Unido gobernable es mucho más amable con David Cameron que con Nick Clegg, y que el desgaste del poder afecta mucho más a los liberal demócratas que a los conservadores. Es al socio minoritario al que se le acusa de traidor por suscribir políticas fiscales, presupuestarias, de defensa y de inmigración que no figuraban ni mucho menos en su manifiesto electoral, y que resultan repugnantes a muchos de sus votantes tradicionales. Si hoy hubiera elecciones, los libdem se hundirían.

Precisamente por eso el viceprimer ministro Nick Clegg ha anunciado en la Cámara de los Comunes que el 5 de mayo del año que viene se celebrará el referéndum sobre el cambio de sistema electoral británico que fue su condición sine qua non para apoyar a los tories.La consulta coincidirá con los comicios municipales en diversas regiones inglesas, y los autonómicos en Escocia, el País de Gales e Irlanda del Norte.

Esta concurrencia de fechas no ha hecho ni pizca de gracia a los partidos nacionalistas de Cardiff y Edimburgo, que consideran es un modo de ningunear sus procesos democráticos. La explicación de Clegg es que la razón es ahorrar dinero en tiempos de crisis, y simplificar la organización del referéndum cuyo montaje resultaría oneroso y complejo.

La pregunta al electorado será si está de acuerdo o no con sustituir el actual sistema mayoritario por otro más proporcional. No está claro que el sí vaya a ganar en el referéndum. Un Labour descabezado encuentra su razón de ser en denunciar la colaboración de los liberal demócratas con los tories,y es probable que haga campaña en contra. Y lo mismo un número muy considerable de conservadores, empezando por el propio David Cameron. Su compromiso con Nick Clegg es sacar adelante en los Comunes la legislación que haga posible la consulta, pero a partir de ese momento los tories tienen luz verde para votar como quieran y defender lo que quieran.

El dilema es qué pasará si la reforma (que también prevé reducir de 650 a 600 el número de diputados y ampliar las legislaturas a cinco años) es rechazada, y si los libdem abandonarían entonces la coalición y forzarían elecciones anticipadas. Pero antes hay que ver qué pasa en el invierno, qué consecuencias tienen los recortes de entre el 25 y el 40 por ciento que prepara el Gobierno, cuál es el impacto sobre los servicios sociales, si hay huelgas o paz social, y cómo digieren los británicos la estricta dieta que se las va a imponer. En política diez meses son una eternidad.

6-VII-10, R. Ramos, lavanguardia

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