14 aniversari de la matança d´Srebrenica (don´t forget!)

Hasam Hosanovid está escribiendo una historia de ficción. Una historia de ficción brutalmente real. La historia de una niña de ocho años de la que no sabe nada. De ella sólo tiene una foto, algunos objetos personales y los restos de su cadáver y el cadáver de su hermana, también niña: todo lo que ha salido de la fosa común a la que fue arrojada hoy hace 14 años.

Hasam trabaja de cooperador en Potokari, el memorial a los más de 8.372 musulmanes bosnios asesinados en julio de 1995 en la comarca de Srebrenica: el mayor genocidio en Europa después del holocausto.

La matanza la perpetró el Ejército de la República Srpska bajo las órdenes de Ratko Mladic y la ayuda de paramilitares serbios. Todo dentro de una zona protegida por la ONU: 400 cascos azules holandeses, sin saber qué hacían, ayudaron a los paramilitares serbios a separar hombres de mujeres. El objetivo era eliminar a todos los varones, pero la masacre también se llevó la vida de ancianos, mujeres y niños.

Hasam desprende una paz y un consuelo infinitos. Los cadáveres de su padre y sus hermanos ya han sido identificados, y desde hace seis meses escribe el cuento que supongo hermoso sobre la historia de esa niña que nunca conoció. Hasam se la imagina, porque nadie sabe su nombre, nadie la ha reclamado - ni a ella ni a su hermana-,y por eso no será enterrada como sí lo serán los 534 cuerpos identificados por ADN este año. El más joven que se enterrará en la ceremonia de hoy tenía 14 años: hoy tendría 28 años.

Hoy Srebrenica huele a tierra y a piedra mojada, y como cada 11 de julio, centenares de familias venidas de toda Bosnia han llegado al memorial, con sus 2.681 tumbas de víctimas ya identificadas.

Aunque no llueva, aunque pueda brillar el sol. La gente ya no llora, espera. La gente reza. Los hombres bajo la roseta, las mujeres apartadas, en el césped, con los pañuelos de colores cubriendo sus cabezas.

Con la foto de la niña, porque sólo tiene eso, entre los centenares de familias bosnias que hoy recordarán y esperarán en Potokari, Hasam buscará alguna pista sobre su identidad: hoy tendría 22 años.

Los militares, en sus tiendas idénticas, motean el océano de gente de un verde pardoso y asustado. Llevan semanas con los preparativos y hoy ya se les ve casi anulados. Hay familias que rezan, militares, holandeses, serbios, memoria.

No hay que olvidar Srebrenica. Pero tampoco hay que olvidar que ni la orquestra ni la Universidad de Sarajevo tiraron la toalla, que su festival de cine nació bajo una lluvia de metralla y que bajo esa misma lluvia Susan Sontag dirigió Esperando a Godot.

Ni tampoco hay que olvidar que fueron los habitantes de Sarajevo los que salvaron todos los libros que aún existen de su gran biblioteca. Y que quizá un día, entre esos libros, haya uno que nos explique la inexplicable historia de esa niña de ocho años.

11-VII-09, M. Delatte, lavanguardia

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