"La política exterior y de seguridad de China en Asia-Pacífico", Alvaro Gluckmann

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published on April 15th, 2015 | by Alvaro Gluckmann 0

Según el General norteamericano Martin Dempsey (Dempsey, 2011) el poder y la influencia requieren tres pilares de fuerza: el diplomático o político, el económico y el militar. El pilar económico es el más influyente, tanto para dar poder como para arrebatarlo, además de fortalecer y debilitar los otros dos pilares. Por ejemplo, la crisis económica en Europa, especialmente en los países del sur, les ha llevado a reducir sus presupuestos militares notablemente, por lo tanto un declive en la esfera económica ha provocado un declive en su esfera militar, reduciendo en consecuencia su poder e influencia a nivel internacional. Esta crisis se ha producido además en un contexto de crecimiento económico de los países emergentes, especialmente en el área de Asia-Pacífico. El  desarrollo económico de la región se ha traducido inevitablemente en un fortalecimiento a nivel político y a nivel militar. En definitiva, en su poder e influencia en la escena internacional.

Desde las intervenciones en Afganistán (2001) e Irak (2003) y tras la grave crisis económica y financiera mundial que ha azotado al mundo (y sobre todo a los países industrializados)  desde 2007-2008, el poder de Estados Unidos se ha resentido en casi todos los ámbitos. Pese a seguir siendo la primera potencia militar mundial, la economía más desarrollada del planeta y un enorme exportador cultural, la potencia norteamericana no es tan visible como lo era hace unas décadas.

Siendo Oriente Medio la región estratégica principal para los intereses energéticos, políticos y económicos del país desde hace décadas (tras la Guerra del Golfo de 1991), la región asiática, y especialmente Asia-Pacífico, han ido ganando peso en el ámbito internacional y en la política exterior norteamericana. En esta región encontramos algunos de los principales países emergentes como India, Corea del Sur, Indonesia, Malasia, y sobre todo, el gran gigante asiático: China.

La emergencia de China en el panorama internacional (posible gracias a un extraordinario desarrollo y crecimiento económico constante desde hace varias décadas) ha supuesto un gran obstáculo para la hegemonía norteamericana tanto a nivel regional como mundial. Con una economía en constante crecimiento, unas fuerzas armadas modernas y adaptadas al siglo XXI, y una cada vez más importante presencia política y diplomática tanto a nivel regional (ASEAN, APEC, ARC, Organización de Cooperación de Shanghái) como internacional (OMC, Naciones Unidas, Consejo de Seguridad de la ONU), la emergencia y proyección de China en el mundo ha sido visto como una posible amenaza para la seguridad de la región y del sistema internacional.

La política exterior china se ha caracterizado por una proyección de su papel en el sistema internacional (intentando cambiarlo puesto que este no fue creado contando con su presencia), el mantenimiento de su integridad regional y de sus rutas de abastecimiento en recursos naturales y materias primas (vitales para el desarrollo chino) y la voluntad de erigirse como potencia regional y a la vez internacional. Este planteamiento ha llevado a muchos Estados asiáticos a percibir el resurgir de China como una amenaza para la seguridad y la estabilidad de  la región.

Del mismo modo, Estados Unidos ha contemplado como China emerge con la voluntad de convertirse en el actor principal en Asia-Pacífico, posición que puede modificar el status quo actual y que no parece ser del agrado de la diplomacia norteamericana.

 Estados Unidos no quiere dejar pasar la ocasión, y tras haber sido Oriente Medio la región dominante en su política exterior durante décadas, está decidido a realizar un cambio estratégico hacia el pivot regional de Asia-Pacífico, donde todos los factores y problemas del siglo XXI parecen converger.

En la primera parte del trabajo, nos centraremos en el papel de China, su ascenso como actor internacional, y la proyección de su política exterior en el Pacífico occidental. La segunda parte del trabajo se centrará en el giro estratégico de la diplomacia norteamericana hacia la región de Asia-Pacífico. La convergencia de intereses de ambos actores han convertido a la región en el nuevo centro geoestratégico global.

Por lo tanto, con una Europa en decadencia, y con la región de Asia-Pacífico como nuevo motor de la economía mundial provoca que se convierta en el nuevo centro de la geopolítica internacional. Lo cual ha llevado a algunos autores a preguntarse si estamos asistiendo al ascenso de una nueva bipolaridad, entre Estados Unidos y China (Sahagún, 2013).

Entre los países emergentes China es el caso más destacado, otra de las razones por las que el centro de gravedad de la política internacional se está trasladando hacia el Pacífico occidental. China ha basado su crecimiento en el comercio internacional principalmente en las exportaciones, lo cual está transformando el comercio mundial. Desde el inicio de su proceso de reformas a principios de la década de 1980, China ha crecido a un ritmo espectacular hasta convertirse en uno de los motores principales del crecimiento global. La cuota de China en las exportaciones mundiales pasó del 5% en 1999 al 14% en 2009. El puerto de Shanghái se convirtió en 2009 en el segundo puerto de contenedores más grande del mundo. Además, el comercio entre los país del Sur incrementa su importancia, y China está siendo protagonista en este proceso. El comercio denominado sur-sur representaba un 3% del comercio mundial en 2003, en 2011 representaba ya el 6%. China se ha convertido en el segundo socio comercial del continente africano, después de Estados Unidos, pero ya ha superado a países como Francia y Reino Unido.

Son justamente los importantes lazos económicos desarrollados por China con sus vecinos y el resto del mundo, los que han provocado que tras el hundimiento de Lehman Brothers (2008), y con la consecuente crisis financiera mundial, el Gobierno chino diese un paso al frente en la esfera internacional, que supuso un marcado giro en su política exterior. El Partido Comunista Chino (PCC) asumía que el orden internacional impuesto tras la Segunda Guerra Mundial, en el que China no había participado, había llegado a su fin, y que urgía la construcción de una nueva arquitectura multipolar en la que China tomaría un papel central (Higueras y Rumbao, 2013: 2). En este sentido, consideró que era el momento de hacer uso de su diplomacia, sus Fuerzas Armadas y sus instituciones de seguridad para proteger sus objetivos estratégicos, siendo capaz de darles una nueva fuerza con sus crecientes recursos económicos. Como consecuencia, a partir de entonces, se han multiplicado los conflictos en los mares del Este y del Sur de China hasta convertir la zona en una de las más calientes del planeta.

El nacionalismo creciente, no solo en China, sino también en Japón y otros países del entorno, hizo que los miedos respecto al ascenso de China se hayan traducido en un rearme militar. Por ejemplo Japón, un país que desde el final de la Segunda Guerra Mundial había visto limitadas sus capacidades militares y siempre bajo la supervisión de EEUU, ha decidido poner final a dichas restricciones bajo el gobierno de Shinzo Abe (Hayashi, 2014). La desestabilización de la región y la conflictividad entre países de la zona pueden traducirse en un freno al crecimiento económico de la zona, provocando el estallido de una guerra fría en Asia.

Durante la última década, el presupuesto militar chino ha aumentado a una media de dos dígitos anuales. En 2012 ascendió a 80.423 millones de euros, lo que supone un incremento del 11,2% con relación al año anterior. Aunque debemos tener en cuenta que el gasto militar chino es de aproximadamente el 1,8% de su Producto Interior Bruto (PIB), mientras que el presupuesto militar de Estados Unidos supera el 2% del PIB. Pero sobre todo ha mejorado considerablemente las capacidades de la Armada, que ha desarrollado y probado con éxito un misil balístico capaz de hundir un portaaviones a 2.700 kilómetros de distancia (Higueras y Rumbao, 2013: 3). Además, las fuerzas navales cuentan, entre otros, con 60 submarinos convencionales y seis nucleares con misiles de crucero. Según El International Institute for Strategic Studies (IISS) China ya posee más buques de guerra que los Estados Unidos (The Economist, 2010).

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Ilustración 1. Número de buques de guerra. Fuente: The Economist

La estrategia de seguridad china es un factor clave en el ascenso de la región de Asia-Pacífico como centro de la geopolítica internacional. China ha traducido su imponente ascenso económico en un aumento de su importancia política y militar, por lo que sus intereses estratégicos afectan cada vez en mayor medida al resto de actores internacionales. Por lo tanto, para comprender el futuro siglo del Pacífico y su relevancia es necesario analizar la política exterior y de seguridad china, cuáles son sus prioridades y con qué estrategias pretende conseguirlas, poniendo el foco en el Pacífico occidental.

La estrategia china de seguridad figura en un libro blanco publicado por el gobierno chino el 6 de septiembre de 2011. El documento tiene por título “El desarrollo pacífico de China” considerada como la Estrategia China de Seguridad (ECS) que se estructura en 5 puntos principales (García Sánchez, 2011):

–          La senda del desarrollo pacífico

–          Los objetivos que pretenden alcanzar

–          La política exterior

–          Una elección obligada por la Historia

–          Cómo afecta al resto del mundo

Esta Estrategia se basa en tres principios o conceptos básicos que sirven de base conceptual a la estrategia china.  Una estrategia comprensiva: incluyendo amenazas tradicionales y no tradicionales como el terrorismo internacional. Común: basada en el multilateralismo, y donde las Naciones Unidas (ONU) jugaría un papel central. Cooperativa: una estrategia basada en el diálogo y la negociación, basado en la solución de conflictos de manera no violenta.

El documento respecto a la dimensión exterior muestra su orgullo por el aumento de su poder en el contexto internacional, gracias a lo que denominan su socialismo dinámico, ideado por Den Xiaoping en 1978 Un aumento de poder respaldado fundamentalmente por su impresionante desarrollo económico durante las últimas décadas.

En cuanto a su política de defensa establece que esta es de carácter defensiva, considerando vital la modernización de sus capacidades militares, para la protección de sus 22.000 kilómetros de fronteras y 18.000 km de costa. En cuanto a su entorno regional se refiere, el documento declara que no busca una posición hegemónica ni una determinada esfera de poder, pretendiendo un proceso de integración económica.

Pero si analizamos las acciones reales de China en su política de seguridad y defensa, especialmente en el ámbito de Asia-Pacífico resulta complicado conformarnos con las ideas que figuran en el informe sobre la hegemonía china, que no cuadran con las proyecciones geoestratégicas chinas en la región, especialmente en los mares.

1.1. El resurgir de China como potencia y su reflejo en el ámbito marítimo.

Las reformas económicas impulsadas por Deng Xiaping al final de la década de los 70 y principio de los 80, permitieron la transformación de China, de un país pobre y agrícola a ser la segunda potencia económica del mundo. Dicho crecimiento se ha basado en el comercio internacional y en la explotación intensiva de recursos naturales. Por lo tanto, la región del Pacífico occidental, aparte de por su cercanía, es vital para los intereses del gigante asiático.

El resurgir económico ha provocado que China abandone su tradicional aislamiento del exterior, y se ha convertido en un país con intereses globales y una creciente proyección hacia el exterior. Lo cual implica una profunda trasformación en las necesidades de seguridad y defensa de China, tradicionalmente enfocadas al ámbito terrestre, pero que hoy se expanden principalmente hacia el ámbito marítimo, con el Pacífico como centro de los intereses geoestratégicos chinos. Este cambio está convirtiendo a China en una de las principales potencias navales del mundo, incrementando notablemente su presencia en los mares. Para asegurar el comercio internacional un país debe desarrollar su marina como históricamente hicieron países como Inglaterra, Estados Unidos o Japón (Mahan, 1840), y el caso chino no es diferente en este sentido.

Esta expansión marítima de China va a provocar notables cambios geoestratégicos especialmente en la región del Pacífico occidental y el Índico, convirtiendo esta zona en el centro de los intereses geoestratégicos globales. Además, dicha expansión puede provocar que sus intereses colisionen con los de otras grandes potencias en la región, como Japón, la India, y sobre todo los Estados Unidos. El proceso de expansión marítima chino podría ser uno de los elementos determinantes del escenario geoestratégico global, creando un clima de competición concretamente en el área de Asia-Pacífico.

Históricamente, los imperativos geopolíticos de China han sido básicamente tres (Mackinlay, 2011: 2):

–          Establecer un núcleo cohesionado en las tierras de los chinos Han, entre los ríos Amarillo y el Yangtzé.

–          Asegurar la defensa de esta región central, controlando las regiones periféricas de Manchuria y Mongolia Interior, Tíbet en el sur, Xinjiang en el oeste y las junglas y montañas del sudeste que la separan de Birmania.

–          La defensa de su extensa costa, de unas 18.000 millas.

Por lo tanto, China ha sido principalmente una potencia terrestre que nunca llegó a convertirse en un poder marítimo ya que su geografía y su extenso territorio no lo hacían necesario. Pero la nueva situación China desde finales del siglo XX ha provocado que se convierta en un actor internacional relevante. Al ser el comercio, los recursos naturales y sus regiones costeras las locomotoras del desarrollo chino, ha creado una nueva necesidad de desarrollar su marina y proyectar su poder hacia la zona marítima más inmediata, el Pacífico occidental.

Los intereses marítimos chinos en el pacífico se centran en dos aspectos: la necesidad de asegurar el comercio marítimo y los suministros energéticos, y la defensa marítima. Por lo que el Mar de China, los mares y océanos que rodean el este y sudeste de Asia, hasta el Índico en el oeste y el Pacífico occidental en el este son vitales para los nuevos intereses geoestratégicos chinos. Intereses que pueden entrar en conflicto, especialmente con Estados Unidos que es la gran potencia marítima en la región, con bases en la periferia china, en Japón, Corea y Guam.

La primera de las prioridades marítimas chinas es la defensa de sus regiones costeras, y que tiene como foco Taiwán. La isla se encuentra muy cercana a sus costas, a unas 100 millas de la provincia de Fujian, dividiendo así el mar de China en dos. Además de las islas que se extienden desde Filipinas y el archipiélago Japonés al norte. Estos tres factores conforman la denominada “primera cadena de islas”, ya que su control otorga la capacidad  estratégica de bloquear las actividades marítimas en la zona. Por lo tanto, su importancia es de primer orden para el gigante asiático. Es uno de los factores que ha llevado al empuje chino y conflictos por archipiélagos de la zona como el Spartly (entre Vietnam y Filipinas) y el Senkaku (al norte de Taiwán), dando lugar a tensiones con sus vecinos, y con los Estados Unidos.

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Ilustración 2. Primera y segunda cadena de islas. Fuente: Li, Nan (2009): The Evolution of China’s Naval Strategy

El segundo desafío para China es la protección de las rutas comerciales marítimas, fundamentales para la economía china, principalmente hacia el Pacífico para llegar a Estados Unidos, su mayor socio comercial. Además de las importaciones energéticas y de materias primas que provienen del este, principalmente de Oriente Medio y África, para las cuales son vitales el Estrecho de Malaca y el paso por el océano Índico. Como podemos observar en la Ilustración 2 a continuación, la gran mayoría de las importaciones de petróleo chinas pasan por el Estrecho de Malaca. Los estrechos son esenciales para el control geoestratégico de una región, y el de Malaca para China tiene una importancia de primer orden.

Una de las iniciativas de defensa más relevantes por parte de China ha sido el denominado “collar de perlas” o “strinf of pearls” en inglés, un conjunto de instalaciones marítimas para fines civiles y militares financiadas por el gobierno chino, en zonas del Índico como Gwadar, en Pakistán, Hambantota, en Sri Lanka, o Sittwe, en Birmania. Pese a estos esfuerzos las capacidades chinas siguen siendo muy inferiores a las norteamericanas, pero el incremento de la presencia china en la zona es parte de un ambicioso proyecto Chino, que está invirtiendo notables sumas de dinero en la modernización de sus capacidades marítimas.

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Ilustración 3. Rutas de importación de petróleo chinas. Fuente: EIA

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Ilustración 4. Collar de perlas chino. Fuente: Stratrisks.com

La más reciente de las iniciativas marítimas chinas establece la necesidad de controlar más allá de la primera cadena de islas para llegar a aguas más al oeste en la denominada “segunda cadena de islas” (Li, 2009; Mackinlay, 2011: 6), que se extiende desde Japón, hacia el sudeste, por las islas Marianas y Guam llegando hasta Nueva Guinea. Es especialmente relevante porque el control de aguas tan alejadas de la costa china requiere el uso de medios navales de mayor magnitud como grupos de portaviones y capacidad de reaprovisionamiento en el mar, así como submarinos nucleares, y sistemas avanzados de inteligencia. Por lo que China ha tenido que acometer un proceso de modernización militar naval para dicho fin. China puso en servicio su primer portaviones en septiembre de 2012, aunque los expertos tienen dudas de que pudiese ser utilizado de manera operativa ya que su función principal es de adiestramiento (Perlez, 2012). Además existen planes para la fabricación de portaaviones autóctonos, entre 2 y 4 unidades (Mackinlay, 2011: 7). Pese al desarrollo reciente de la marina china, esta sigue estando a una distancia abismal en cuanto a capacidades respecto a la marina norteamericana, por lo que China aún no puede ejercer un control efectivo más allá de la primera cadena de islas.

1.2. Principales conflictos en la región

La ambición de China es uno de los principales factores que están incrementando la conflictividad en el pacífico occidental. Pekín reclama la soberanía sobre más del 80% del territorio del mar del Sur de China, con una extensión aproximada de 3,5 millones de kilómetros cuadrados. Y una importancia geoestratégica enorme, ya que por el mar del Sur de China circula más de la mitad del tonelaje de la flota mercante mundial, además de un tercio del transporte de petróleo, así como buques pesqueros y militares. Dichas partes de este territorio marítimo también son reclamadas por países como Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei y por supuesto Taiwán. Los conflictos son esencialmente respecto a islas, islotes, atolones y peñascos, muchos de ellos deshabitados pero con gran relevancia geoestratégica. Los grandes conflictos son principalmente por las islas Paracelso; las Pratas; las Spratly como hemos mencionado anteriormente; las Macclesfield; y las Scarborough.

Pero también China reclama las islas Senkaku, protegidas por el Tratado de Defensa mutua entre Japón y Estados Unidos. El archipiélago pertenecía a China hasta la primera guerra –chino-japonesa. La dinastía Qing entonces en el poder en China, cedió el archipiélago al imperio japonés en el Tratado de Shimonoseki (1895) incluida Taiwán (Pan, 2007). En el Tratado de San Francisco (1951) Tokio perdió la gran mayoría de sus conquistas y las islas Senkaku pasaron a control de Estados Unidos pero no fueron incluidas en el Taratdo. Por lo tanto, en 1972 cuando EEUU devolvía a Japón territorios ocupados como la isla de Okinawa, también lo hizo con las islas Senkaku. Pekín sigue reclamando dichas islas  como propias. Estas islas han provocado numerosos conflictos entre Japón y China, como en 2010 con un incidente entre un pesquero chino y la guarda costera japonesa, o en 2012 tras el intento del derechista japonés Tokio Shintaro de comprar parte de las islas provocando una crisis política en Japón y China.

Resultaría ingenuo pensar que el conflicto por las islas es de índole meramente territorial o histórica. La región tiene abundantes recursos pesqueros, pero especialmente se ha descubierto que bajos las aguas de la zona se encuentran yacimientos de gas natural. Tanto China como Japón llevan desde 2003 haciendo prospecciones en la zona, llegando a un acuerdo en 2008 para la explotación conjunta (Harner, 2013). Pero dicho acuerdo nunca llegó a ser firmado, por lo que las disputas en la zona continúan.

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Ilustración 5. Gas natural en las islas Senkaku. Fuente: Forbes

Pero los principales conflictos territoriales marítimos que tiene China con países de la región surgieron a partir de la firma de la Convención sobre el Derecho del Mar de Naciones Unidas (CDM) en 1982, que provocaron el solapamiento de reclamas territoriales (Higueras y Rumbao, 2013: 7). La CDM delimita las zonas marítimas y los derechos de navegación. Las clasificaciones más importantes que establece la Convención son: la Zona Económica Exclusiva (200 millas náuticas desde la costa); la Zona Contigua (24 millas) y el mar territorial (12 millas).

Uno de los principales conflictos se produce entre China y Filipinas por el arrecife Mischief. Como en muchos otros casos, ha provocado la alianza de Filipinas con el gobierno de Benigno Aquino III en 2010 con Estados Unidos, con intención de frenar las aspiraciones chinas respecto al arrecife. Además del papel cada vez más relevante que está tomando la Asociación de Naciones de Sureste Asiático (ASEAN) para la mediación y solución pacífica de conflictos. Dicha situación desagrada a China, que argumenta que estas cuestiones son bilaterales, por lo que no deberían intervenir organizaciones internacionales como ASEAN, y por supuesto tampoco EEUU. Este no es el único conflicto entre China y Filipinas, que también tienen importantes disputas por el archipiélago de Scarborough, y provocó que Filipinas llegase a denunciar a China ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

Para la resolución de dichos conflictos se ha ido profundizando la relación entre ASEAN y sus diez miembros –Filipinas, Myanmar, Vietnam, laos, Camboya, Tailandia, malasia, Singapur, Indonesia y Brunei, y China. En 2002 firmaron un Acuerdo de Libre Comercio y creado varias asociaciones como la ASEAN+3 (Japón, China y Corea del Sur) o el Foro Regional de la ASEAN. Además en 2002 se firmó el denominado Código de Conducta para las partes en el mar del Sur de China. Pero China ha sido denunciada en repetidas ocasiones por el resto de miembros por no cumplir el compromiso (López Nadal, 2014). 

A raíz de las nuevas aspiraciones chinas, las naciones vecinas están reforzando sus vínculos defensivos con Washington, y ha incrementado los programas navales de estas naciones en la región. Si China pretende ser capaz de controlar el tráfico naval de las aguas del Índico y el Pacífico occidental chocará con la presencia principalmente de India, Japón y Estados Unidos. Este conflicto puede llevar a que el área de Asia-Pacífico se convierta en la disputa geopolítica más relevante de nuestro siglo. Países como Japón dependen al igual que China del comercio exterior y de las rutas comerciales marítimas, y no dejarán a China adquirir la hegemonía de los mares de manera sencilla, llevando a posibles conflictos territoriales. Además de India, la otra gran potencia regional, con la que ya existen conflictos territoriales como por la región de Arunachal Pradesh. Como vemos en la siguiente imagen, varios países de la región como China, india, Corea del Sur y Australia, aparecen con el mayor incremento en el gasto militar entre 2003 y 2013:

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Ilustración 6. Gasto militar global. Fuente: The Economist

Pero principalmente la fuente de conflictos puede provenir de la rivalidad en la zona con Estados Unidos, que ha ofrecido su apoyo expreso a los países ribereños frente a las reclamaciones territoriales chinas. El caso más destacado es el apoyo norteamericano a Taiwán. La relevancia que ha tomado la región de Asia-Pacífico para Estados Unidos es de carácter vital, y pasaremos en la segunda parte de este trabajo a analizar el pívot de la administración Obama a Asia como centro de la política exterior de Estados Unidos. En definitiva, el foco geoestratégico se ha desplazado del Atlántico al Pacífico occidental. 

Bibliografía

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My name is Álvaro Glückmann. I am currently studing International Relations at Universidad Complutense de Madrid. I believe in liberty, democracy, and a free market economy. In this website I try to promote those ideals by sharing my view of economics and international relations.