"Vivir de manera deliberada", Pilar Adón

Hace años, a lo largo de una conversación que empezó de la manera más trivial y terminó con cierta tirantez, un amigo quiso convencerme de que debía tener hijos. Es imposible que una mujer de más de treinta y cinco años se libre de las bienintencionadas opiniones de los demás al respecto, y de sus tendencias a la perpetuación de su modelo familiar en la vida ajena. En este caso, como era amigo, decidí dar dos o tres amables razones de por qué no lo deseaba y, además, le pregunté por qué creía él que sí debía hacerlo, a lo que, muy convencido, me respondió: "Porque si no, de vieja vas a estar sola".

La respuesta todavía me estremece. En primer lugar, porque no concibo que nadie plantee su vida con vistas a la vejez y, en segundo y más amargo lugar, por la amenaza, el desafío, la superioridad y el terrible chantaje que venían de regalo con una frase lanzada tan a la ligera. ¿Cómo se puede sentenciar a nadie a la soledad? ¿Quién se atreve a disponer quién estará solo y quién no?

En una sociedad como la nuestra, que se vanagloria de armonizar distintos modelos familiares, opciones sexuales, maneras de tomarse la vida y de vivirla, cuando en realidad se han de dar mil explicaciones cada vez que se elige un camino diferente o se decide cambiar de pauta, resulta muy difícil optar por el silencio y por el saber estar solo.

Se suele pensar que únicamente lo está aquel que no tiene más remedio porque no puede encontrar compañía, y, con semejante opinión mayoritaria, la presión para encontrar pareja lo antes posible, y para tener hijos, se convierte en algo feroz. Tanto, que puede llegar a hundir en la frustración, e incluso en un auténtico pavor al fracaso, a aquel que la sufre. Así, parece que se ha de combatir semejante miedo a la soledad con cualquier arma a nuestro alcance: ruido a todas horas, charlas frenéticas con desconocidos a través de las redes sociales, encuentros concertados con personas que cumplen ciertos requisitos al dictado…

Cuando se habla de lo que es "normal", de "lo natural", esto es, buscar pareja, perpetuar la especie y hacer parrilladas los domingos, recuerdo la frase de Schopenhauer que afirmaba: "El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad". E incluso otra mucho más hermosa que entronca con la anterior: "Cada ser humano debe verse a sí mismo como a un ser necesario". Necesario en sí, y sin miedo a no satisfacer las expectativas de los demás.

7-XI-10, Pilar Adón, escritora y traductora, lavanguardia