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"La coherencia de la libertad", Vargarquista

Vargarquista’s avatarLa coherencia anarquista

Posted: 13 Apr 2014 08:56 PM PDT

Una amiga me escribió para preguntar por una persona que nos había mandado un correo colectivo a las dos, y ella me decía que al parecer era anarquista pero luego me lanzó un comentario devolviéndome a una reflexión que constantemente he tenido: “debería haber anarcómetro, así se define que los anarcos verdaderos dejaron de existir hace rato”. Solo por seguirle el juego, porque a veces esas conversaciones hay que tomarlas con un poco de humor, yo le respondí: “ De los mismos creadores de no me aguanto a la gente y por eso genero prejuicios, ahora puede tener en su tienda más cercana: Anarcómetro! úselo en dosis moderadas para mantener solo a la gente más coherente a su alrededor. El exceso puede ser perjudicial para su salud, podría terminar sola en el mundo”.

Uno de las características menos enorgullecedoras que he encontrado en muchas libertarias, y claro está en muchas ocasiones también yo, es una superioridad moral frente al resto del mundo, que se recrudece aun más cuando es entre compañeras. Si andamos mirando que tan autoritario es el mundo que nos rodea y que tan poco coherente es mucha de la izquierda por reproducir modelos de dominación en sus prácticas, mucha mayor acidez se pone cuando estamos en desacuerdo con alguna de nuestras compañeras, a las que terminamos no solo tachando de incoherentes sino que inclusive dudamos de su militancia. Esa superioridad nos hace constantemente generar juicios que no solo no colaboran en nada para construir una crítica colectiva a las cosas que hacemos, sino que en muchos casos se hacen con tan poca delicadeza que lo que logramos más es herir sensibilidades que promover reflexiones.

Creo que, aunque esa superioridad moral está inspirada en un honesto sentimiento de rabia acompañado de la esperanza de un cambio de las cosas, en la práctica promover esos juicios lo que hacen hacia el resto de la sociedad es hacernos ver como unos fundamentalistas que en nuestro purismo aburrimos, mientras que hacia adentro de la escena libertaria nos provocan dispersión entre personas que tenemos algunas afinidades y que podríamos estar construyendo colectivamente a pesar de las diferencias que también nos habitan. En fin, si bien es interesante reflexionar sobre la coherencia, de plano deberíamos desterrar de esa discusión la superioridad moral en donde nos volvemos casi peor que los tribunales de la inquisición. Por lo tanto, la coherencia no es un ideal estático perfecto, es un proceso constante de cuestionamiento sobre el que hacer.

Entonces, creo que si es pertinente hablar de la coherencia porque realmente es algo que nos aqueja en los colectivos y procesos sociales en las que muchas militamos. Teniendo en cuenta que las anarquistas vemos nuestra acción política tanto en lo cotidiano como en la apuesta social más general, entender la coherencia no puede estar desasociada de las dos. Es decir, por una parte está clarísimo que los valores libertarios deben estar presentes en todas y cada una de nuestras relaciones cotidianas (de pareja(s), amistad, familiares, etc…), escenarios que por ser más íntimos implican un mayor esfuerzo de constantemente estarnos preguntándonos si no reproducimos dinámicas autoritarias. Creo que en esos espacios íntimos tendemos a relajarnos y a olvidarnos de nuestras apuestas políticas, creyendo que solo es afuera en la calle donde se materializan y no en la casa. De allí que se recuerde el dicho de: “en la calle El Ché y en la casa Pinochet”. En esos escenarios es donde debe empezar la militancia anarquista, construyendo relaciones constantes de libertad con las demás de tal forma que demostremos con nuestros propios actos que otra forma de entendernos es posible.

Pero claro, no es suficiente si solo nos quedamos con ser coherentes en nuestra vida cotidiana. Y acá es donde muchas compas creen que simplemente con escuchar un estilo musical, vestir de una forma, proponer dinámicas de autogestión personales o de pequeños colectivos, o en general apostarle simplemente a un estilo de vida libertario con ello se logra construir la libertad. Pero no, el anarquismo no puede ser una experiencia solamente individual o de pequeños grupos, es además una propuesta de organización social que implica no solo construir alternativas de organización distintas al capitalismo y al Estado, sino además confrontar las opresiones que provienen de aquellos que dominan la sociedad, y en ese camino de ir construyendo autogestión y quitándole la legitimidad y el espacio a la opresión logrando construir un movimiento general que le apueste a formas solidarias y no autoritarias de vivir en sociedad.

Por eso es que la coherencia anarquista implica participar activamente en los procesos sociales que se desarrollan tanto en lo laboral, como en relación a la vivienda, a donde estudiamos, las identidades culturales y religiosas que poseemos, en fin, todas aquellas estructuras sociales donde mediante la asociación colectiva se busca mejorar las condiciones de existencia. Claro, al participar en esos espacios nos encontramos con compañeras que no son libertarias y para muchas el llegar a acuerdo con ellas es difícil en la medida que muchas postulan formas jerárquicas. Allí es donde está el reto de mediante la paciencia y la práctica poder persuadirles que hay formas que nos convienen a todas por que nos permiten tener mayor libertad sin que eso implique arriesgar la autonomía o la solidaridad. El hecho de que nos encontremos en espacios de construcción colectiva con gente que no comparta nuestras formas de hacer o pensar no es un problema, solo es precisamente mediante la coherencia que tengamos entre nuestro discurso y nuestra práctica lo que nos permitirá demostrarle a las otras personas que podemos romper las tradiciones y crear estrategias a favor de procesos horizontales. Entonces, allí la coherencia no implica solo una cuestión personal sino termina siendo una de las cartas de presentación más importantes de nuestra propuesta política.

Por lo tanto, no es suficiente con prácticas o personales o sociales para construir la militancia anarquista: es en el constante trabajo de ambas donde podemos encontrar la más nítida relación entre nuestras ideas y nuestros hechos. Aun así, creo que es importante recordar algo: el hecho que la gente no sea coherente no debería ser una razón para dejar de apostarle a construir con ellas, sabiendo ya los límites de cada uno pero también que el proceso de construcción es eso, un camino de aprendizajes colectivos. Creo que lo peor que nos puede pasar es tener anarcómetros o coherenciómetros con quienes nos rodean. ¿Que si podemos hacer comentarios y críticas entre nosotros o con otras personas?, pues claro que sí, pero estos deben hacerse de tal forma que abran posibilidades de diálogo y construcción, ya que de otra forma lo que hacen es interrumpir la posibilidad de realizar socialmente procesos colectivos. No hay que temerle a la crítica, pero hay que saber hacerla y recibirla.

La coherencia anarquista no es una moda ni una utopía irrealizable, es el ejercicio constante de crítica y autocrítica que todas las individualidades y organizaciones libertarias debemos hacer para afinar aquellas partes en donde nuestro discurso no esté en relación de nuestra práctica, ya que a diferencia de otras ideologías el anarquismo se caracteriza por ser una en donde la práctica se desarrolla aquí y ahora y no en futuros paradisiacos a donde nunca se termina llegando. Apostémosle a la coherencia como una forma de construir entre anarquistas pero también con otras distintas a nosotras. Una sociedad anarquista solo será posible en ese diálogo de diversidades.

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La imperfección de la coherencia.

Bien, ya teniendo en cuenta que si hay que buscar constante relación entre las palabras y los actos1 para poder no solo propagar el ideal anarquista sino también transformar las relaciones cotidianas y sociales, es interesante entrar en la idea de la imperfección de la coherencia. Y esto me parece muy importante por que se tiende a idealizar la coherencia poniéndola como un ejercicio que podemos hacer todas todo el tiempo y que por lo tanto aquella que no lo haga no solo es criticable sino que falta en su compromiso revolucionario (y muchos adjetivos más agresivos que no hace falta reproducir). Teniendo en cuenta que la realidad es dinámica es de entender que el día a día nos presente retos que muchas veces no alcanzamos a prever y por lo tanto no es de extrañar que nos quedemos atrás, en momentos, de seguir nuestro ideal. Pero esa es la realidad que vivimos y en principio para construir nuestro camino de corresponsabilidad entre la práctica y las ideas es necesario aceptar que somos personas imperfectas.

Primero que nada, hay que reconocer que muchas de las que llegamos a las luchas anarquistas lo hicimos desde una búsqueda solitaria, donde el enamoramiento se fue dando en la marcha, fuera leyendo o viendo procesos, donde el aprendizaje muchas veces fue lento y a tropezones. No es de asombro que en ese camino nos hayamos dado cuenta que mucho de lo que eramos no nos gustaba, y en ese cuestionarnos empezamos a encontrar que habían muchas prácticas que podíamos ir transformando y otras que aunque defendíamos en nuestras ideas nos costaba mucho integrar a nuestro día a día. O bien logramos poco a poco integrarlas o le dimos largas justificando muchas de nuestras actitudes desde argumentos a la defensiva o ridiculizando las discusiones. Pero allí seguían esas prácticas que no correspondían a nuestras ideas, y no por ignorarlos perdían fuerza.

 Y allí están por que somos resultado de un momento histórico, y a muchas nos educaron desde pequeñas con referentes de subordinación al padre, hogares en que al hombre le trataban distinto que a la mujer, relaciones de pareja de nuestros padres muchas de las cuales estaban marcadas por la obsesión, el maltrato, la dependencia. No solo el hogar sino en la escuela nos enseñaron que hay que creer en la patria así no nos explicaran que tal idea ocultaba nacionalismos impuestos desde grupos dominantes que solo visibilizaba su cultura e intereses. En la calle nos encontramos con la cultura de la competencia y del egoísmo, donde la explotación es algo que se acepta sin cuestionamiento ya que de algo hay que vivir. Cuando no se soluciona por medio de esos valores, aparece el paternalismo del Estado o los poderosos que nos dan cosas en la medida que no les cuestionemos ni preguntemos por que si tienen tanto no lo reparten en vez de darnos migajas. Y así van construyéndonos una idea de como funciona la sociedad haciendo que muchos de esos pensamientos/sentimientos se claven profundamente en lo más oscuro de nuestro subconsciente. No podemos negar que ese es el mundo en el que vivimos y que esa es la educación que la mayoría recibimos. Pero por ello no hay que afirmar que no podemos cambiar. Claro que la transformación se puede realizar, solo que no empezamos siendo personas puras y descontaminadas. Todo lo contrario, somos seres que vivimos en ese mundo que queremos cambiar, y parte del cambio está en desprogramarnos.

 Aparece una pregunta entonces: ¿existe la coherencia total? Creo que para responder primero hay que poner en evidencia que la sola pregunta tiene una alta carga de esencialismo, es decir que se parte del hecho que los estados perfectos de las cosas son posibles, y eso creo que la vida demuestra constantemente no es así: no existe el amor perfecto, ni el proyecto político acabado, ni la comprensión total de la realidad. Los ambientes políticos de la izquierda tradicional han propagado una idea de ideas perfectas (la revolución, el hombre/mujer nuevos, el socialismo) e inclusive los anarquistas hemos caído en eso también (la libertad, la autonomía, etc..) promoviendo que le apostemos a irrealizables en la medida que son ideas estáticas y no se tiene en cuenta que van variando su sentido en la medida que vamos pasando el tiempo. No se puede hablar de ninguno de estos conceptos si no es situándolos en el plano del tiempo y el espacio en que vivimos, en donde son construidos por personas que vivimos un momento histórico. Volviendo a lo que nos interesa, la sola idea de coherencia está atravesada por ese ideal, en el sentido peyorativo de la palabra que significa su lado idealista, en el que o se es o no se es, por que la idea perfecta no permite puntos intermedios. Y no, precisamente lo que nos demuestra la vida es que la coherencia no es un estado final, sino una pregunta constante.

No podemos pensar que seremos perfectas en un momento, por que la vida va poniendo nuevos retos y reflexiones, pero también por que no todos los días tenemos la misma energía, el mismo cuidado, la suficiente paciencia, y terminamos tal y como lo dice Pink Floyd en una de sus canciones llamada Uno de mis estados (One of my turns) en uno de nuestros malos días, que esperamos sea solo una fase pasajera. Es decir, aveces simplemente reproducimos roles y actitudes que detestamos, no por que queramos hacerlo necesariamente, sino por que o no somos lo suficientemente cuidadosas en evitar reproducir dominaciones o por que esos son nuestros malos días.

 Ahora, claramente no quiero con esta explicación justificar nada. Creo que esos malos días tienen que ser seguidos precisamente de profundas reflexiones sobre en lo que creemos y como lo llevamos a cabo en la vida real. Lo que quiero es poner en evidencia algo que nos pasa a todas, que somos incoherentes, y que por el purismo muchas veces o no aceptamos o juzgamos con una fuerza que dejamos casi imposible la posibilidad de aprender del error. Justamente decía en el anterior artículo que tendemos a manejar los juicios casi como si de una inquisición se tratara, y es precisamente tomar la realidad como perfecta lo que no nos permite ver que somos personas en construcción, y que la coherencia es un irse construyendo entre la incoherencia. Es un punto de llegada pero no uno de partida, una búsqueda y no una condición final.

 Eso si, no quiero con mis palabras poner en el mismo nivel distintos actos incoherentes, por que claramente no lo son. La violencia de género o explotar a alguien no están en el mismo nivel que ser consumista o acaparar la palabra en las asambleas. Las primeras son acciones que llevan a cuestionarse trabajar con alguien ya que le ponen del lado de a quienes combatimos, pero las segundas resultan rechazables pero no por ello se debe asumir posturas intransigentes. Se que es un tema muy delicado para muchas, pero creo que entre todas cuando trabajamos en colectivo tenemos que alcanzar la capacidad de construir procesos críticos donde comprendamos, que no significa aceptar, ciertas incoherencias de las personas que nos rodean proponiendo transformaciones con esa persona para construir afinidades reales y no solo teóricas. Claramente, una actitud repetitiva que no demuestre intención de cambio generará a largo plazo la idea que esa persona no quiere llevar a la práctica sus ideales y que por lo tanto es solamente anarquista de palabras y no de acciones.

 Definitivamente es difícil este tema, por que nos toca sensibilidades muy intimas tanto de como nos vemos a nosotras como a las otras y que ha sido constantemente una excusa para romper no solo procesos sino amistades muy fuertes, pero soy de las que piensa que hay que hablar de ello, y partir de asumir que todas estamos en un proceso de construcción y que ninguna es perfecta. Precisamente el reto de asociarse desde la horizontalidad es aceptar las críticas de los demás y tener la capacidad de criticar con interés de seguir construyendo colectivamente. No es una puerta para aceptar que no pongamos en la practica nuestras ideas, todo lo contrario, es un llamado a ponerlas en práctica pero entendiendo que es muy fácil decir pero un poco más difícil cambiar formas de actuar. En ese camino es que nos comprometimos cuando decidimos construir un proyecto libertario, una senda que no es fácil de andar y que constantemente implica aprendizajes, muchos de ellos que nunca nos imaginábamos íbamos hacer. ¿Que si podemos ser coherentes? Yo creo que es una pregunta a responderse con cuidado, ya que ni la coherencia es algo perfecto, ni los cambios de actitudes se dan de la noche a la mañana. Pero que es un reto exquisito, lo demuestra el hecho de que queramos seguir ese camino propuesto.

1 Desarrollé la discusión sobre la coherencia entre los anarquistas en un artículo anterior que se puede ver acá: https://network23.org/vargarquista/2014/04/14/la-coherencia-anarquista/