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"Ley del Aborto: en eso el PP tampoco es Liberal ", Xavier Sala i Martín

El Partido Popular ha derogado la ley que permitía a una mujer abortar durante las 14 primeras semanas de embarazo. Aunque ya hace muchos años que estaba claro que el PP no era un partido liberal (sus constantes subidas de impuestos, su intervencionismo en los sectores financiero, eléctrico o energético, por poner solamente unos ejemplos), la aprobación de la nueva ley del aborto confirma una vez más que en España no hay ningún partido liberal (o neoliberal, sea lo que sea eso).

Muchos militantes del PP se proclaman liberales pero su religión les hace estar en contra del aborto. Para que no se note su contradicción intelectual, intentan convencernos que el liberalismo está en contra de la libertad de interrupción voluntaria del embarazo. De manera resumida, su argumento es que “el liberalismo no puede estar a favor del asesinato de un ser vivo y la vida empieza en el momento de la concepción”. Por lo tanto, dado que el feto es un ser vivo, todo liberal debe estar a favor de prohibir el aborto. Dado que este argumento se ha repetido hasta la saciedad ahora que el PP ha aprobado la nueva ley del aborto, dejadme que aclare lo que yo pienso que es la posición del liberalismo clásico sobre el aborto.

Para los liberales, el debate no está en si el feto puede considerarse un ser humano o no. Es decir, si la vida empieza en el momento de la concepción o en el momento del nacimiento es irrelevante. Y debemos dar gracias a Dios que esa no sea la cuestión clave porqué, creedme, no hay nada más inútil y más cansino que los estériles debates bizantino-religiosos sobre el momento exacto en que empieza la vida!. La clave para los liberales es que ningún ciudadano tiene derecho a usar el cuerpo de terceras personas sin el consentimiento de éstas. Y no puede usarlo ¡ni siquiera para vivir! Por lo tanto, aunque la vida empiece el día de la fecundación y el feto sea considerado un "ciudadano con derecho a la vida", este “ciudadano” no tiene derecho a la vida si ésta requiere la esclavización del cuerpo de otro ciudadano (en este caso la madre) sin su consentimiento. Y la razón que tenga la madre para no autorizar que terceras personas vivan en su útero es irrelevante: ella puede pensar que ese "ciudadano intrauterino" le causa malestar físico o psíquico no deseado o que, a la larga, le va a ocasionar potenciales dificultades financieras. Da igual. Sea cual sea la justificación de la madre, no se la puede obligar a usar su cuerpo ni siquiera para mantener vivo a otro ser humano, por más débil e indefenso que sea éste. Simplemente ni el "ciudadano feto" ni el estado tienen derecho a utilizar el útero de la madre sin su consentimiento. Fijaos que eso es cierto independientemente del acto que colocó a ese feto en ese útero. Es decir, independientemente de si la mujer practicó el sexo voluntariamente o no, o de si buscaba quedarse embarazado o no.

En este sentido, el filósofo liberal Walter Block dice que el acto de abortar tiene dos acciones bien diferenciadas: La primera consiste en “desalojar”(*) el feto que se encuentra alojado en el útero de la madre. La segunda consiste en “matar” al feto. Dado que los liberales piensan que el derecho a matar no existe, Block concluye que la madre tiene derecho a desalojar el feto pero no a matarlo. Por lo tanto, los liberales están a favor del derecho de la madre a abortar mientras el feto no sea viable fuera de su cuerpo. Una vez el feto puede vivir sin la madre, ésta tendría el derecho a pedir un "parto prematuro" para desalojar al feto pero sin matarlo. Eso sería permitido, según la doctrina liberal, siempre y cuando se pudiera garantizar médica y tecnológicamente la vida del recién nacido.

 

Resumiendo, los liberales clásicos estarán de acuerdo con una ley del que permita abortar libremente pero solamente hasta un cierto plazo. Más o menos eso es lo que decía la ley que el Partido Popular derogó ayer y que permitía la interrupción del embarazo sin condiciones durante las 14 primeras semanas del embarazo. Los liberales estarán en contra de la nueva ley aprobada por el Partido Popular, una ley que restringe el derecho de las madres a decidir sobre quien puede vivir dentro de su propio cuerpo. La nueva ley del aborto, pues, es una nueva demostración de la gran diferencia que existe entre el liberlismo clásico y la derecha religiosa del Partido Popular.

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