persistència de guerrilles en diversos estats indis

En la noche del sábado, la guerrilla maoísta propinó su golpe más duro al Estado indio en varios años, al atacar una caravana electoral del Partido del Congreso, que gobierna en Nueva Delhi. Veintiocho personas murieron en el ataque, mientras que varias decenas se encuentran heridas.

Entre las víctimas mortales está el jefe del Partido del Congreso en el estado de Chhattisgarh, Nandkumar Patel, y su hijo, mientras que un antiguo ministro indio, V.C. Shukla, se halla en estado crítico. El primer ministro, Manmohan Singh, los ha llamado mártires de la democracia.

Sin embargo, el auténtico objetivo de los maoístas era su bestia negra, Mahendra Karma, un caudillo tribal que se movía siempre protegido por 55 guardaespaldas y que anteanoche nada pudo hacer ante la contundente emboscada de doscientos guerrilleros, en medio de la selva.

Un árbol sobre la calzada detuvo el convoy y, acto seguido, una bomba voló el segundo y tercer coche, instantes antes de que los maoístas atacaran por todos los flancos. El Partido del Congreso, en la oposición en Chhattisgarh, se ha quejado de la falta de protección policial (que en India es competencia de cada estado).

Mahendra Karma era el rostro de la guerra sucia que rodea el cinturón minero indio, no por casualidad presa tanto de ávidas multinacionales como de la guerrilla maoísta y donde a menudo el Estado no brinda ningún servicio, más allá del control armado de las principales carreteras.

Karma, que había sido ministro estatal (no federal) de Cárceles, y luego de Industria, había sido el hombre encargado de limpiar de guerrilleros -y de civilesuna de las zonas mineras más codiciadas por las grandes multinacionales indias (Jindal, Mittal, Tata). El nombre del invento, creado en el 2005, fue Salwa Judum, una milicia paramilitar que pronto rebasó la misión encomendada y se convirtió en un nuevo instrumento de opresión de los tribales a los que aseguraba proteger. Más de ciento cincuenta mil serían desplazados forzosamente a campos de refugiados anexos a guarniciones policiales. En el distrito de Dantewada, más de la mitad de sus 1.300 aldeas fueron vaciadas, en muchos casos, totalmente incendiadas, para aislar a la guerrilla de sus apoyos civiles. La violación de mujeres se convirtió en arma de guerra para acelerar la migración.

En el 2005, quizá no por casualidad, es el año en que Tata Steel decide invertir mil quinientos millones de euros en una planta de acero en Chhattisgarh. Este estado del este del país es el primer productor de estaño, carbón y cemento de India y el tercero de hierro. También tiene grandes yacimientos de bauxita.

El Tribunal Supremo ordenó hace dos años el desmantelamiento de Salwa Judum, al considerar injustificable el armar a adolescentes indiscriminadamente.

La escritora Arundathi Roy ha descrito lo que sucede en Chhattisgarh como “una guerra contra los pobres”. O, con otras palabras, “como la élite india ya no puede colonizar otros países, se dedica a colonizar a su propio pueblo”.

27-V-13, J.J. Baños, lavanguardia