"Cómo devolver la dignidad a la política y la política al pueblo", Daniel Ordás

En España siempre nos ha encantado
decir lo malos, pícaros y bandoleros
que somos. Todavía nos gusta más
criticar a los políticos que, sin embargo,
enarbolamos como líderes absolutos e
intocables. Todo esto forma parte de la coquetería
del “Spain is different” y del encanto de ser el
“enfant terrible” con derecho al pataleo. Además,
durante años, España ha brillado con un progreso
económico que se debía, en parte, al atraso
histórico que se fue recuperando y, en parte, a
la ilusión y confianza que generaba una nueva
democracia dinámica.
Hoy, la imagen de España se cae como una
casa de naipes y vemos que nada ni nadie parece
tener recetas adecuadas para que los ciudadanos
recuperen la confianza en unas instituciones
dañadas por el despilfarro y la corrupción. A parte
de la desilusión de la ciudadanía, constatamos que
nuestra imagen exterior se ha deteriorado de tal
manera que España ha perdido su credibilidad
ante los socios europeos y los inversores que
tanta falta hacen. Hasta aquí podría llegar el
análisis para pasar después a la resignación,
pero las personas que seguimos creyendo en
que España tiene futuro no podemos limitarnos
a lamentar errores y buscar culpables. Con
razón, la sociedad civil se movilizó bajo el lema
de “Indignaos”, para meter el dedo en la llaga y
poner los muchos puntos que faltaban sobre las
íes, pero ahora es el momento de mirar hacia el
futuro. Aprender de los errores, recuperar las
virtudes (que las hay) y abrir el horizonte para
estudiar y adaptar modelos que han funcionado
mejor.
Como hijo de emigrantes españoles en Suiza
y abogado en este país, lo primero que se me
ocurre es comparar los sistemas de mis dos
patrias para ver si de este análisis se pueden
sacar conclusiones que sirvan para mejorar el
sistema español. En ningún caso se trata de
copiar un modelo que se ha desarrollado en otras
circunstancias, con otra historia, lo importante es
constatar que se puede hacer de otra manera y
hacer un análisis de lo que es adaptable a España.
Este ejercicio mental ha sido uno de mis
compromisos políticos a lo largo de toda mi
vida, ya que siempre he seguido la política
de varios países europeos muy de cerca y me
gusta comparar y debatir. A raíz del programa
de televisión Salvados, emitido en La Sexta, su
presentador, Jordi Évole, me pidió que explicara
el sistema suizo. Y, a partir de esta entrevista,
surgieron cada vez más preguntas a través de
las redes sociales que no se limitaban a querer
entender el sistema helvético, sino que buscaban
compararlo con el español y sacar conclusiones
para mejorarlo. Para poder contestar a todas estas
cuestiones decidí escribir “España se merece...
Democracia Directa” en el que el ciudadano
español Daniel Ordás autoentrevista al abogado
suizo Daniel Ordás mientras se explica cómo es
Suiza y cómo podría ser España.
Posteriormente, me pidieron que elaborara
un plan de medidas concretas, para implementar
instrumentos que puedan democratizar el
sistema en España, recuperar la confianza de la
ciudadanía y de los mercados, y a la vez, controlar
la corrupción. Para ello, estoy trabajando con el
abogado suizo-español Juan Cortizo que, hijo de
emigrantes como yo, conoce ambos sistemas y
siente el mismo afecto y la misma responsabilidad
hacia una patria que, en muchos casos, ha tratado
a nuestros padres y a nosotros con desprecio y
arrogancia. La situación actual no deja espacio
para rencor ni lamentaciones: al que no quiera
arrimar el hombro le ha llegado la hora de callarse.
En el proyecto, al que hemos llamado
#reforma13, no nos limitamos a comparar y a
adaptar ideas suizas, sino que hemos tenido en
cuenta aspectos de los modelos de Alemania,
Suecia, Estados Unidos, Dinamarca y, por supuesto
(y sobretodo), Suiza. Nuestra propuesta de reforma
constitucional para España no quiere tocar ningún
tema material, ya que consideramos que lo que
falla en España es el sistema en sí y que, una vez
creados los instrumentos necesarios, se podrían
debatir todos los temas materiales desde el respeto
y la nueva legalidad. Hoy por hoy eso no es
posible, ni a nivel estatal ni en las comunidades
autónomas, ya que el sistema español tiende a
cementar mayorías para cuatro años que hacen
imposible e innecesario el debate y la justificación.
Ello es una de las grandes diferencias entre una
democracia de delegación y una democracia
directa, en la que el debate y control perdura
durante toda la legislatura.
Los puntos básicos que tratamos en
#reforma13 son temas que curiosamente surgen
cada poco en el debate político español y a veces
desde posiciones inesperadas. Hemos querido
darle colores concretos a los conceptos que con
cierta frecuencia oímos como eslóganes pero
que hasta hoy nadie ha interrelacionado ni
concretizado. Lo importante es crear un paquete
coherente y equilibrado entre todas las medidas
necesarias y no avanzar parcialmente con aquel
tema que a uno más ventajas le pueda traer en el
momento concreto.
Nuestros temas son todos los relacionados con
la forma de hacer política y no con el resultado de
la misma:
1. Democracia Directa (Iniciativas Populares y
Referendos)
2. Listas abiertas (a nivel estatal, autonómico y
municipal tanto en elecciones legislativas como
ejecutivas)
3. Reforma del Senado (para que se equipare al
Congreso y tenga sentido)
4. Reforma del sistema electoral del Congreso
de los Diputados (para que sea más cercano y
representativo)
5. Políticos Milicianos (NO solo para ahorrar
costes, sino sobre todo para evitar que los
políticos se conviertan en victimas del sistema
que no puedan regresar a la vida laboral
normal y se conviertan así en presa fácil para la
corrupción)
6. Elección popular del Gobierno (para garantizar
una mayor representatividad y legitimidad
del gobierno y sobre todo para asegurar que
estén en el todas las fuerzas relevantes y se
comprometan a colaborar)
Ninguna de estas ideas es nueva y las hemos
oído (sobre todo en las últimas semanas) de
boca de muchos ciudadanos, pero también de
muchos políticos que hasta hace pocos meses
ni se les ocurría cuestionar el sistema en sí.
Lamentablemente, los que hoy reivindican
alguna de estas posiciones lo hacen sin explicar
su contenido y/o sin relacionarlas entre sí. Temas
como las listas abiertas, la democracia directa o
los políticos milicianos no pueden ser estudiados,
y mucho menos implementados, de manera
separada y sin considerar las consecuencias. No
se trata de que cada cual saque del pastel los
ingredientes que más le gusten y barra para su
casa, sino de crear una masa equilibrada en la que
todos sus componentes, gusten o no, tengan su
lugar y su contraposición. Tiene que haber para
todos una de cal y una de arena y lo peor que le
puede pasar a #reforma13 es que alguien este
encantado con todos los puntos, porque entonces
habríamos hecho algo mal.
A mediados de marzo se presentará
#reforma13 en la página web www.reforma13.
es con los gráficos, análisis y comentarios, a
parte sacaremos un libro con comentarios más
matizados que se llamará “España se merece... una
Re-Constitución”.
Puedo avanzar ya que algunas de nuestras
propuestas fundamentales son:
• Que la ciudadanía pueda promover Iniciativas
Populares Legislativas (no tiene nada que ver con
ILP) con las firmas del 1% de los censados en
las últimas elecciones y que estas se sometan a
votación popular.
• Que la ciudadanía pueda hacer un referéndum
contra cualquier ley que desarrolle el Parlamento
recogiendo el 0,5% de las firmas de los censados
en las últimas elecciones y que de este modo esa
ley se someta a votación popular.
Solo estas dos propuestas ya pueden causar
estupor o malestar, a pesar de que son de lo más
lógico y moderado. A la vez, estas dos propuestas
demuestran que no se pueden contemplar fuera
de un contexto global, ya que de aplicarlas en
el sistema electoral actual, llevarían a que la
oposición pudiera bloquear el funcionamiento
del Estado mediante referendos. Por ello es
imprescindible reformar a la vez el sistema de
elección del Gobierno.
Este sería por candidatos en listas abiertas
que, por supuesto, seguirían presentando los
partidos y las asociaciones políticas, pero que, al
final, llevarían a que en cada Gobierno hubiera
ministros de todos los partidos relevantes. Esto, a
su vez, demuestra que también el tema de las listas
abiertas no se puede tratar de forma aislada, como
sucede a veces. Tanto en las elecciones legislativas
como en las ejecutivas, las listas abiertas son un
elemento fundamental para crear cercanía entre el
representante y el representado y, a la vez, poder
evitar y controlar la corrupción.
Para esto sirve también el concepto de políticos
milicianos. Es decir, no se trata de que los políticos
no cobren, se trata de que solo cobren por la labor
estrictamente parlamentaria y que aparte de esa,
tengan un trabajo normal en su profesión u oficio.
De este modo estarán siempre más cerca de la
vida real y de los problemas y las inquietudes
de la ciudadanía y, a la vez, serán perfectamente
reciclables para la vida laboral en el caso de no
reelección. Pretendemos así acabar con la mala
práctica del político profesional para el que hay
que crear cargos ficticios después de su mandato y
sueldos complementarios durante el mismo.
Los políticos tienen que recuperar su dignidad.
Hacer política es una de las cosas más dignas y
admirables, pero lamentablemente, hoy en España,
la palabra político ha pasado a ser casi un insulto.
Esta medida, que puede parecer muy atractiva por
el hecho de ahorrar sueldos, tampoco puede ser
adoptada fuera de un contexto global y, sobretodo,
no se puede hacer de golpe en plena legislatura, ya
que los que se presentaron a diputados, senadores,
concejales o diputados autonómicos lo hicieron
bajo la reglas del juego vigentes en aquel entonces.
La única forma limpia de llevar a cabo
#reforma13 es hacerla con vistas al futuro.
Desarrollar aún más los detalles y, tras un extenso
debate en la calle, los medios, y por último en
el Parlamento, presentarle a los ciudadanos una
reforma constitucional equilibrada que entre en
vigor al final de la legislatura, para que la próxima
partida pueda empezar con nuevas reglas de juego
y todos sepan a lo que se exponen.
La #reforma13 no es un movimiento
antipolítico sino todo lo contrario. Queremos que
todos se sientan políticos y responsables, queremos
elegir a los representantes que nos parezcan más
oportunos y queremos que los representantes
puedan seguir siendo arquitectas, albañiles,
ginecólogos, abogados, taxistas y enfermeras como
nosotros. ¡Es posible y es mejor!
http://catalunyaeuropa.net/img/pdf/DanielOrdas_1.pdf