els Governs pakistanesos, sempre a mercé de l’Exèrcit

Pakistán no tiene quien lo gobierne, dos días después de que el Tribunal Supremo inhabilitara por desacato al primer ministro Yusaf Raza Gilani. No obstante, el mayoritario Partido Popular de Pakistán (PPP) aclaró ayer que acata dicha decisión a fin de no recrudecer la guerra abierta entre los poderes legislativo y ejecutivo, por un lado, y el poder judicial –con respaldo militar– por otro. Para evitar el vacío de poder, está previsto que la Asamblea Nacional escoja hoy a un nuevo jefe de gobierno tras las consultas de ayer entre socios de coalición. El nombre que más suena es el del ministro del Textil, Makhdoom Shahabuddin, procedente de la misma zona que el defenestrado Gilani, lo que en un contexto caciquil como el pakistaní supone una puñalada más.

Yusaf Raza Gilani abandonó ayer la residencia oficial del primer ministro, mientras se despojaba de banderín a los vehículos de los que fueran sus 35 ministros y 18 secretarios de Estado. La Comisión Electoral comunicó a Gilani su inhabilitación por cinco años como diputado, decidida por el presidente del Supremo, Iftikhar Chaudhry, y otros dos magistrados. Medios demócratas consideran
el derribo del Gobierno una nueva modalidad de “golpe blando” o “golpe judicial”, negativo para la frágil democracia.

A diferencia del presidente Asif Ali Zardari, del que el ejército nunca se ha fiado, Raza Gilani –que también estuvo en la cárcel durante años– llegó a construir una buena relación con la cúpula castrense. Sin embargo, el idilio llegó a su fin tras la espectacular eliminación de Osama bin Laden, fruto de una infiltración estadounidense que alimentó las sospechas de traición entre militares y civiles.

Aunque cada uno entiende la soberanía a su manera. Desde hace meses, Pakistán ofrecía el espectáculo inaudito de que el Supremo presionara al jefe del Gobierno para que entregara a la justicia de un país extranjero (Suiza) al jefe del Estado, por presuntos blanqueos de dinero de hace dos décadas. Gilani se atrevió a denunciar que Pakistán no se podía permitir tener “un Estado dentro del Estado”, en referencia al establishment militar.

La justicia, además, no ha sacado en claro nada sobre la ocultación de Bin Laden durante años y sólo fue condenado el médico que facilitó su localización.

El primer ministro más educado que ha tenido el país –según sus propios detractores– deja el poder, pero su hija probablemente disputará su escaño. Gilani tiene ya dos hijos diputados. Se le reconoce haber sido el segundo primer ministro que más ha durado en el cargo y el único que logró aprobar cinco presupuestos seguidos.

Imran Jan y otros dirigentes de la oposición han exigido elecciones anticipadas, pero el atrincherado presidente Zardari ha dicho que sólo por encima de su cadáver. El PPP hace bandera de su determinación de que por primera vez en Pakistán a una mayoría salida de las urnas se le permita culminar su mandato. Aunque en todo caso tendrá que ser con caras nuevas.

21-VI-12, J.J. Baños, lavanguardia