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entrevista al President Quim Torra

Torra: “No aceptaremos sentencias de escarmiento por el 1-O como si nada”

  • El presidente es un hombre afable que considera que la historia le ha puesto ahí, así que intenta ser fiel a su pensamiento y al mandato que ha recibido
Torra: “No aceptaremos sentencias de escarmiento por el 1-O como si nada”El president Quim Torra, en un rincón del salón Sant Jordi, ha instalado su despacho en el otro lado del Pati dels Tarongers mientras se hacen obras en el despacho oficial (Pedro Madueño)
, Barcelona

05/08/2018 lavanguardia

Quim Torra asegura que cuando se mira en el espejo, todavía no le devuelve la imagen de un presidente de la Generalitat. Veinticuatro horas antes de ser designado para el cargo por Carles Puigdemont desde Berlín, no le había pasado por la cabeza tal posibilidad. Antes, figuró en alguna quiniela, que provocó que su madre lo llamara preocupada, pero Torra la tranquilizó: eso no pasará. Sin embargo, cuando finalmente le comunicó la noticia, no hubo ningún reproche; al contrario, le respondió que adelante, que su padre se sentiría orgulloso.

La entrevista se hace en uno de sus salones preferidos: el del artista uruguayo Joaquín Torres García, cuyos murales tenían que cubrir el salón Sant Jordi, pero no llegaron a acabarse. Sin embargo, estudia la idea de devolverlos al espacio para el que fueron pintados. Son telas noucentistas –“ como yo”, subraya Torra– que merecen sustituir a las actuales, encargadas por el dictador Primo de Rivera.

“La unilateral es una vía; no renuncio a ninguna opción para alcanzar la independencia”

El presidente Torra es un hombre afable que considera que la historia le ha puesto ahí, así que intenta ser fiel a su pensamiento y al mandato que ha recibido. El respeto en las formas no presupone la rotundidad de los conceptos. Tres ideas aparecen en la entrevista: una, que considera que la vía unilateral sigue siendo válida a pesar de los costes que tuvo el intento del 27-O. Dos, para conseguir que se imponga la independencia es imprescindible ganar la alcaldía de Barcelona. Y tres, el juicio del proceso será la clave de esta legislatura, ya que asegura que no aceptarán “un escarmiento”. El otoño promete tormentas.

¿Dos meses después, todavía se ve como presidente custodio o ya le ha tomado la medida al cargo?

Siempre me he visto como presidente de la Generalitat, pero también he dicho que había otro president, que era Carles Puigdemont, que es el president en el exilio.

Su despacho está en obras, ¿dónde se ha instalado?

Trabajo en un despacho que da al Pati dels Tarongers; también en la Casa dels Canonges, en el que había sido el despacho del president Macià, con la mesa del president Companys. Se respira historia.

Y con toda esta historia, ¿qué sintió su primer día en el Palau?

Hay un punto abrumador en ser president. La responsabilidad en un momento tan crítico para el país es inmensa, pero me siento a gusto.

¿Cómo encaja la figura de Puigdemont en su trabajo?

Para la estrategia de hacer efectiva la república te relacionas diariamente con él y estás en contacto con los líderes en la prisión. Rodearme de gente que me pueda aconsejar nunca sobra.

¿ Cómo pueden cohabitar el relato de una república futura y la gestión de gobierno del día a día o la relación institucional con el Ejecutivo de Madrid?

Efectivamente, esta legislatura nos tenemos que plantear eso tan catalán de cómo gestionar el mientras tanto, con la dificultad añadida de que hay presos políticos, exiliados o más de un millar de personas investigadas por el 1-O.

Parece difícil implementar una república que nadie ha recono­cido.

Esa es la tarea que tenemos. Partimos de un referéndum el 1-O y de una declaración política de independencia del 27-O. Ahora lo que tenemos que conseguir, y este es el propósito del Govern, es hacerlo efectivo. Los catalanes, de una forma mayoritaria, están de acuerdo en votar cuál tiene que ser nuestro futuro. Si con el presidente Sánchez llegamos a la conclusión de que un problema político se tiene que resolver políticamente, me parece bastante claro que el problema se tiene que resolver votando.

Si existe el mandato del 1-O, ¿por qué se debe volver a votar?

El mandato está claro. Sin embargo, podríamos llegar a la conclusión de que, para resolver el actual conflicto, se puede renunciar al punto de partida por un referéndum acordado y vinculante. Ofrecemos esta solución al Estado por si le parece que puede haber un acuerdo. Lo que todavía no sabemos es qué propone el Gobierno de Sánchez.

Pedro Sánchez admite que se vote, pero no en un referéndum de autodeterminación.

También han puesto sobre la mesa la posibilidad de recuperar el Estatut íntegro del 2006... El tema que preocupa al 80% de la ciudadanía es cómo ejerce el derecho a la autodeterminación. Lo que parecería lógico es que sobre la idea de un referéndum de autodeterminación ­discutiéramos condiciones, como plazos u otras. Es nuestra posible solución, pero sin olvidar que tenemos una visión de la legislatura que va de la restitución a una Constitución.

¿Qué ha cambiado para Catalunya con la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa con respecto a la etapa de Mariano Rajoy?

Hay un cambio evidentísimo. Hemos podido trasladar al presidente español con toda libertad las razones por las que estamos donde estamos y cuáles son las vías de solución que vemos. Eso lo ponemos en ­valor.

¿El juicio del 1-O es la clave de la legislatura?

Es una de las claves, evidentemente. Me imagino que nadie entendería que aceptásemos sentencias de escarmiento como si nada.

¿Quiere decir que se daría por acabada la legislatura?

Quiere decir que sería un momento, efectivamente. Partimos de una causa que hemos definido como una farsa; no lo digo yo, lo dice el tribunal alemán, el belga y lo habría dicho el escocés. Cuando en toda Europa se juzga de una determinada manera y en España se juzga diferente, quien tiene un problema es la justicia española. El president Puigdemont puede moverse libremente por todo el mundo y nosotros tenemos presos políticos.

Y mientras tanto, ¿la hoja de ruta del Govern cuál es? ¿Hay trabajo por hacer en las comisiones mixtas con el Estado?

Mientras haya diálogo y negociación, tenemos que explorar todas las vías para conseguir lo mejor para el país. Si hay diálogo sobre el tema de fondo de la legislatura, adelante con todo el trabajo que podamos hacer en las comisiones. Llevamos años esperando resolver los famosos 45 puntos que Puigdemont puso sobre la mesa.

Uno de los temas es la financiación. ¿Por qué, siendo imprescindible mejorar la situación financiera, no se va al Consejo de Política Fiscal y Financiera?

Optamos por la bilateralidad. En una relación multiautonómica donde la voz de Catalunya queda perdida y no tienes capacidad para influir en nada, preferimos no estar. No son reuniones de interés.

Cuando la CUP dice que todo eso es autonomismo, ¿usted qué piensa?

La CUP no es parte del problema, sino parte de la solución. Acepto que hay un ritmo diferente en las opciones independentistas, pero me duele que me tilden de autonomista. Yo no hago ese discurso, tengo muy claro cuál es mi mandato y en ningún caso pienso decepcionar a los votantes y a la Cámara que me dio su confianza.

Catalunya es una de las comunidades que menos han revertido los recortes activados desde el 2009. En gasto sanitario se recortó un 27%, un 12% en educación... ¿No debería ser una prioridad?

Absolutamente, pero, como siempre, nos encontramos con el problema de los recursos. Es como si una empresa partiera cada año de un menos 8% en el presupuesto. Ese es el déficit fiscal de Catalunya. Es el peaje de salida de la Generalitat y que un país no puede soportar.

¿Cree que la vía unilateral todavía es una opción?

Sí. Yo no renuncio a ninguna opción para llegar a la independencia de Catalunya.

¿Y la desobediencia? ¿Puede un gobierno llamar a desobedecer la ley?

Lo que haces es proclamar tu soberanía. Si reconoces que la soberanía de tu pueblo reside en el Parlament de Catalunya, no estás desobedeciendo, sino obedeciendo lealmente las decisiones de mi Parlament.

Pablo Casado apremia a Sánchez para aplicar de nuevo el artículo 155...

No me puedo imaginar que Sánchez vea en ese escenario una solución política para Catalunya. Cada vez que habla, Casado nos ame­naza, así que lo mejor es la indiferencia.

Si se abriera una reforma de la Constitución, ¿los independentistas tendrían que participar?

En el Estado español somos una minoría nacional sin capacidad de influir en una reforma constitucional. Requiere de unos quorums que hacen absolutamente imposible que podamos incluir el derecho de autodeterminación. Si yo tengo la garantía de que se incluirá el derecho a la autodeterminación de Catalunya, iríamos, claro que sí.

El lehendakari Urkullu propone una convención constitucional mientras en el Parlamento vasco se tramita un nuevo Estatuto con el derecho a decidir. ¿Es pragmatismo o renuncia?

Es muy PNV... Todos los pueblos intentan encontrar su vía. A nosotros nos ha tocado una situación geopolítica complicada, y puedes llegar a pensar qué mal fario haber nacido catalán cuando unos kilómetros más allá ciudadanos europeos como yo pueden votar libremente su futuro, como es el caso escocés.

Entre Escocia y Catalunya hay unos franceses jacobinos y centralistas... Sería dar pasos atrás.

No sé si muy atrás, pero reconozco que no estaríamos mejor.

La relación de JxCat y ERC es complicada. ¿En el Govern se ven las diferencias de estrategia?

Los problemas los hemos tenido en el Parlament en decisiones muy concretas. Quizás no hemos sido lo bastante hábiles ni hemos tenido la capacidad de diálogo previo para evitar escenas que la ciudadanía no puede comprender porque ni yo las comprendo. En cambio, hemos evitado trasladarlo al Consell Executiu. Vamos a una.

Si estamos a tiempo de hacer presupuestos, ¿con quién los aprobará?

Nuestro socio prioritario es la CUP. A nadie se le escapa la dificultad si no tenemos un horizonte muy claro sobre hacia dónde va la legislatura. Nosotros lo tenemos, y la CUP siempre pide más, y está bien que nos apriete. Pero también nos dirigiremos a los comunes en las políticas sociales, que son el motor de cambio republicano.

¿Cree que la sociedad catalana está fracturada?

No. Es una sociedad que debate apasionadamente, como cualquier sociedad mediterránea.

Defina, pues, la situación. Cierto descosido sí se ha producido.

La sociedad catalana se ha puesto frente al espejo y mayoritariamente quiere decidir, decir sí o no a un Estado catalán. Y no pasa nada. En Escocia, la primera ministra explicaba que también decían que se fracturarían. ¡Y están mejor que nunca!

Perdieron el referéndum.

Exacto. Y nadie se ha sentido fracturado. En un referéndum vinculante en Catalunya, si ganara el no, yo lo aceptaría, presentaría la dimisión inmediatamente y escribiría mis memorias.

¿Cuál debe ser el papel de las entidades independentistas? ¿No deberían acompañar más que liderar?

Cada una ha encontrado su espacio. Tenemos a Òmnium en temas culturales y de luchas compartidas, la ANC lidera una estrategia repu­blicana; los CDR tienen una política de acción...

Unos CDR que se manifiestan en las sedes de ERC, la CUP y el PDECat... ¿Le parece bien?

Respeto su libertad de expresión, pero pido un punto de confianza y de respeto también por los partidos independentistas. No nos hemos desviado del mandato republicano que tenemos.

Si la legislatura no dura cuatro años, ¿le gustaría ser cabeza de lista?

Yo estoy trabajando para que vuelva el president Puigdemont. Sueño con recibirlo en Palau y que sea el presidente de Catalunya. Así que no seré candidato. He venido a hacer una tarea a la que no podía decir que no por responsabilidad y porque amo mi país.

No milita en ningún partido, y Esquerra Republicana le quiso en sus listas...

Me he apuntado a la Crida del president Puigdemont, que tiene este componente transversal. Vengo de Òmnium, de trabajar en la ANC, tengo a la familia en los CDR... Yo vengo de esta base independentista.

¿Barcelona es la clave para el independentismo?

Sí, es vital ganar la capital del país. Se ha visto durante el 155 lo importante que habría sido tener una voz independentista al frente de Barcelona.

Usted es promotor de la Crida, pero ERC no quiere sumarse.

Soy partidario de primarias unitarias republicanas para construir una candidatura ganadora.

¿Cómo le gustaría pasar a la historia?

Me siento una persona que proviene del catalanismo más tradicional, por lo que me gustaría ser recordado como una persona leal al país en lo que el país le pidió.

Hay un momento en que uno sale en la calle y deja de ser Quim Torra y es el president.

No llevo demasiado bien esta pérdida de privacidad. Hay momentos en que te gustaría dejar de ser presidente y ser el Quim que toma un granizado en la plaza del Diamant.

¿Cuando se mira al espejo ve a un presidente de la Generalitat?

Todavía no. La primera vez que me veo como president es en una foto saliendo de la prisión de Soto del Real después de visitar a Jordi Cuixart y Jordi Sànchez. Me doy cuenta de que aquel señor era yo, que era el presidente de la Generalitat y que salía de una prisión. Y pienso: “¡Qué fuerte todo!”.

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