entrevista a Ada Colau, alcaldesa de Barcelona

© Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona

A un año de las elecciones, ¿cree que habrá una campaña en la que Barcelona pasará a ser una cuestión secundaria?

Haré todo lo posible para que esto no suceda. Es más importante que nunca que se debata sobre Barcelona durante la campaña, la ciudad tiene proyecto propio y merece que se le preste toda la atención. La mejor aportación que puede hacer la ciudad, como ha hecho en estos últimos tiempos tan complicados en Catalunya, es ser más Barcelona que nunca. Por tanto, me opondré a cualquier intento de instrumentalización o de trasladar el bloqueo y la confrontación del ámbito nacional al municipal. De todos modos, creo que todos los barceloneses y barcelonesas tienen mucho amor propio hacia su ciudad y no permitirán que se instrumentalice la ciudad para otros temas.

Los independentistas verán en Barcelona el espacio que necesita para ampliar su basesocial.

El independentismo pasa por un momento complicado, tienen división interna. Hemos oído hablar más de nombres y siglas que no de proyectos de ciudad.

¿Ya tiene hora para hablar con el nuevo president?

Le he solicitado una reunión y me ha respondido que espera que sea en breve, pero antes necesita formar gobierno. Aún tardaremos unos días en encontrarnos.

¿Qué le pedirá?

Tenemos muchos temas pendientes de los que hablar desde hace tiempo. Barcelona se encuentra muy sola en según qué cuestiones del día a día y en algunos asuntos de máxima prioridad en los que tiene competencias compartidas con la Generalitat. Barcelona necesita actuaciones de inmediato en materia de vivienda: la regulación del alquiler y el problema del sinhogarismo son dos frentes que deben ser atendidos cuanto antes. La falta de plazas en las guarderías es otra de las cuestiones que el Ayuntamiento debe abordar con la Generalitat, así como la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, un problema que dificulta la convivencia de los vecinos en el Raval.

Usted fue de las primeras personas que dijo que el president Torra debería pedir disculpas por sus tuits y textos. ¿Han sido suficientes?

Ha pedido disculpas y creo que todos las aceptamos y las agradecemos. Sin embargo, no ha sido suficiente porque no respondió con claridad cuando fue preguntado en el Parlament sobre lo que piensa actualmente de los españoles y los catalanes. Asimismo, considero que aún queda por responder el hecho de que, habiendo una mayoría progresista en el conjunto de los partidos independentistas en el Parlament, se haya investido a un president que representa al nacionalismo más conservador y, en mi opinión, minoritario en Catalunya. Como persona progresista y de izquierdas me sabe mal, pero es algo que queda por responder. Son necesarias políticas que fomenten la cohesión social para recoser el país después de tantas tensiones.

¿Qué opina sobre el hecho de que el president Torra no prometiera la Constitución durante la toma de posesión?

Cada uno es libre de escoger sus símbolos y la forma con la que se expresa cuando asume el cargo. Espero y pido que el president forme un gobierno efectivo con la máxima celeridad posible. Los ayuntamientos de Catalunya llevamos meses esperando porque tenemos muchos deberes pendientes.

El día 27 de octubre, después de la proclamación que se hace en el Parlament, ¿qué es lo primero que piensa?

Sentí preocupación y decepción. Tenía el convencimiento de que la inmensa mayoría de diputados y diputadas independentistas que votaron la resolución que llevaba a la declaración unilateral de la independencia no sólo estaban convencidos de que no tendría ningún efecto práctico sino que sabían que traería consecuencias negativas. Tuve una conversación previa al pleno con el president Puigdemont, que estuvo a punto de convocar elecciones, y al igual que muchas otras personas me ofrecí para apoyarlo y acompañarlo si tenía miedo de que le acusaran de traidor o algo similar. Desgraciadamente, no optó por esta vía, un camino que considero que nos habría ahorrado muchas cosas negativas que han pasado a posteriori.

Se les acusa de ambigüedad sobre la cuestión catalana. Votó a favor de la consulta del 9-N y en blanco en el referéndum. ¿Cómo puede mantener una posición caracterizada por esta indefinición?

Me siento perfectamente definida. Catalunya ha de avanzar más allá de la posición de autonomismo que hemos vivido desde que se reinstauró la democracia. No soy independentista pero considero que se tiene que avanzar hacia posiciones federalistas o confederalistas, manteniendo la idea republicana de que para avanzar en derechos y libertades se tiene que trabajar desde la fraternidad y solidaridad de los pueblos y no de forma aislada recogiéndose en uno mismo.

¿Considera que Carles Puigdemont es el president legítimo y que el actual es un presidente provisional?

El presidente de la Generalitat es aquel que elige el Parlament después del voto de los ciudadanos en las elecciones.

¿Cómo se podría articular el diálogo entre el Gobierno español y el de la Generalitat?

Lo primero es que todos debemos creer en el diálogo puesto que es la base de cualquier democracia. Quien no crea en ello, que dimita. Ahora, pese a seguir en un momento difícil y excepcional por la presencia de políticos en la cárcel, tenemos una oportunidad para mirar hacia delante y que todos los implicados hagan cuanto esté en su mano para distender y empezar a construir las bases de un diálogo real. Considero que la formación de gobierno en Catalunya ya es un primer paso importante hacia el diálogo y al mismo tiempo hacia el fin del artículo 155 y de la intervención de las instituciones catalanas. Es momento de que el Gobierno estatal haga algún gesto de distensión y creo que ahora estamos viendo que la judicialización es un grave error cometido por parte del Ejecutivo español. Espero ver pronto una reunión entre Mariano Rajoy y Quim Torra con una voluntad real de diálogo y no como un gesto simbólico. El Estado podría rebajar la tensión con el gesto humanitario de acercar a los presos políticos a cárceles catalanas.

¿Cómo definiría la situación de la sociedad barcelonesa y catalana?

La sociedad catalana está tensionada y dolida, pero en ningún caso rota. Todos tenemos que hacer los máximos esfuerzos para que no se vuelva a dar una situación similar. Las instituciones hemos de esforzarnos al máximo por distender, recoser, rebajar la tensión y emitir mensajes de entendimiento.

¿Qué falló en el 21-D para que Catalunya en Comú no consiguiese un resultado mejor?

En un momento de máxima tensión, los que apostamos por el dialogo, el entendimiento y la distensión fuimos penalizados. Probablemente no nos explicamos bien y cometimos errores, pero creo que lo que más nos penalizó fue la marcada polarización que se vivió durante las pasadas elecciones. No cambiaría la posición del grupo en vista de los resultados porque creo en el diálogo.

¿Teme que le suceda a ustedlo mismo dentro de un año?

No. Aspiramos a obtener un mejor resultado en las elecciones del 2015 y a tener más concejales porque los barceloneses tienen claro que las elecciones de Barcelona deben ir sobre Barcelona y dedicaré todos mis esfuerzos a hablar de Barcelona.

Pero ya hay nombres que se postulan como candidatos de esta política de trinchera.

Jordi Graupera y Manuel Valls tienen en común que pretenden situar el debate municipal en clave nacional y, en la línea de este concepto, no han dicho prácticamente nada sobre Barcelona en sus intervenciones. Pretender postularse como candidatos a la alcaldía de una ciudad y no decir nada sobre ella es una falta de respeto hacia los ciudadanos.

¿Cree que se crearon demasiadas expectativas alrededor del movimiento del 15-M?

El 15-M fue un punto de inflexión en el papel de la ciudadanía, cosa que luego se ha expresado de formas diferentes. Una pequeña parte del impacto se traduce en que algunos de los que formamos parte del movimiento dimos el paso a las instituciones, mientras que en el ámbito social aquel movimiento se sigue viendo en muchas de las movilizaciones que se han llevado a cabo en los últimos años, como la última huelga femenina del 8-M o las manifestaciones de la marea pensionista.

© Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona