BARCELONA RADICAL
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"Resposta, amb amistat, a Juan Cruz", Antoni Bassas

Arribem a l’última anàlisi de l’any 2017. Ha estat l’any més important de la nostra vida col·lectiva en dècades. Els atemptats a Barcelona i a Cambrils, les urnes i les pallisses de l’1 d’octubre, la vaga general del dia 3, el bel·licós discurs del rei, la breu i desconcertant vida de la República Catalana, les presons, la victòria de l’independentisme el 21-D... Tots aquests esdeveniments no tan sols apareixeran als llibres d’història, sinó que marcaran la manera com veuen Catalunya i la seva relació amb Espanya un parell de generacions de catalans. El 2017 ha estat l’any en què milers de catalans han vetllat, insomnes, pensant en la gravetat dels esdeveniments.

Titulares prensaL’impacte d’aquest 2017 en la història del país serà profund. No els faré el resum de l’any. En aquest últim dia voldria referir-me a un article publicat abans-d’ahir a ‘El País’ titulat “ La construcción de la enemistad”.

L’autor és Juan Cruz, algú a qui conec de passada, 69 anys, canari, culer, algú per a qui la llengua catalana no és una llengua estranya, que ha parlat més d’una vegada de la importància de la Nova Cançó per a la vida cultural espanyola i en la seva pròpia vida personal però que en els darrers anys ha projectat una mirada agra sobre el Procés. Voldria contestar a algunes de les coses que diu sense ànim de polemitzar, però sí amb la intenció de proporcionar algunes reflexions que a Espanya no s’escolten o no es volen escoltar.

He leído con interés tu artículo “La construcción de la enemistad”. Hablo de interés y no exagero, porque de todas las derivadas del Procés, una de las que más me interesa es comprobar cómo entiende la sociedad española lo que está pasando en Cataluña. Cuando dices que “el Procés nos ha traído la destrucción sistemática de la amistad” (y aunque anoto que añades que la destrucción se ha practicado en un lado y en otro), me pregunto si era posible evitar esa enemistad a la vista de lo que contáis en los medios españoles. Porque para saber cómo entiende la sociedad española lo que está pasando en Cataluña habrá que fijarse en cómo lo cuentan los medios que consume esa sociedad.

Empezando por el principio, con la palabra ‘desafío’. ¿No firmarías que en el mundo violento en el que vivimos todos los desafíos fueran com el catalán? Democrático y pacífico, consistente en pedir que se pongan las urnas para que vote todo el mundo, los del ‘sí’ y los del ‘no’. ¿Por qué os gusta tanto la palabra ‘desafío’, un término que evoca la hidalguía herida, como si el Procés fuese un duelo de armas? En el mundo anglosajón, al que aspiramos a parecernos por tradición democrática, el único desafío consistiría en venir a Catalunya, convencer a la gente de los beneficios de seguir juntos, ganar el referéndum y volverse para casa. Lo hicieron les canadienses y lo hicieron los ingleses. ¿Por qué no los españoles?

Pienso también que esa enemistad no se ha construído ahora, sino que era preexistente. Ya sé, Juan, que no es tu caso, pero el anticatalanismo tiene siglos. Si además se hace el discurso del catalán insolidario, o de la lengua catalana como una amenaza a la identidad española, no es extraño que el presidente del gobierno tenga que salir a pedir que no se castigue a nadie por ser catalán (la cita es textual), que no se haga boicot a productos catalanes. ¿Has oído alguna vez a un presidente español pidiendo que no se haga boicot a productos canarios, o gallegos o andaluces? O vascos. ¿Recuerdas el grito de “¡A por ellos!” con el que algunas personas despidieron a los policías y guardias civiles que venían a la represión en Cataluña? Ni en los peores años de los asesinatos de ETA casi nadie osó flirtear públicamente, desde la política o desde los medios, con la vascofobia. Meterse con los catalanes, en cambio, parece que no solo es gratis, sino que da votos y aumenta audiencias. Te pondré un ejemplo:

Al día siguiente de la manifestación en Bélgica de apoyo al presidente Puigdemont, ‘El País’ públicó en portada “El separatismo pasea su odio a España por las calles de Bruselas”. Te aseguro que ese titular me heló la sangre. Primero porque fue mentira y segundo porque siempre ha sido mentira que en las manifestaciones millonarias que hemos tenido en Cataluña en todos estos años se haya vivido odio a España. La inmensa mayoría de los catalanes que votaron ‘sí’ en el referéndum no odian a nadie, porque el Procés va de ilusión por construir una vida mejor para todos y porque hay centenares de miles de catalanes, también entre los que votan ‘sí’, que tienen raíces en España. Que desde luego hablan español y quieren que sus hijos lo hablen. No hay odio a España y esa mentira duele. Duele porque nos deshumaniza, porque nos convierte en enemigos, porque es el primer paso para podernos atacar, que es lo que pasó con la policía en el referéndum del 1 de octubre. Las mentiras del gobierno de Rajoy (“No ha habido referéndum”, “Son ‘fake news’”), las mentiras de los medios duelen más que los golpes, que, por cierto no ayudaron demasiado a construir una amistad. Como no ayuda ver que se ha encarcelado a políticos elegidos democráticamente, pacíficos, bajo la acusación de ser violentos, bajo una acusación que la justicia española no se ha atrevido a sostener ante la belga.

Puedo entender que sientas tristeza al ver que alguien a quien aprecias te diga que su felicidad y su futuro estarán mejor atendidos si deja de vivir contigo. Pero eso es lo que creen y votan miles de catalanes después de haberlo probado todo con España y sentirse tratados con desdén. No sienten que el estado al que pagan les proteja, al contrario, creen que ese estado trabaja en su contra. No te voy a aburrir con ejemplos. Están en su derecho de pensarlo y de construir un proyecto político alrededor de esta idea. Incluso te diré que proponerle al estado español un referéndum es una manera muy adulta de tratar al Estado. Es confiar en su capacidad de encaje democrático, de decirle: “Vamos a resolverlo hablando y votando”. Y las únicas respuestas que hemos recibido han sido, por este orden, la ignorancia, la burla y la violencia. O la ley del más fuerte.

¿No podemos ser amigos porque queremos votar nuestra relación? ¿Si decimos en voz alta lo que pensamos, Barcelona deja de ser una ciudad cosmopolita y los catalanes unos tipos creativos o “que hacen cosas”, como decía Rajoy? Te dejo una frase de Rubert de Ventós para acabar: “Para abrazar, hay que ser dos”.

Llibertat per a Jordi Cuixart, Jordi Sànchez, Oriol Junqueras i Joaquim Forn.

I que puguin tornar aviat a casa Carles Puigdemont, Toni Comín, Clara Ponsatí, Meritxell Serret i Lluís Puig.

Que tinguem un bon any.

https://www.ara.cat/analisi/Lanalisi-Bassas-Resposta-Juan-Cruz_0_1933006804.html?utm_campaign=_news30clics&utm_source=ara&utm_medium=email