´Europa y el medallero´, Eugenio Bregolat

En los Juegos de Pekín, China obtuvo 51 medallas de oro (multiplicando por 10 las 5 logradas en 1988; en Atenas, China ganó 34 oros por 36 de EE. UU.) y 100 en total. EE. UU., 36 de oro y 110 en total. Los 27 países de la UE lograron 87 medallas de oro y un total de 287. Es decir, los veintisiete miembros de la UE obtuvieron el mismo número de medallas de oro que China y EE. UU. juntos y un 20% más que ellos en el cómputo total. Si se hubiesen presentado bajo una sola bandera, los europeos habrían logrado menos medallas en total, ya que en cada deporte habrían optado a una sola y no habrían ganado dos o tres, como hicieron en Pekín en algunos casos, pero en los deportes de equipo se habrían reforzado, con más opciones al oro, que es lo que finalmente manda.

Así, el medallero de Pekín es una metáfora perfecta del peso de Europa en el mundo. Unida, Europa es una gran potencia; uno a uno, los países europeos son jugadores de segunda división, sin opciones ante los grandes.

En el marco de la OMC y en las negociaciones comerciales en general, los Veintisiete han renunciado a tener políticas nacionales, en aras de una política comercial común. La UE es la primera potencia comercial, el comisario Mandelson habla por todos y el peso de Europa en el mundo no va a la zaga de nadie. Lo mismo vale para los países de la zona euro. Pero en política exterior y de seguridad, como en todos los campos no comunitarizados, coexisten las políticas nacionales, subsiste el veto, de modo que Solana sólo puede hablar por la UE en los casos en que se alcanza un consenso. ¿Qué sería del euro si coexistiera con las políticas monetarias soberanas de los países miembros?

Pocos meses atrás, en Barcelona, en las jornadas del Cercle d´Economia, intervino Hubert Védrine, ex ministro francés de Exteriores. Se le preguntó si Francia renunciaría a su política exterior en aras de una política exterior europea. Por ahí no vamos a ningún lado, dijo, Francia no renunciará a su política exterior. Sin Francia y Alemania no cabe pensar en una política exterior y de seguridad europea, ni en el marco de las "cooperaciones reforzadas", recogidas en el tratado de Lisboa, que permiten a los miembros que lo deseen avanzar en un sector aunque los demás sigan al margen.

Hoy por hoy, la gran mayoría de los países de la UE prefiere retener su soberanía nacional en política exterior y de seguridad. Jean Monnet escribió en sus Memorias,en 1954, hace más de medio siglo: "Aún serán necesarias muchas pruebas antes de que los europeos comprendan que no tienen más alternativa que la unión o una lenta decadencia". ¿Cuánto tardará en madurar la conciencia europea? ¿O se resignarán los grandes países de la UE a jugar en segunda división, limitándose a ver como los de primera (EE. UU., China y tal vez alguno más) deciden los destinos del mundo?

4-X-08, Eugenio Bregolat, lavanguardia