´El Estado policial y el señor de la calle Viladomat´, Quim Monzó

Ayer me paró un señor en la calle Viladomat y me dijo: "He visto que está usted a favor de que de día los coches circulen con las luces encendidas. Vaya tontería. ¿No dicen que tenemos que ahorrar energía? ¿En plena crisis quieren obligarnos a llevar las luces todo el día? ¡Sólo faltaba eso: que el estado policial nos obligue a circular de día con las luces puestas! Ya soy mayorcito para decidir si quiero circular con luces o sin ellas, ¿no le parece?".

El señor se dirigía a mí porque el sábado publiqué en esta columna un artículo sobre la decisión de la Unión Europea de que, a partir del 2011, los coches salgan de fábrica con faros que se encenderán al poner el motor en marcha. La medida me parece sensata, porque así los coches se hacen más visibles y se evitan accidentes, y explicaba que desde hace una docena de años circulo siempre de esa forma, aunque en este país la ley aún no obligue. A falta de miembro de la Comisión Europea a quien afearle la decisión, y con pereza de viajar a Bruselas con una pancarta, el señor decidió que el hecho de haber dado públicamente mi opinión me convertía en candidato ideal a recibir su bronca.

Era de prever que la decisión desataría las iras de los que, a cada cosa nueva que se legisla, ponen el grito en el cielo. Es el síndrome Aznar. Cuando el año pasado le dieron la medalla de la Academia del Vino de Castilla y León, arremetió contra la dirección general de Tráfico. Dijo Aznar que nadie tenía que decirle qué podía beber: "No me gusta que me digan: no puede ir usted a más de tanta velocidad, no puede usted comer hamburguesas de tanto, debe usted evitar esto y, además, a usted le prohíbo beber vino".

El síndrome lleva su nombre pero afecta a muchísimas personas. Son los supuestos adalides de la libertad, los que se quejaron cuando se decidió que, yendo en coche, había que ponerse el cinturón de seguridad: "¡Sólo faltaba eso: que el estado policial me obligue a circular con el cinturón puesto! Ya soy mayorcito para decidir si quiero ir con cinturón o sin". Son los que protestaron cuando los motoristas tuvieron que ponerse casco: "¡Sólo faltaba eso: que, porque voy en moto, el estado policial me obligue a llevar casco! Ya soy mayorcito para decidir si quiero ir con casco o no". Son los que pusieron el grito en el cielo cuando instalaron semáforos en las calles: "¡Sólo faltaba eso: que el estado policial ponga postes con colorines y me obligue a frenar si están en rojo! Ya soy mayorcito para decidir dónde paro o no paro". Son los que se indignaron cuando aquí se decidió que, para evitar el caos, todo el mundo circularía por la derecha: "¡Sólo faltaba eso: que el estado policial me diga si tengo que circular por la derecha o por la izquierda! Ya soy mayorcito para decidir por qué lado prefiero circular".

Y así siempre.

1-X-08, Quim Monzó, lavanguardia