ŽEl Caspio tiene poderŽ, Andy Robinson

La sangre caliente de conflictos nacionales y étnicos flota en la superficie de guerras como la de Georgia. Pero por debajo corren el petróleo y el gas, sostienen en Washington analistas de seguridad enérgetica.

En tiempos del barril de petróleo a 100 dólares, las abundantes reservas energéticas en el Caspio han convertido Asia Central en un frente estratégico de lo que algunos comentaristas califican de guerras por los recursos camufladas tras conflictos nacionalistas o étnicos.

La región del mar Caspio extrae el 1% de la producción mundial de petróleo, principalmente explotaciones marinas en Azerbaiyán y Kazajistán. Pero hay que señalar que tiene reservas de crudo iguales a la suma de las de EE. UU. y Canadá, y de gas natural similares a las de Arabia Saudí. Turkmenistán es la gran alternativa para el gas natural de Rusia, el mayor productor mundial.

"Estados Unidos, Europa y China compiten en la zona para reducir su dependencia, bien de Rusia, bien de Oriente Medio", dice Theresa Sabonis-Helf, analista de seguridad nacional de la Universidad Nacional de Defensa. Aunque también tienen objetivos geopolíticos. "El Pentágono considera clave la región - agrega Sabonis- para poder controlar el suministro de hidrocarburos a China, considerado un rival más temible que Rusia".

Desde la presidencia de Bill Clinton, Washington ha hecho enormes esfuerzos en financiación y en ayudas militares para ganar aliados en la región que va de Georgia a Kazajistán pasando por Azerbaiyán. Con estas garantías multinacionales, petroleras occidentales como Chevron, BP, Shell y Exxon Mobil, entre otras, ya operan en la región. Esta estrategia ha sufrido un fuerte revés en Georgia este verano. "Rusia ya tiene un veto sobre todo el petróleo y gas que cruza el Cáucaso", señala Sabonis-Helf. "El control ruso desde el Caspio sobre los suministros afecta a la seguridad energética en Europa y daña los intereses estadounidenses en la región", sentencia. Sectores neoconservadores en Washington se han reagrupado en torno a la candidatura de John McCain - cuyo asesor de política exterior trabajó para el Gobierno georgiano- con el fin de rentabilizar el discurso sobre una nueva guerra fría. El vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, declaró en Azerbaiyán que su país hará lo necesario para garantizar "rutas alternativas" a las que pasan por Rusia con el fin de "asegurar el flujo libre de recursos".

Pero, más que el conato de una nueva guerra fría, la grave crisis de Georgia parece ser otro ejemplo de un conflicto cada vez más caliente por recursos energéticos menguantes.

Georgia y Azerbaiyán son los dos corredores alternativos a la Federación Rusa (e Irán) para exportar hidrocarburos desde el Caspio, principalmente petróleo de Kazajistán y del mismo Azerbaiyán, y gas natural de Turkmenistán. De ahí la importancia estratégica del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC), que transporta unos 850.000 barriles de crudo al día desde yacimientos de Azerbaiyán en la costa del mar Caspio hasta el puerto de Ceyhan, en el Mediterráneo turco, pasando por Georgia.

Bajo la gestión de la petrolera británica British Petroleum, este oleoducto no ha pasado por territorio ruso, lo cual ha agravado los recelos del Kremlin respecto a las intenciones estadounidenses en el Cáucaso y el Caspio. "Construirlo fue una bofetada para los rusos", afirma Gal Luft, del neoconservador Instituto de Análisis de Seguridad Global. Pero tras la devastadora ofensiva rusa, este verano todo ha cambiado. "Si Georgia está en peligro, el riesgo para Azerbaiyán también está muy claro", resalta Sabonis-Helf.

Paul Horsnell, analista de Barclays, comenta que "petroleras como BP, Exxon o Chevron se lo pensarán dos veces antes de construir más oleoductos - o gasoductos- en estos dos países".

El proyecto Nabucco de construir un gasoducto en un trayecto similar al BTC - parte del programa transeuropeo para diversificar fuentes de suministro- ya estaba en entredicho antes de la guerra. "Ahora está muerto", dice Luft. Reinhard Mitschek, consejero delegado del grupo energético austriaco OMV, que encabeza el proyecto, cree en cambio que "el conflicto georgiano no ha afectado al Nabucco".

El ganador de la acción de fuerza rusa puede ser China, subraya Sabonis-Helf. "Al ver que las salidas hacia Occidente se complican, los países caucásicos van a ver más fácil suministrar crudo y gas a China". El presidente de Turkmenistán, Gurbanguly Berdymujamedov, anunció inmediatamente después de la ofensiva rusa que aumentará las exportaciones a China a través de un oleoducto de reciente construcción hacia el este.

11-IX-08, Andy Robinson, lavanguardia