´Compromiso´, Pascal Boniface

Mientras los Estados se aprovechan desde hace tiempo de las hazañas y victorias de sus deportistas, éstos ven prohibida por la Carta del Comité Olímpico Internacional cualquier expresión personal de un compromiso de tipo político, ya que "no se autorizará ninguna clase de manifestación de propaganda, política, religiosa o racial en los recintos olímpicos, ámbitos de competición u otras instalaciones olímpicas". Dos pesos, dos medidas. Por eso, a veces los deportistas hacen trizas el tabú y emiten un mensaje político.

No fue de forma voluntaria cómo Jesse Owens desbordó en 1936 el marco puramente deportivo para hacer irrupción en el campo político. Es verdad que un atleta negro que gana cuatro medallas de oro en presencia de Hitler pone seriamente en cuestión la verosimilitud del mensaje de la superioridad de la raza aria. Pero Owens emitió ese mensaje en silencio... visiblemente por cierto. También incomodó a las autoridades estadounidenses, en un momento en que la segregación racial hacía estragos en Estados Unidos. Roosevelt, presente en Berlín, eludió al atleta negro y no le invitó a la Casa Blanca, mientras que el decatloniano blanco Glenn Morris fue nombrado atleta del año.

Pero más tarde se produciría un hecho de reivindicación política totalmente consciente y voluntario, el que protagonizaron Tommie Smith y John Carlos durante los Juegos de México en 1968. Subidos al podio para recibir sus medallas de oro y bronce en los 200 metros, ambos bajaron la cabeza y levantaron un puño enguantado en negro hacia el cielo. Próximos al grupo de los Panteras Negras, quisieron atraer la atención del mundo entero y la de sus conciudadanos sobre las discriminaciones considerables que sufrían los negros en Estados Unidos. Ambos entraron en la historia, pero en su país fueron tratados como parias y enviados al paro.

En 1980, en Moscú, tras un último salto que le dio la victoria, el saltador de pértiga polaco Wladyslaw Kozakiewicz hizo un gesto de desafío con el brazo. Fue a la vez una respuesta al público ruso, que le había silbado debido a su competencia con el pertiguista local Konstantin Volkov y también su respuesta a la proclamación del estado de urgencia en Polonia por el general Jaruzelski bajo la violenta presión soviética. El embajador de la URSS en Polonia exigió que se le retirara la medalla al saltador "por haber insultado al pueblo soviético". El gobierno polaco, atrapado entre la tutela de Moscú y su propia opinión pública, declaró que el gesto había sido "involuntario" y fue el resultado "de un espasmo muscular" asociado a su enorme esfuerzo físico. En 1984, Kozakiewicz cruzó el telón de acero y adoptó la nacionalidad alemana.

En el año 2000, en Sydney, Cathy Freeman, aborigen, encendió la llama olímpica y logró la medalla de oro de los 400 metros. Se trataba de llamar la atención sobre la población aborigen, ampliamente diezmada, y el resto de australianos.

Es obvio que las gestas políticas en tal contexto son realmente excepcionales. ¿Habrá gestos espectaculares en estos Juegos de Pekín durante el curso de las pruebas? Según ha declarado el pertiguista Romain Mesnil, "con cuatro mil millones de telespectadores, es el mejor momento posible para hacer un gesto de este tipo".

La idea de llevar una cinta con la leyenda "por un mundo mejor" - eslogan sin embargo escasamente polémico- ha sido rechazada por el comité olímpico francés.

¿Habrá demostraciones espectaculares en Pekín? La respuesta sigue en el aire.

16-VIII-08, Pascal Boniface, lavanguardia