Ge˛rgia i R˙ssia posen el CÓucas (altra vegada) en guerra (1)

10-VIII-08:

  • Georgia retrocede y retira sus tropas de Tsjinvali
  • Putin denuncia "genocidio" de Georgia mientras disidentes famosos piden la condena de Rusia
  • Abjazia envía 1.000 soldados a la frontera con Georgia
  • El Consejo de Seguridad de la ONU renuncia a pedir el alto el fuego por falta de consenso
  • Rusia se prepara para imponer un bloqueo naval contra Georgia
  • Ban pide la máxima contención a las partes y seguridad para los observadores
  • Estado de guerra en Georgia
  • Desde que llegó al poder, en el 2004, Mijail Saakashvili, presidente de Georgia, ha insistido en la idea de mantener la unidad de esta ex república soviética del Cáucaso. El argumento de que las provincias separatistas de Osetia del Sur y Abjasia son parte de un Estado multiétnico y la acusación a Rusia de querer intervenir en la política georgiana con la excusa del apoyo a los rebeldes son parte de su discurso. Pero el conflicto entre Tiflis y los separatistas tiene otros elementos que ayudan a entender esta guerra.

    RAÍCES HISTÓRICAS. Los enclaves de Abjasia, Osetia del Sur y Adzharia, aunque integrados en Georgia, gozaban en tiempos de la Unión Soviética de un estatus de semiautonomía. "Abjasia es una de las etnias con raíces más antiguas del Cáucaso. Entre los siglos VIII y XI fue un reino, y en el siglo XIX obtuvo una autonomía bajo el poder ruso. La unión de Abjasia y Osetia con Georgia se produje bajo el mandato de Stalin", explica el historiador abjasio Stanislav Lakova, encargado de Seguridad en el Gobierno separatista de Abjasia.

    TIEMPO DE CAMBIOS. Abjasia y Osetia, cuyas poblaciones - al contrario que Adzharia- son étnicamente distintas a los georgianos, no aceptaron el poder de Tiflis tras la desintegración de la URSS y la independencia de Georgia en 1991. Por el contrario, se mostraron leales a Moscú. Los independentistas argumentan que propusieron a Georgia una confederación que les permitiese ser regiones autónomas en el seno del Estado.

    DOS GUERRAS. Entre 1991 y 1992 en Osetia del Sur y entre 1992 y 1993 en Abjasia, Georgia intentó por la fuerza mantener unido el país. Pero no tuvo éxito. Voluntarios rusos participaron en los conflictos contra Georgia. Entre ellos, un hombre que luego abandonó su lealtad a Moscú y se convirtió en uno de los principales comandantes de los guerrilleros chechenos: Shamil Basayev.

    RUSOS Y PASAPORTES. Rusia mantiene contingentes militares en las dos provincias rebeldes desde el fin de los conflictos de los noventa. Son fuerzas de mantenimiento de la paz, por encargo de la ONU y bajo mando de la Comunidad de Estados Independientes (CEI, ex repúblicas soviéticas a excepción de las tres bálticas). Pero Georgia acusa a Moscú de utilizarlos para influir en un país que los rusos consideran su zona de influencia. Además, la mayoría de la población de estas regiones tiene pasaporte ruso, así que el Kremlin tiene la obligación constitucional de defenderles.

    LA OPORTUNIDAD PERDIDA. Tal vez por debilidad, tal vez por desidia o tal vez por interés, Rusia no ha reconocido nunca a Abjasia y Osetia del Sur como países independientes. "En los últimos años es una opción complicada en la arena internacional. Pero en la época Yeltsin, si-Moscú hubiera querido, el presidente lo habría resuelto pacíficamente", cree Sergei Mijeiev, experto en el Cáucaso.

    OTRA RUSIA. La época del presidente Vladimir Putin no es la de su antecesor, Boris Yeltsin. Rusia ahora es otro país, mucho más poderoso, con influencias casi decisivas en la arena diplomática y con un papel esencial en la exportación de gas natural, especialmente hacia Europa. En esta situación, difícilmente puede la Georgia de Saakashvili esperar ayuda militar en la nueva guerra en Osetia del Sur. Aunque Estados Unidos sea su principal aliado, Washington y la Unión Europea necesitan el concurso de Rusia para solucionar conflictos internacionales mucho más relevantes, como los focos abiertos en Oriente Medio, o para mediar en la crisis nuclear de Corea del Norte.

    PETRÓLEO. Georgia se ha convertido en un país estratégico en los últimos años después de la construcción de un oleoducto que atraviesa su territorio y lleva el petróleo del Cáucaso a los mercados occidentales a través de Turquía.

    EL SUEÑO DE LA OTAN. Saakashvili tiene como fin integrar a Georgia en laOTANy la UE. Pero si la incorporación de los países del Este y de las repúblicas bálticas (Lituania, Estonia y Letonia) causó sarpullido en Moscú, la posibilidad de que Ucrania y Georgia, antes territorios dentro de la URSS, formen parte de la Alianza provoca un terrible enfado a Rusia.

    CERCA DE CHECHENIA. La situación de Georgia en la frontera sur de Rusia convierte el país en una zona especialmente sensible. Las dos guerras de Chechenia y el temor a que el gusano independentista prenda otra vez en alguna región interna hacen que los asuntos del Cáucaso se traten con mucho cálculo en Moscú. "Lo mejor para Rusia es que las cosas se mantengan como están", aprecia Alexander Skakov, del Centro para el Estudio de Problemas Fronterizos, en Moscú.

    10-VIII-08, G. Aragonés, lavanguardia

    9-VIII-08:

    La separatista Osetia del Sur es un pequeño territorio del Cáucaso que muy bien podría recalificarse como "separada", porque de hecho esta provincia vive de forma independiente de la república es soviética de Georgia, desde la guerra que mantuvieron entre 1991 y 1992. En la madrugada de ayer el Gobierno del presidente georgiano, Mijail Saakashvili, intentó recuperarla por la fuerza, pero tras la ofensiva militar se encontró con la resistencia de los osetios y una contundente respuesta de Rusia.

    La Federación Rusa, el vecino fuerte, ha apoyado a la separada Osetia en su opción independentista, sus tanques alcanzaban a última hora de ayer la capital, Tsjinvali. Según las autoridades de Osetia del Sur, el ataque georgiano podría haber causado más de mil muertos.

    Georgia, por su parte, acusa a Rusia de ser el causante de una guerra en su territorio y ayer, cuando parecía claro que el golpe de Saakashvili no había funcionado, se apresuró a denunciar a Rusia de haber atacado varias bases militares, así como la ciudad de Gori. La televisión estatal rusa emitió, además, imágenes de columnas de tanques dirigiéndose a la provincia secesionista para apoyar a las fuerzas de paz rusas en la zona y, según el ministro de Defensa, "para ayudar a detener el derramamiento de sangre".

    El presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, había prometido varias horas antes que la muerte de compatriotas rusos no quedaría sin respuesta. "Debo proteger la vida y la dignidad de los ciudadanos rusos donde quiera que se encuentren. No permitiremos que su muerte quede impune", aseguró en un mensaje televisado.

    El portavoz de las fuerzas de campo rusas, el coronel Igor Konashenkov, aseguró que el ataque georgiano había provocado 10 muertos y 30 heridos entre los soldados rusos desplegados permanentemente en Osetia del Sur.

    El presidente de la no reconocida Osetia del Sur, Eduard Kokoity, dijo a la agencia rusa Interfax que había "cientos de civiles muertos".

     

    Rusia mantiene desde el fin de las guerras de los años noventa dos contingentes militares en Osetia del Sur y Abjasia, otra provincia georgiana cuya situación política es similar. Las dos regiones lucharon por separarse de la entonces recién independizada Georgia, que había formado parte de la Unión Soviética. Los soldados rusos se encuentran en estos territorios por encargo de la ONU y de la Comunidad de Estados Independientes (CEI, formada por las repúblicas que pertenecía a la URSS a excepción de las tres bálticas), pero según Georgia el objetivo de Rusia es controlar esas regiones y anexionárselas. Extremo siempre negado por Moscú. Según testigos, la capital de Osetia del Sur, Tsjinvali, quedó devastada tras el ataque georgiano. "Vi cuerpos tendidos en las calles, alrededor de edificios destruídos, en los coches. Es imposible contarlos, pero apenas queda un inmueble sin daños", explicaba a periodistas extranjeros Ludmila Ostayeva, habitante de la ciudad.

    El primer ministro de Georgia, Lado Gurgenidze, justificó el ataque diciendo que habían perdido la paciencia con los últimos ataques de las milicias separatistas y que habían decidido restaurar la paz en Osetia del Sur.

    El ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, acusó, en cambio, a los georgianos de llevar a cabo una limpieza étnica entre la población de Osetia del Sur. "Recibimos informes de que se está llevando una política de limpieza étnica en los pueblos de Osetia del Sur, el número de refugiados está aumentando y el pánico, creciendo", dijo avrob por televisión.

    Esta es la primera crisis que tiene que afrontar el presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, que asumió el poder en mayo pasado. El conflicto se ha encendido en una región cuyo valor estratégico ha aumentado en los últimos años al convertirse en zona de tránsito hacia Europa para el petróleo que se extrae del mar Caspio. Durante la revolución de las rosas, una revuelta incruenta que en el año 2003 llevó al poder a Sakashvili, se escenificó una lucha por la influencia en la zona entre Rusia y los países occidentales, en los que se apoyó el presidente georgiano.

    Sakashvili, que por el momento tiene en Estados Unidos un amigo, está intentando que su país ingrese en la OTAN, lo que ya ha levantado las protestas de Moscú. Pero ese apoyo flojea porque tiene en su contra a la oposición georgiana y en las últimas elecciones presidenciales, celebradas el pasado mes de enero, consiguió una victoria muy ajustada que supo a derrota después del gran apoyó en el 2004.

    Sakashvili pipidió ayer ayuda a Washington alegando que "Estamos en situción de legítima defensa. Esta es una agresión de Rusia. Estamos sufriendo por la libertad, queremos ser una democracia multiétnica". La decisión de Sakashvili de atacar Tsjanvili pudo ser un error de cálculo sobre los apoyos de Occidente y su implicación en caso de conflicto serio con Rusia. EE. UU. reafirmó su defensa de la integridad territorial de Georgia y pidió un cese de las hostilidades, sin ir más lejos.. A última hora el mismo presidente georgiano abogó por un inmediato alto el fuego.

    9-VIII-08, G. Aragonés, lavanguardia

    La situación de los civiles en la capital de Osetia del Sur, Tsjinvali, no está clara. La Cruz Roja Internacional anunció ayer que los hospitales tienen problemas ante la llegada masiva de heridos. Además, las ambulancias tienen problemas para llegar a las zonas de combate. La preocupación aumentó con la llegada de las tropas rusas a Tsjinvali. Georgia movilizó ayer a sus reservistas, con el consiguiente temor de que el conflicto se prolongue. Cientos de habitantes de la ciudad están abandonando la capital osetia. La vecina República de Osetia del Norte, ya en territorio ruso, está preparada para acoger a 3.000 refugiados. La ministra de Exteriores de Georgia, Ekaterine Tkeshelashvili, prometía que su Gobierno garantizará la salida de la zona de conflicto de todos los civiles que lo deseen.

    9-VIII-08, lavanguardia

    La UE se mostró ayer "muy preocupada" por la situación en Osetia del Sur. El jefe de la diplomacia europea, Javier Solana, hizo un llamamiento al cese de los enfrentamientos y a retomar el diálogo. Solana mantuvo conversaciones telefónicas con distintos mandatarios en la región. Los Veintisiete también lamentaron la "pérdida de vidas y el sufrimiento de la población". En el mismo sentido se expresó la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, quién pidió un alto al fuego inmediato y mandó un enviado especial a la zona.

    9-VIII-08, L. Forés, lavanguardia

    La de Georgia es una de las doce fuerzas aéreas resultantes de la desmembración de la Unión Soviética. Los nuevos Estados independientes aprovecharon la desbandada general para retener las aeronaves que la URSS tenía desplegadas en dichas ex repúblicas. En Georgia, Rusia no fue tan generosa y no dejó prácticamente nada en herencia al nuevo Estado, con lo que la Fuerza Aérea de Georgia nació con saldos alados y rotores desvencijados.

    Por si esa situación no fuese suficientemente precaria, en 1992 Abjasia, una región al noroeste del país, se declaró independiente y formó su propia fuerza aérea quedándose con todo objeto volante que estuviera en su territorio, y se enfrentó en violentos raids aéreos con el resto del país, dándose la circunstancia en que era difícil distinguir a quién pertenecían los aviones, ya que portaban los mismos colores. Sí, iban pintados, ya que por falta de presupuesto no había partidas para costear la imprimación de esquemas de camuflaje en su fuselaje.

    La debilidad del ejército y en particular de la fuerza aérea quedó patente en las guerras contra regiones escindidas que perdió, en buena parte, por el doble juego de Rusia apoyando teóricamente al Gobierno de Tiflis, pero en realidad reforzando a los separatistas, para ver con satisfacción el debilitamiento del país con sus acciones y en las que el apoyo de los cazas rusos era fundamental. No era de recibo que los pilotos abjacios ganasen batallas usando vetustos planeadores frente a cazabombarderos.

    Tras un periodo de calma relativa, EE. UU. entró en el escenario del Cáucaso, en el marco de su lucha contra el terrorismo internacional tras el 11-S. Apoyaron la renovación de la fuerza aérea georgiana y les regalaron diez helicópteros UH-1H de la guerra de Vietnam, máquinas tan antiguas que cuatro de ellas sirven como proveedores de repuestos para las otras seis. Esos aparatos se unieron a los únicos aviones georgianos entonces en servicio: dos cazas Sukhoi, un helicóptero de ataque y dos de transporte.

    Argumentando razones estratégicas, EE. UU. frecuentaba los cielos de Georgia ante la indignación rusa, que denunció varias veces la entrada de aviones espía en su espacio aéreo. La formación de una fuerza local antiterrorista fue otro argumento estadounidense para entregarles 64 millones de dólares para dotar el nuevo cuerpo armado. Dinero que ha servido para reforzar su maltrecha fuerza aérea y castigar las regiones separatistas, como evidencian los ataques de ayer a Osetia del Sur, aprovechando los Sukhoi operativos gracias al dinero norteamericano y la tecnología israelí con que han modernizado los aparatos.

    Tanto Rusia como EE. UU. tienen intereses en la zona. Los primeros tuvieron presencia en las regiones separatistas como supuesta fuerza de pacificación, y los segundos quieren tener influencia en una región con oleoductos que van desde el mar Caspio al Negro. Ayer llegaron los tanques rusos a Osetia. Si Moscú decide desplegar también su fuerza aérea sobre Georgia, la lucha será tan desproporcionada que los aviones rusos liquidarían a las Fuerzas Aéreas Georgianas en cuestión de horas.

    9-VIII-08, J. Ortega Figueiral, lavanguardia