´´Pastunistán´: Un desafío para Pakistán y Afganistán´, Selig S. Harrison

Selig S. Harrison
ARI Nº 37/2008 (traducido del inglés) - 21/05/2008
realinstitutoelcano
 

Tema: La colaboración cada vez mayor entre los nacionalistas pastunes y las fuerzas islamistas en contra de la dominación punjabi podría llevar a la ruptura de Pakistán y de Afganistán y a la emergencia de una nueva entidad nacional: un “Pastunistán islámico”.

Resumen: El crecimiento alarmante de al-Qaeda y de los talibán en la región tribal pastún del noroeste de Pakistán y del sur de Afganistán suele atribuirse a la popularidad de su variante mesiánica del islam y a la ayuda encubierta de los servicios secretos paquistaníes. Pero hay otra razón, más inquietante, que explica su éxito: su relación simbiótica con un importante en ambos movimiento separatista pastún que podría llevar a la unificación de, aproximadamente, 41 millones de pastunes lados de la frontera, la ruptura de Pakistán y de Afganistán, y la emergencia de una nueva entidad nacional, un “Pastunistán islámico”.

Este ARI examina la reivindicación pastún de un territorio independiente, las raíces históricas y políticas de la identidad pastún, las implicaciones que esta situación tiene para las operaciones militares dirigidas por la OTAN o por paquistaní en la región, la creciente colaboración entre los nacionalistas pastún y las fuerzas islámicas contra la dominación punjabi y las razones por las que el movimiento pro Pastunistán, largo tiempo inactivo, está cobrando vida lentamente.



Análisis: El crecimiento alarmante de al-Qaeda y de los talibán en la región tribal pastún del noroeste de Pakistán y el sur de Afganistán suele atribuirse a la popularidad de su variante mesiánica del islam y a la ayuda encubierta de los servicios secretos paquistaníes. Pero hay otra razón, más inquietante, que explica su éxito: su relación simbiótica con un importante movimiento separatista pastún que podría llevar a la unificación de unos 41 millones de pastunes en ambos lados de la frontera, la ruptura de Pakistán y de Afganistán, y la emergencia de una nueva entidad nacional, un “Pastunistán islámico” liderado por el islamismo radical.

Pakistán y Afganistán son dos Estados multiétnicos frágiles. De manera irónica, al ignorar los factores étnicos y definir su lucha contra los yihadistas en términos militares, EEUU está ayudando sin darse cuenta a al-Qaeda y a los talibán a conseguir el liderazgo del nacionalismo pastún. El problema político central al que se enfrenta Pakistán, problema que ha estado oculto a la atención internacional distraída por la “Guerra contra el terror”, es cómo tratar las profundas tensiones entre la mayoría punjabi, que controla las fuerzas armadas, y las minorías baluchi, sindi y pastún a quienes se les ha negado injustamente su parte en el poder económico y político.

Si la historia puede servirnos como guía fiable, las perspectivas de la supervivencia del Estado paquistaní, en su actual configuración de grupos etno-lingüísticos, no están aseguradas. En la historia del sur de Asia no existe ningún precedente de un país formado por cinco regiones etno-lingüísticas como es el caso de Pakistán, tal y como se constituyó originalmente en 1947, ni siquiera de un Pakistán truncado formado por las cuatro regiones que permanecieron unidas tras la secesión de Bangladesh en 1971. Los ideólogos del nacionalismo paquistaní exaltan la memoria histórica de Akbar y Aurangzeb como símbolos de la grandeza islámica en el sur de Asia. Por el contrario, baluchis, sindis y pastunes recuerdan principalmente a los mogoles como símbolos de la opresión pasada.

En Afganistán, donde los pastunes son el grupo étnico más numeroso, se sienten agraviados por la influencia desproporcionada que ejerce la minoría étnica tayica en el régimen de Hamid Karzai, una consecuencia de la colaboración de EEUU con las milicias tayikas para expulsar a los talibán. Lo que es aún más importante es que son los pastunes los que han sido las principales víctimas de los bombardeos de EEUU y de la OTAN contra los talibán, quienes son mayoritariamente de etnia pastún y operan en el territorio pastún. Según un cálculo fidedigno, las víctimas civiles en Afganistán se acercan a las 5.000 desde 2001.

El imperio perdido
No hay consenso sobre el tamaño de la población pastún en Pakistán y tampoco hay datos censales definitivos en Afganistán. El World Factbook de la CIA estima que la población afgana alcanzaba los 31,05 millones en 2006, de los cuales 13 millones eran pastunes. En Pakistán, los datos del censo indican que hay 25,6 millones de hablantes de la lengua pastún. A ellos debe sumárseles unos 2,5 millones de refugiados pastunes en Pakistán. Estas cifras sugieren que la población pastún en ambos países es de 41 millones de personas.

Los pastunes consideran que el colonialismo británico les privó de sus derechos. Hasta el Raj, los pastunes estuvieron unidos políticamente durante casi un siglo bajo el estandarte de un imperio afgano que se extendía hacia el este hasta el río Indo. Los pastunes sufrieron un duro golpe cuando los británicos se apoderaron de 40.000 millas cuadradas del territorio ancestral pastún entre el Indo y el Paso de Khyber. La mitad de la población pastún quedó entonces bajo la tutela de Gran Bretaña, que impuso la Línea Durand para formalizar su conquista. Cuando posteriormente cedieron este territorio al nuevo gobierno de Pakistán dominado por los punjabíes, en 1947, los británicos dejaron en herencia un asunto explosivo, irredentista que ha marcado para siempre la retórica de los regímenes afganos dominados por los pastunes y ha envenenado las relaciones entre Afganistán y Pakistán. En varias ocasiones, la monarquía de Zahir Shah, la república de Muhammad Daoud y los gobiernos comunistas posteriores a 1978 han cuestionado el derecho de Pakistán de gobernar sobre sus zonas pastunes, propugnando alternativamente el objetivo de crear un Estado pastún autónomo dentro de Pakistán, un Estado pastún independiente escindido de Pakistán o bien un “Gran Afganistán”, anexionando directamente los territorios perdidos.

Pakistán ha luchado denodadamente para sofocar los impulsos de los pastunes de conseguir un Pastunistán independiente, tanto durante como después de la ocupación soviética de Afganistán. Durante la ocupación, el Interservices Intelligence Directorate (ISI) canalizó la ayuda norteamericana a los grupos islamistas de la resistencia bajo su tutela, negando ayuda y armas a los grupos de la resistencia simpatizantes del ex monarca Zahir Shah, quien había apoyado el movimiento del Pastunistán durante su reinado. Cuando las fuerzas soviéticas se fueron de Afganistán, el ISI trató en un principio de instalar en el poder a facciones afganas afines a Pakistán, supuestamente contrarias al concepto de Pastunistán. Cuando estos grupos se demostraron incapaces de consolidar su poder, Islamabad volvió sus ojos hacia los talibán, quienes tenían una base pastún pero estaban dominados por líderes clericales con una ideología panislámica y en principio no se identificaban con el movimiento de Pastunistán. Sin embargo, de forma significativa, cuando los talibán llegaron al poder, no reconocieron la Línea Durand pese a las presiones de Pakistán para que así lo hicieran.

Hoy en día, los pastunes restan importancia a las sangrientas luchas dentro de la monarquía con las que se abrió el camino para la intervención de los británicos y sus aliados a principios del siglo XIX. No obstante, viendo la imagen en su conjunto, hay pruebas históricas más que suficientes que explican el poder emocional del nacionalismo pastún. Mucho antes de que los británicos apareciesen en escena, los pastunes luchaban por mantener su identidad frente a los avances de los emperadores mogoles, que ejercían a duras penas el control sobre las zonas al oeste del Indo desde su capital en Delhi.

Las raíces de la identidad pastún
Los pastunes a ambos lados de la Línea Durand comparten una antigua identidad social y cultural que se remonta al menos al reino Pakti mencionado en los escritos de Herodoto y posiblemente a fechas anteriores. Cuando un crítico punjabí preguntó en 1975 a Wali Khan, el líder del Partido Nacional Awami, si era “primero un musulmán, un paquistaní o un pastún”, Wali Khan dio una respuesta que ha sido citada muchas veces: “un pastún de 6.000 años, un musulmán de 1.000 años y un paquistaní de 27 años”. Se han encontrado inscripciones del siglo VIII en un idioma precursor del pastún. En los siglos XI y XII, Rahman Baba y otros poetas escribían canciones folclóricas que siguen siendo populares en la actualidad y, a mediados del siglo XVII, Khushal Khan Khattak había desarrollado lo que hoy en día se considera como el estilo clásico de la poesía pastún.

Hay de dos a tres docenas de tribus pastún, dependiendo de la forma de clasificarlas, divididas en cuatro grandes agrupaciones: los durranis y los ghilzais, concentrados en Afganistán; las llamadas tribus independientes, a ambos lados de la Línea Durand; y varias tribus, tales como los khattaks y los bannuchis, centrados en la Provincia de la Frontera Noroeste. Como escribió Richard Tapper:

“A pesar del conflicto endémico entre los distintos grupos pastún, todos ellos saben desde hace tiempo que la noción de la unidad étnica y cultural de todos los pastunes es un complejo simbólico de gran potencial para la unidad política. De todos los grupos tribales de Irán o Afganistán, los pastunes han tenido probablemente la ideología de linaje segmentario más explícita y dominante del modelo clásico expresada no sólo en genealogías escritas sino en la distribución territorial”.
(The Conflict of Tribe and State in Iran and Afghanistan, St Martin’s Press, Nueva York, 1983.)


Sin embargo, a diferencia de la sociedad baluchi con sus estructuras jerárquicas y sus sardars todopoderosos, la cultura pastún tiene un halo igualitario personificado en el papel de la jirgah (asamblea). Por otra parte, aunque el malik de la tribu (jefe del poblado) es la figura más poderosa en los asuntos de la tribu per se, el malik comparte el poder con el mullah en una relación compleja y simbiótica.

El Estado afgano que Ahmad Shah Durrani fraguó en 1747 era de carácter decididamente pastún. Se trataba de una confederación tribal pastún, instaurada con el objetivo de unir a los pastunes y proteger sus intereses e integridad frente a los rivales no pastunes. Por cierto que, incluso en sus inicios, el nuevo Estado no era totalmente homogéneo étnicamente, por el contrario, Afganistán tenía una abrumadora mayoría pastún a principios del siglo XIX. Sin embargo, la pérdida de los territorios trans-Durand en 1823 y la consecuente división de los pastunes dejó a un Afganistán truncado con un balance étnico menos definido. A medida que se desarrollaba el “gran juego” entre Gran Bretaña y Rusia durante el siglo XIX, los británicos incitaron a sucesivos dirigentes afganos a expandir paulatinamente la frontera de Afganistán hacia el norte hasta el río Oxus. El objetivo británico era hacer de Afganistán un Estado tapón, mientras que los dirigentes pastunes en Kabul tenían sus propias ambiciones imperialistas. Extensas zonas pobladas por hazaras, tayikos, uzbecos y otros grupos étnicos no pastunes fueron anexados por Kabul tras largas y costosas luchas que dejaron un legado de conflicto étnico latente.

La emergencia del nacionalismo
Los no pastunes constituían al menos el 35% –incluso puede que llegaran al 45%– de la población de Afganistán durante las décadas precedentes a la ocupación soviética, y se han fortalecido tras el masivo éxodo de refugiados pastunes a Pakistán. Al cambiar el equilibrio étnico, los pastunes de Afganistán han tratado de forma intermitente de forjar algún tipo de unidad política con los pastunes de Pakistán que pueda restablecer el dominio indiscutible pastún en Kabul. Al mismo tiempo, dada la responsabilidad de los británicos en la división de los pastunes, no es sorprendente que el sentimiento antibritánico en las décadas de los 20 y los 30 desencadenara la emergencia de un movimiento nacionalista pastún que se convertiría en el lado paquistaní de la Línea Durand en los “Camisas rojas” de Ghaffar Khan, quienes reclamaron explícitamente, en vísperas de la partición, un Pastunistán independiente. En la Declaración Bannu del 22 de junio de 1947, Ghaffar Khan reclamó que los pastunes pudieran elegir entre unirse a Pakistán o establecer un Pastunistán independiente, en lugar de una elección limitada a optar por Pakistán o por India.

Los “Camisas rojas” boicotearon el referéndum que los británicos, en proceso de dejar el país, utilizaron como base legal para devolver la Provincia de la Frontera Noroeste y las áreas tribales adyacentes, conocidas como las Áreas Tribales de Administración Federal (FATA), al nuevo Estado paquistaní. En consecuencia, Ghaffar Khan y Wali Khan pudieron, en el momento en que les convino, poner en duda la legitimidad de la incorporación de estas zonas de mayoría pastún a Pakistán. Por su parte, los líderes paquistaníes han citado frecuentemente la Declaración Bannu para poner en tela de juicio las declaraciones de lealtad a Pakistán por parte de Ghaffar Khan y Wali Khan.

A pesar de que, desde 1947, el Partido Nacional Awami ha cambiado su reclamación de un Estado Pastún por el de una provincia autónoma dentro de Pakistán, Islamabad mantiene sus dudas sobre su lealtad a Pakistán. Esta desconfianza se basa no solo en sospechas de connivencia con Afganistán sino también en el hecho de que Ghaffar Khan se oponía abiertamente a la idea de Pakistán y se identificaba activamente con el Congreso Nacional Indio en su lucha contra los británicos. Motivado por su temor ante las demandas pastunes de una autonomía provincial o, peor aún, de un Estado pastún, el régimen dominado por la etnia punjabi ha tratado de asentar al mayor número posible de refugiados afganos y otros pastunes en Baluchistán, con el objetivo de minar, en una sola jugada, la fortaleza del separatismo baluchi y pastún.

Puesto que los pastunes son más numerosas que los baluchis en algunas zonas del norte de Baluchistán, los nacionalistas pastunes proponen ahora reestructurar el Estado paquistaní para unir a todas las regiones pastunes en FATA, la Provincia de la Frontera Noroeste y el norte de Baluchistán en una nueva provincia de Pakhtoonkhwa que buscaría una mayor autonomía de la que tienen ahora las provincias de Pakistán.

La inclusión de FATA en la visión nacionalista pastún es una novedad significativa que choca directamente con los planes de desarrollo de Pakistán respaldados por EEUU y cuyo objetivo es someter esta zona tribal, hasta ahora autónoma, al control central del gobierno. Hasta hace poco, FATA tenía escasa conciencia política popular. Pero el uso de estas zonas como santuario y lugar de escala para las fuerzas de al-Qaeda y de los talibán desde el 11 de septiembre –lo cual ha obligado a las fuerzas paquistaníes a realizar incursiones militares presionadas por EEUU– ha incrementado los contactos entre tribus hasta ahora poco relacionadas y a una polarización de las fuerzas islamistas y nacionalistas pastunes cada vez más organizadas.

En julio de 2002, el ejército paquistaní envió una división a FATA, centrándose en áreas que se creían eran lugares de tránsito de las fuerzas de al-Qaeda y de los talibán para entrar y salir de Afganistán. Bajo la presión de Washington para que actuasen, las fuerzas paquistaníes, utilizando helicópteros artillados y artillería pesada, lanzaron operaciones en octubre de 2003 y los primeros tres meses de 2004 que obligaron a desplazarse a unas 50.000 personas, según la Comisión de los Derechos Humanos de Pakistán, y causaron muchas víctimas civiles. “El uso de la fuerza de forma indiscriminada y excesiva debilitó el prestigio local de los militares y les hizo perder el apoyo de la población local”, informó el Grupo de Crisis Internacional. Un ex ministro de Justicia Federal pastún denunció el sentimiento de rabia que se había extendido por todo FATA. Musharraf concluyó que una presión militar mayor haría ingobernable FATA y autorizó acuerdos de paz con líderes tribales en Waziristán, muy criticados por EEUU, por los que las fuerzas paquistaníes suspendieron las operaciones militares a cambio de que los líderes tribales impidiesen el uso de FATA como lugar de escala de los talibanes para las operaciones en Afganistán. Pero el daño ya estaba hecho, y la población de FATA se encuentra más politizada y radicalizada de lo que ha estado nunca.

El artífice de este acuerdo de paz fue el teniente general pastún retirado, Jan Orakzai, gobernador de la Provincia de la Frontera Noroeste. En octubre de 2006, el general Orakzai negociaba discretamente acuerdos parecidos en la zona Bajaur de FATA, pero muchos paquistaníes sospechaban que los servicios secretos de EEUU se habían enterado. Lo que ocurrió después no ha sido aclarado con precisión todavía, pero el 30 de octubre de 2006, 83 estudiantes de una madrasa en el pueblo bajaur de Chenagai murieron en un ataque con misiles. The News de Karachi recogió testimonios de testigos afirmando que los misiles fueron disparados desde un avión norteamericano Predator sin piloto que había estado sobrevolando en círculos durante horas. Sin embargo, el ejército paquistaní reivindicó la autoría del ataque, y portavoces estadounidenses y paquistaníes dijeron que el seminario era en realidad un centro de entrenamiento de al-Qaeda. Sea cual sea la verdad, el ataque provocó protestas masivas, sobre todo en FATA, y ataques suicidas con bomba como represalia en el distrito tribal de Malakand.

La radicalización de las zonas pastunes a ambos lados de la frontera entre Pakistán y Afganistán ha intensificado tanto el fanatismo islamista como el nacionalismo pastún. Se supone, según la creencia popular, que una de las dos, o bien la identidad islamista o la pastún, triunfará eventualmente, aunque también es posible que el resultado sea lo que Hussain Haqqani ha llamado un “Pastunistán islámico”. Durante un seminario celebrado en Washington el 1 de marzo de 2007, en la embajada paquistaní, el embajador de Pakistán, el general de división (retirado) Mahmud Ali Durrani, un pastún, comentó: “espero que el nacionalismo talibán y el pastún no se unan. Si esto ocurriese, sería el fin, y estamos muy cerca de que ocurra”.

Islamabad y los pastunes
Los escépticos que cuestionan el potencial del nacionalismo pastún señalan el hecho de que los pastunes están más integrados en Pakistán que la minoría baluchi, más abiertamente rebelde. Durante el dominio británico, los pastunes de las familias más aristocráticas y urbanizadas recibieron puestos de poder en el ejército y en la burocracia. Estos oficiales ocupaban altos cargos en el ejército hasta que muchos de ellos fueron expulsados a finales de los años 50, cuando los punjabíes aumentaron su poder. Sin embargo, hoy en día sigue habiendo todavía un importante número de pastunes que ocupan cargos elevados en Pakistán.

En términos geográficos, las zonas pastunes no están tan aisladas de otras partes de Pakistán como las zones baluchi, lo cual explica en parte por qué las zonas pastunes están más integradas en la economía paquistaní general que las zonas baluchi. Pero, en opinión de los pastunes, la integración tiene grandes desventajas puesto que conlleva una excesiva dependencia de la provincia de Punjab y hace a las zonas pastunes vulnerables a la explotación por parte de los grandes negocios con sede en Karachi y Lahore. El antagonismo pastún hacia la dominación punjabí se basa, en gran parte, en la supuesta discriminación económica ejercida contra la Provincia de la frontera Noroeste en la distribución del gasto en desarrollo tanto en la industria como en la agricultura.

Una de las acusaciones clásicas de los líderes pastunes es que Islamabad retrasa deliberadamente la electrificación de las zonas pastunes porque no quiere que se industrialicen –que incluso la electricidad que se produce en estas áreas se destina en primer lugar a la provincia de Punjab, y que la mayor parte del tabaco y el algodón que se cultiva en la Provincia de la Frontera Noroeste se utiliza para abastecer las fábricas de tabaco y textiles localizadas en otras provincias–. Islamabad discrimina incluso a los pastunes en el desarrollo agrario –según portavoces pastunes–, canalizando las ayudas para la expansión del riego a Punjab o a zonas de otras provincias donde los principales beneficiarios serán los punjabíes.

La insatisfacción pastún se centra también en el papel de los funcionarios en la administración provincial y en la resistencia de Islamabad a utilizar el idioma pastún como lengua de instrucción en los centros escolares. Hoy en día, el idioma urdu es la lengua vehicular en los colegios públicos, mientras que el pastún es un idioma optativo hasta el octavo grado. Los niños pastunes no solo asisten a clases impartidas en urdu sino que también utilizan libros escritos en urdu, aunque se permite el inglés en los exámenes de oposiciones a funcionarios así como en la universidad y en los exámenes de acceso a las universidades y facultades de postgrado. La cuestión del idioma es igualmente importante en Baluchistán, Sind y en la Provincial de la Frontera Noroeste, pero es más importante en las zonas sindi y pastún que en Baluchistán, porque el sindi y el pastún están más normalizados y más desarrollados como idiomas literarias que el baluchi, por lo que son más fácilmente adaptables a propósitos educativos.

En el hipotético caso de que Islamabad decidiese ofrecer concesiones económicas y políticas significativas a las minorías étnicas –por ejemplo, convertirse en provincias autónomas como se preveía en la extinta constitución de 1973–, la posibilidad de alcanzar un compromiso sería mayor con los pastunes que con los baluchis y los sindis. Pero los sucesivos gobiernos militares dominados por los punjabis, incluyendo el régimen de Musharraf, no han mostrado ninguna disposición al compromiso. Por otro lado, la agitación en las zonas pastunes a ambos lados de la Línea Durand, provocada por la ocupación soviética de Afganistán y más recientemente por el 11 de septiembre, ha mantenido en ebullición el separatismo pastún.

Los refugiados pastunes que llegaron a la Provincia de la Frontera Noroeste desde Afganistán tras la salida de las tropas soviéticas, despojados de sus raíces tribales, han proporcionado una buena base de reclutamiento para Jamaat-i-Islami, Jamiat-e-Ulema Islam y otros grupos islamistas. Fortalecidas por su alianza de 2004 con Musharraf, las fuerzas islamistas eclipsaron a las fuerzas políticas pastunes laicas en la Provincia de la Frontera Noroeste, agrupadas en el Partido Nacional Awami (NAP, por sus siglas en inglés). Este partido, fundado por el difunto Khan Abdul Ghaffar Khan, no subordina la identidad étnica pastún a la identidad islámica. Pero en las elecciones a la Asamblea Nacional de 2008, con un Musharraf debilitado, el NAP ganó la totalidad de los 10 escaños de la Provincia de la Frontera Noroeste.

Tanto los islamistas como los pastunes laicos comparten el deseo de escapar de la dominación de Islamabad. Ambos grupos comparten tradiciones y un pasado histórico común con los pastunes de Afganistán. El movimiento a favor de Pastunistán, largo tiempo aletargado, está resucitando lentamente y su reemergencia parece cada vez más plausible en los próximos años en un contexto de inestabilidad creciente y desintegración política tanto en Pakistán como en Afganistán.

Conclusiones: ¿Qué deberían hacer EEUU, la OTAN y la UE para desactivar la bomba de relojería que supone Pastunistán? En primer lugar, tanto en Afganistán como en FATA, minimizar los ataques aéreos que pueden ocasionar víctimas civiles, como el ataque del 12 de marzo en Waziristán Norte contra un presunto escondite talibán en FATA que provocó la muerte de nueve civiles. En lugar de ataques aéreos, debería de favorecerse el uso de fuerzas especiales y de comandos. En Afganistán, el descenso de ataques aéreos debería acompañarse de maniobras de sondeo diseñadas para dividir a los elementos talibán moderados de las facciones duras vinculadas a al-Qaeda. Michael Semple, un experto británico en las tribus pastunes que ha ocupado altos cargos en las delegaciones de la UE, la ONU y la embajada británica en Kabul, fue expulsado del país por elementos de ultraderecha del gobierno afgano por llevar a cabo dichas prospecciones. En una entrevista con el periódico británico The Guardian el pasado 16 de febrero, Semple estimaba que los acuerdos de paz son posibles con “dos tercios” de las facciones talibán locales en Afganistán. Semple es una figura muy respetada cuyas opiniones deben de tomarse en serio.

Los talibán están explotando eficazmente el descontento de los pastunes hacia Kabul, reclutando muchos de sus combatientes de entre las tribus desafectas en la rama Ghilzai de los pastunes, molestas por el favoritismo que el presidente Hamid Karzai ha mostrado hacia tribus de estatus más alto como su propia tribu Durrani. El influyente líder talibán Mullah Omar es un ghilzai. Se debería alentar a Karzai a colocar a pastunes destacados de las grandes tribus Ghilzai en puestos de seguridad claves de Kabul, sustituyendo a los tayikos que son una minoría.

EEUU y la UE deberían presionar a Pakistán para que restablezca la Constitución de 1973, que garantiza la autonomía provincial a las minorías étnicas. El retorno del gobierno parlamentario tras las recientes elecciones es un paso en la dirección correcta pero no basta para desactivar el movimiento de Pastunistán. Como primera medida, el nuevo gobierno, que pronto tomará posesión del cargo en Islamabad, debería acceder a la reivindicación pastún de una provincia Pakhtunkhwa pastún que vincularía FATA con las zonas de mayoría pastún de la Provincia de la Frontera Noroeste y Baluchistán. FATA podría participar de este modo en la política paquistaní y las fuerzas laicas pastunes lideradas por el Partido Nacional Awami (NAP) se fortalecería. El NAP ganó la totalidad de los 10 escaños en las recientes elecciones en la Provincia de la Frontera Noroeste, y la mejor manera de contrarrestar el separatismo pastún sería fortalecer a este partido garantizándole su vieja reclamación de autonomía para su provincia.

Para resumir, la democracia en Pakistán debe incluir autonomía provincial para las minorías étnicas. Esta es una condición esencial no solo para combatir con mayor eficacia las fuerzas yihadistas en Pakistán sino también para asegurar la supervivencia de un Pakistán multiétnico tal y como existe hoy en día.

Selig S. Harrison
Investigador del Woodrow Wilson International Center for Scholars en Washington y director del Programa Asia en el Center for International Policy