OCS: el control russoxinès d´Àsia Central

LA ORGANIZACIÓN DE COOPERACIÓN DE SHANGHAI (OCS) es un joven proyecto que empezó su andadura en 2001 en la ciudad que le da nombre. Sus países miembros (Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizistán, Tayikistán, China y Rusia) decidieron unir sus fuerzas para expandir sus mercados, los sectores de la energía y del armamento. Una serie de países observadores sin derecho a voto (India, Pakistán, Irán, Mongolia y Afganistán), participan de ella y quizá, en un futuro, podrían entrar con pleno derecho.

“La OCS pretende frenar la influencia occidental con el fin de liberar las rutas de energía del centro de Asia hacia el sudeste asiático”

La OCS se ha ido convirtiendo en un proyecto global a lo largo de sus escasos años de existencia: empieza a desarrollar ejercicios militares conjuntos, ha establecido una oficina de lucha antiterrorista en Taskent, acuerdos en el sector de la promoción cultural, del turismo y la tecnología, de la lucha antinarcóticos, etcétera.

Pretende emerger como una potencia regional y competir frente a otros bloques, mediante claras cooperaciones intergubernamentales y una puesta en común de las capacidades de sus Estados miembros en diversas materias (dispone incluso de cláusulas de asistencia mutua).

LA TUTELA DEL EJE SHANGAI-MOSCU

“China pretende liberar las rutas de energía al sudeste asiático y abastecer así a su mercado, mientras que Estados Unidos pugna por liberarlas hacia la zona del Caspio”

La OCS pretende frenar la influencia occidental en lo que se considera un punto neurálgico, con el fin de liberar las rutas de energía del centro de Asia hacia el sudeste asiático, algo por lo que China está pugnando con mucha fuerza. Valiéndose de su alianza con Rusia, ya ha conseguido inversiones petroleras en Kazajstán, de gas en Turkmenistán, empieza a tener acuerdos con Uzbekistán, y a conseguir energía de Irán. Los países miembros de la OCS representan tres quintas partes del territorio euroasiático, y, si en un futuro ingresaran los observadores, podrían controlar gran parte de las reservas mundiales de energía.

La tutela de la OCS viene marcada por el eje China-Rusia, que trata de bloquear la intervención de Estados Unidos sobre los recursos de la zona. China pretende liberar las rutas de energía al sudeste asiático y abastecer así a su mercado, mientras que Estados Unidos pugna por liberarlas hacia la zona del Caspio. “Aunque la OCS ha ratificado un tratado de zona libre de armas nucleares, la participación de Irán abre muchas incógnitas”

Como Estados Unidos ha estado apoyando intentos de cambio de regímenes en Ucrania, Kirguizistán, Uzbekistán y Georgia, países sobre los que Moscú ha ejercido históricamente una gran influencia, Rusia no duda en aliarse con China haciendo uso de esa atribución para conseguir los acuerdos con las repúblicas centro-asiáticas. La Unión Europea juega en desventaja frente a esta alianza, pues China no exige mejoras democráticas a estas maltrechas repúblicas y por ende tiene más fácil lograr acuerdos comerciales.

EL IMPERATIVO ANTI NUCLEAR Y LA COOPERACIÓN MILITAR

Aunque la OCS ha ratificado un tratado de zona libre de armas nucleares con Naciones Unidas, y ha firmado una declaración en que se compromete a respetar una seguridad bajo los auspicios de la ONU, a acatar la legalidad internacional y a respetar la no proliferación de armas de destrucción masiva, la participación de Irán (o una futura inclusión como miembro de pleno derecho), abre muchas incógnitas. A China le interesaría como una manera de penetrar en el mundo musulmán, a Rusia para templar la crisis nuclear; y a Irán por rebajar la presión internacional sobre su planes nucleares.

Aunque hoy parece poco probable que entre como miembro, hay quienes creen que ya estaría ejerciendo como tercero de facto, pues su inclusión formal entraría en contradicción con los tratados internacionales suscritos y demonizaría la organización a ojos del mundo. A Brzezinski le parece una alianza anti-establishment, y otros no dudan en llamarla una OPEP con bombas. Pero, ¿debe todo esto inquietarnos? “La OCS es aún una organización pequeña, que dispone de un presupuesto inferior a los treinta millones de dólares, y con apenas una docena de personal en sus oficinas”

Si la lucha por los recursos energéticos condiciona las estrategias de seguridad de las grandes potencias, la OCS avanza en esa dirección diseñando una cooperación militar entre sus Estados miembros. China parece tener muy claro este principio mostrando intenciones de desarrollar su sistema militar. Está aumentando su presupuesto de defensa, con ambiciosos planes que apuntan a una voluntad de convertirse en una superpotencia, aunque por el momento los datos la sitúan lejos del presupuesto que manejan potencias como Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, y Japón. La OCS es aún una organización pequeña, que dispone de un presupuesto inferior a los treinta millones de dólares, y cuenta con apenas una docena de personal en sus oficinas centrales.

UN ESCENARIO MUY APETECIBLE

Asia central es un apetecible escenario, donde además confluyen culturas tan diversas como la persa, otomana, india, china y occidental. No sabemos cuánto tardarán los regímenes centro-asiáticos en abrirse al sistema democrático, un viraje que podría romper esta tendencia, tampoco hasta dónde llegará Estados Unidos con su política disuasoria en la zona, más cuando se avecina un cambio en la Casa Blanca.

“A Brzezinski le parece una alianza anti-establishment, y otros no dudan en llamarla una OPEP con bombas”

Pero lo que está claro es que la OCS tiene intención de trascender en la pugna entre potencias por los suculentos recursos centro-asiáticos, y de paso blindar la presencia occidental en la zona. Frente a estos dilemas evolutivos sólo podemos recapacitar, una vez más, sobre nuestra dependencia de las fuentes de energía en recónditos lugares, donde litigarlas supone un alto precio para la seguridad.

7-V-08, María Amparo Tortosa Garrigós, safe-democracy