magnicidi a la potència nuclear islàmica, Benazir Bhutto assassinada

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última hora, 27-XII-07, 18h, Lahore (Pakistán). (EFE). lavanguardia- La ex primera ministra paquistaní Benazir Bhutto murió en un atentado perpetrado en la ciudad de Rawalpindi, vecina de Islamabad, que causó entre 15 y 25 muertos entre seguidores que habían acudido a uno de sus mítines, informaron fuentes oficiales y de su partido.

El Ministerio paquistaní de Interior confirmó el fallecimiento de Bhutto y aseguró que la líder del Partido Popular de Pakistán (PPP) murió a causa de la explosión, según la agencia estatal APP. Sin embargo, según el consejero de seguridad de Bhutto, Reham Malik, la líder opositora falleció tras recibir disparos en el cuello poco antes de la explosión, que la Policía atribuyó a un terrorista suicida.

La ex primera ministra pakistaní Benazir Bhutto muere en un ataque tras participar en un mitin en Rawalpindi

Aunque el portavoz de Interior, Javed Iqbal Cheema, dijo que la explosión causó 15 muertos y 24 heridos, Malik elevó las víctimas a 25 y 42, respectivamente.

Malik explicó que, al acabar su discurso, alguien disparó contra Bhutto, que era escoltada hasta su vehículo en el momento en que ocurrió la explosión.

Según medios paquistaníes electrónicos, al concluir su intervención, a las 17.30 hora local (12.30 GMT), Bhutto se dirigía a su vehículo cuando dos hombres armados con fusiles "kalashnikov" dispararon contra ella y la alcanzaron en el cuello y la cabeza. Posteriormente, un suicida hizo estallar cerca del coche de Bhutto la carga explosiva que portaba, de acuerdo con estas versiones.

Bhutto murió cuarenta minutos después de ingresar en el hospital, según los medios locales, aunque aún no hay confirmación oficial de la hora de su fallecimiento.

El PPP ha declarado tres días de luto y los comercios y las gasolineras de Rawalpindi se han cerrado por miedo a nuevos episodios de violencia.

Una colaboradora de Bhutto, la secretaria de información del PPP, Sherry Rehman, resultó también herida de gravedad en el atentado, según el portavoz paquistaní de Interior, Javed Iqbal Cheema.

El también ex primer ministro Nawaz Sharif se desplazó, al conocer la noticia, al hospital, acordonado por las fuerzas de seguridad. Sharif calificó el atentado del "incidente más trágico en la Historia de Pakistán".

La líder del PPP, jefa de Gobierno en dos ocasiones durante la década de 1990, había regresado a suelo paquistaní tras ocho años de exilio hace sólo 71 días, el pasado 18 de octubre.

La comunidad internacional ya ha condenado el ataque contra Bhutto.

El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, condenó enérgicamente el atentado y convocó una reunión de emergencia de alto nivel para analizar la situación, en la que está presente el primer ministro interino, Mohammadmian Soomro.

  • Musharraf decreta tres días de luto
  • La comunidad internacional condena el atentado
  • Benazir Bhutto, una mujer líder en un país islámico
  • Una familia marcada por las muertes trágicas

  • 28-XII-07:

    J.J. Baños, lavanguardia: Benazir Bhutto murió asesinada ayer a tres kilómetros del cadalso donde su padre fue ahorcado. Cayó en Rawalpindi al término de un mitin de su campaña para las elecciones legislativas previstas para el 8 de enero. En el momento en que emergió del techo del coche blindado para saludar a sus partidarios, la presidenta del Partido Popular de Pakistán (PPP) fue alcanzada en el cuello por los disparos de un joven terrorista, que a continuación hizo estallar la carga explosiva que llevaba consigo. La que fue dos veces primera ministra de Pakistán no sobrevivió en el hospital a las graves heridas sufridas. Tampoco lo hicieron más de una veintena de sus simpatizantes.

    El impacto del magnicidio, cuyas consecuencias políticas son impredecibles, se empezó a evidenciar ayer mismo, con una oleada de disturbios en todo el país a pesar de que las fuerzas de seguridad se encuentran en estado de emergencia. La celebración de las elecciones está en entredicho. El contrincante de Bhutto, Nawaz Sharif, presidente de la Liga Musulmana de Pakistán N - que ha convocado una huelga general para hoy- ya ha anunciado que su partido no concurrirá a las elecciones, uniéndose así al boicot de otras fuerzas menores. La candidatura del ex primer ministro había sido de todos modos rechazada por la comisión electoral por sus cuentas pendientes con la justicia. Horas antes del magnicidio, cuatro militantes del partido de Sharif resultaron muertos en un incidente con presuntos simpatizantes de la rival Liga Musulmana de Pakistán Q, que apoya a Musharraf.

    El presidente Pervez Musharraf ha declarado tres días de luto, mientras que Sharif consideraba la jornada de ayer "la más negra de la historia de Pakistán".

    Los enfrentamientos posteriores al magnicidio habían provocado al menos 15 muertos al cierre de esta edición. Muchos de ellos en Karachi, capital de Sind, provincia nativa de Bhutto y su feudo político. Allí varios de sus partidarios bloquearon carreteras, prendieron fuego a vehículos y gasolineras y se enzarzaron en tiroteos con rivales políticos.

    La política mártir será inhumada en el mausoleo familiar de la cercana villa de Larkana, donde reposa su padre, Zulfiqar Ali, ejecutado por el dictador Ul Haq.

    Bhutto ya sufrió un doble atentado a su regreso a Pakistán tras ocho años de exilio, el pasado 18 de octubre, que costó 140 vidas.

    En aquel entonces, la ex primera ministra acusó a elementos de los servicios secretos y del aparato del Estado. Bhutto había intentado sin éxito hacer un mitin en el mismo escenario del atentado, el parque de Liaquat, durante el estado de excepción, en vigor hasta el pasado día 15.

    El presidente de EE. UU., George W. Bush, pidió ayer que el "cobarde asesinato" no haga descarrilar la restauración democrática supuestamente en curso en Pakistán. El Gobierno norteamericano apadrinaba un eventual pacto entre el PPP de Bhutto y Pervez Musharraf, que llegó al poder como general golpista en 1999 y que hace unas semanas juró el cargo de presidente de Pakistán, ya como civil. El guión incluía una amnistía para Bhutto, acusada de corrupción, aunque no para su rival de la Liga Musulmana de Pakistán N, Nawaz Sharif.

    Aunque los grandes perdedores eran aquellos que han apoyado los últimos años a Pervez Musharraf, a través de una fuerza política inspirada por él, la Liga Musulmana de Pakistán Q. Recelan ser barridos del nuevo Parlamento en caso de que las elecciones del 8 de enero observen una limpieza mayor de la habitual. En un primer momento, se especuló con que el estado de excepción decretado por Musharraf en noviembre fue un intento de alargar la vida de la actual Asamblea.

    El general y presidente Musharraf no tuvo más remedio que regresar a la vía democrática, ante la presión internacional, matizada por la duda de encontrar mejores aliados en la lucha contra el terrorismo de Al Qaeda y el resurgir de los talibanes en Afganistán, en una potencia nuclear. El tándem preferido por Occidente para la transición democrática de Pakistán pierde así su baza más presentable, y sin rueda de recambio.

    R. Ramos, lavanguardia: Con Benazir Bhutto ha muerto no sólo la líder de la oposición pakistaní, la primera mujer que llegó a primera ministra de un país islámico en tiempos modernos y una musulmana moderada, moderna y chic, sino por encima de todo la gran esperanza de Occidente para estabilizar un país explosivo desde cuyas entrañas operan Al Qaeda y los talibanes, siempre a un paso de la guerra con India y poseedor de la bomba atómica.

    Bhutto, de 54 años, tuteó siempre a la muerte: vio como su padre era ejecutado en 1979 por el régimen del general Zia, su hermano Shahnawaz aparecía misteriosamente muerto en la Riviera francesa en 1985 y su otro hermano, Murtaza, era asesinado en 1996 tras regresar a Pakistán después de un largo exilio en Afganistán y varias capitales de Oriente Medio. La líder del Partido Popular de Pakistán (PPP) ya sobrevivió en octubre a un atentado en el que murieron 140 personas, pero ayer esa confianza con las fuerzas negras de la destrucción le resultó fatal.

    Dos veces primera ministra, y en ambas ocasiones destituida bajo acusaciones de corrupción que nunca fueron probadas, la política pakistaní - último eslabón de una dinastía como los Nehru-Gandhi de India, y a otra escala los Bush en Estados Unidos- personificaba la ambigüedad moral de un país que ya nació bañado en sangre, consecuencia de la chapuza y el egoísmo colonial de los británicos, donde los juicios resultan siempre prematuros, las alianzas son complejas, nada es blanco o negro y la única verdad absoluta es, según el dicho catalán, que no hi ha un pam de net.

    Bhutto ha muerto mártir para unos, traidora para otros, abrazada al progreso y al nepotismo, a la vez antorcha de los frustrados sueños modernizadores de Pakistán y cómplice de los designios de Musharraf para hacer la transición de dictador militar a líder civil. No agradaba a muchos de sus seguidores la idea de la cohabitación con un soldado nacionalista y pragmático de frágiles convicciones democráticas y amigos en las mafias locales que maneja con una mano a EE. UU. y con la otra a los talibanes, prooccidental pero con elementos radicales islámicos de mucho calado infiltrados en su policía, su ejército y sus servicios secretos, que se limita a hacer el paripé cuando Washington le ordena redadas contra los integristas que habitan la impenetrable zona montañosa fronteriza con Afganistán y que pese a sus contactos no ha podido dar con el paradero de Osama bin Laden donde quiera que se refugiara tras el 11-S. Benazir Bhutto nació en 1953 en la provincia de Sind, estudió en Harvard y Oxford, y quería ser diplomática antes de convertirse a regañadientes a la política bajo el manto de su padre, Zulfiqar Ali Bhutto, primer ministro democrático de Pakistán a principios de los setenta. En el punto más alto de su popularidad, joven, glamurosa y tocada por la tragedia, fue una de las más reconocidas líderes femeninas del mundo, antídoto para el machismo abrumador de un país islámico.

    Fue encarcelada antes de la ejecución de su padre, y se pasó cinco años en prisión. Al salir estableció en Londres una oficina del PPP, paso previo a su regreso a Pakistán y su victoria en los comicios que siguieron a la muerte del general Zia. Fue primera ministra entre 1988-1990 y 1993-1996, y fue destituida ambas veces por cargos de corrupción contra ella y su marido, Asif Zardari, cuya veracidad es imposible saber en un país de chanchulleo endémico y profundos antagonismos políticos.

    Sus dos administraciones fueron generosas en retórica y cortas en resultados, y desde finales de los noventa vivía exiliada en Dubai con sus hijos (y su marido desde que cumplió su condena en el 2004), desde donde viajaba a menudo a Londres y otras capitales occidentales para dar conferencias y renovar sus armarios en Madison Avenue o New Bond Street. En octubre, tras un presunto pacto con Musharraf, regresó a Pakistán y en seguida fue víctima de un atentado que ella misma atribuyó a los integristas islamistas que veían a una mujer occidentalizada y secular como una amenaza para su manera maniquea de interpretar la fey la sociedad. EE. UU. contaba con ella para neutralizar el integrismo y legitimizar la guerra contra el terror, pero la estrategia ha quedado truncada, igual que su vida.