entrevista a Mohamed Samraoui, opositor algeriÓ

Mohamed Samraoui, ex número dos de la seguridad militar argelina; anteayer huyó de España

"El servicio secreto suele asesinar a los disidentes como yo"

53 años. Nací en Annaba (Argelia) y soy refugiado político en Alemania desde hace 11 años. Casado y con 4 hijos. Soy ingeniero bioquímico, pero trabajo como profesor de instituto. Estoy retenido en España: la Audiencia Nacional debe decidir si me extradita a Argelia

IMA SANCHÍS, lacontra/lavanguardia, 6-XII-07.

Si España lo entrega a Argelia, será juzgado por terrorismo, deserción y calumnias al ejército.

Llevo 40 días esperando a que el juez decida. Vine a jugar un torneo de ajedrez en Málaga; allí me detuvieron y me llevaron a la prisión de Soto del Real, en Madrid, y tras una semana me dieron la libertad provisional.

Lo de terrorista asusta.

Denuncié públicamente las prácticas más oscuras del ejército contra la población argelina. Me han acusado de terrorista porque saben que eso tiene mucha fuerza en Europa, pero de ningún acto en concreto.

¿Qué hacía un ingeniero bioquímico en el ejército?

Yo era profesor en la universidad. En mi país gobernaba un socialismo de Estado que apostaba a fondo por el desarrollo de la industria, y pensé que podía aportar algo. Me destinaron al Instituto de Investigación Nuclear, pero acabé aterrizando en el contraespionaje. En los 80, el gobierno inició una serie de reformas y apostó por el multipartidismo.

¿Por qué?

El liberalismo económico significaba un aumento de la renta para la casta militar. Su estrategia fue fragmentar los partidos políticos (llegamos a tener setenta), para que no hubiera ninguno mayoritario.

Pero el Frente Islámico de Salvación (FIS) ganó las elecciones.

Sí, y el Estado Mayor, que no contaba con ello, decretó el estado de emergencia y comenzó la guerra civil liderada por diversos grupos armados como el Ejército Islámico de Salvación, brazo armado del FIS, o su rival, el Grupo Islámico Armado.

Estaba usted entonces en el Departamento de Investigación de la Seguridad del Estado (DRS) y pidió el traslado, ¿por qué?

En el DRS teníamos una lista de 1.300 islamistas considerados peligrosos, pero no los arrestaron a ellos sino a miles de personas sin juicio previo, que eran enviadas a campos de concentración, maltratadas y torturadas. Así fue como la propia cúpula militar empezó a crear radicales.

¿Era algo planificado?

El general Nezar quería envenenar la situación para justificar un golpe de Estado. El presidente que ellos mismos habían colocado al frente del país, Bumedien, inició una serie de reformas y acabó atacando la corrupción militar. En 1992, un miembro del DRS lo asesinó.

Pero nadie dimitió. Hicieron creer a la opinión pública que los responsables estaban en la cárcel, pero los habían sacado del país.

¿Usted lo denunció?

Solicité una comisión de investigación y me trasladaron a la embajada de Argelia en Alemania. Al poco tiempo, vino a verme el jefe de los servicios de inteligencia, Smain Lamari, para que organizara el asesinato de dos dirigentes políticos del FIS en Alemania.

Fue entonces cuando desertó.

... Y empecé a acumular pruebas de que las matanzas contra civiles habían sido manipuladas e inducidas por los servicios secretos.

¿Pero no perpetradas?

Las zonas en las que la población había votado al FIS estaban rodeadas de cuarteles, y el estado de sitio mantenía los cruces y caminos controlados por el ejército. Las matanzas eran terribles, pero el ejército no intervenía. Los que se suponía que habían cometido las matanzas nunca fueron arrestados y jamás un oficial fue a dar su condolencia a esa gente.

Entiendo.

En el caso de Bentalha, donde se asesinó a 400 civiles durante una noche, el ejército estaba sobrevolando la zona con helicópteros, pero no intervino. ¿Por qué? Estoy convencido de que no fueron los islamistas; lo he denunciado y he pedido confrontación, pero no quieren investigar este tema.

No es usted el único que lo afirma.

Yo soy el de mayor graduación, pero se ha creado un movimiento de oficiales libres que lo denuncian.

Volvamos al día en que su vida cambió.

Abandoné la embajada y pedí asilo político. Tuve que sacrificar mi carrera, romper todos mis contactos, cambiar de ciudad y acostumbrarme a vivir con miedo. El servicio secreto argelino tiene la costumbre de asesinar a los disidentes.

¿Tiene protección de la policía alemana?

La tuve hasta que pedí que me la retiraran porque me sentía como en una jaula, vigilado día y noche, y con dos Mercedes blindados que me acompañaban allí adonde iba.

¿Y su mujer qué opina?

Ha tenido que perder todo contacto con su familia y está muy preocupada; me fui para jugar un partido de ajedrez hace dos meses y no he podido volver. Mi hija, en la carta que ha escrito en el colegio a Papá Noel, dice: "No quiero regalos, lo único que quiero es que vuelva mi papá a casa".

Dicen que usted es moneda de cambio en el litigio del gas entre España y Argelia.

Pues no debería, porque el tema del gas es un problema económico de dos estados, y el mío es un tema político y de derechos humanos.

En teoría, un refugiado político no debería ser entregado a la justicia...

Una hipótesis es la cooperación entre los servicios secretos españoles y argelinos dentro del contexto de lucha terrorista.

Si pudiera volver atrás, ¿repetiría?

Sí, porque he obedecido a mi conciencia. Mi objetivo es la verdad y la justicia.