´El estado de la cultura espaņola´, E. Subirats

Subirats suspende a la cultura española
El profesor de la Universidad de Nueva York publica una apocalíptica historia cultural del mundo hispánico

Están ustedes orgullosos de pertenecer a una cultura con nombres como Almodóvar, Fernando Savater, Juan Benet, Eduardo Mendoza o Rafael Moneo? Si es así, el nuevo ensayo del pensador catalán Eduardo Subirats, “Memoria y exilio” (Losada), les puede sentar como un jarro de agua fría. Subirats, profesor de filosofía, literatura e historia cultural en varias universidades internacionales (como Sao Paulo, Princeton o Nueva York, donde enseña actualmente), sostiene que España vive un periodo de decadencia cultural, y que la transición fue una ocasión desaprovechada para que emergiera una comunidad intelectual crítica.

“Memoria y exilio” es un ambicioso recorrido histórico no lineal por la historia española y latinoamericana. En los capítulos dedicados a la transición política, se afirma que ésta ha alumbrado, en lo cultural, “productos intelectuales de muy bajo nivel, superfluos, y un gran control burocrático”. Así, “el fenómeno de la movida es paradigmático de la conversión de la cultura en espectáculo, con toda su banalización y comercialización. La cultura española se convirtió en una fiesta, divertida pero insustancial, donde la modernidad era un simulacro”. Aunque esta tendencia es universal, “la diferencia es que, en otros países, como EE.UU, lo banal no se da en la Academia, los campus son reservas al margen de eso”.

El libro va lleno de ejemplos a contracorriente. De Joan Brossa, dice que “sus obras son una versión ornamental tardía de la antiestética dadá para consumo doméstico de una clase media conservadora que compra en ellas la falsa identidad de un progresismo vanguardista”. De Fernando Savater, afirma que “su filosofía del héroe, que él aplica a la actividad democrática, proviene directamente del tradicionalismo cristiano que cristalizó en autores como Maeztu”. Tampoco se libra “el esteticismo banal de Xavier Rubert de Ventós, que bebe de la cultura fascista de D'Ors”. O Almodóvar, “al que sólo es posible entender partiendo de la tradición vodevilesca de las varietés castizas y la zarzuela”. El escritor Juan Benet optó por “una opción formalista, con una narración confusa, innecesariamente compleja y gratuitamente sofisticada”. Mendoza y “La ciudad de los prodigios” ayudan “a legitimar, con su visión de la ciudad como un gran espectáculo barroco, la gran fiesta del 92”, inspirada por “el modelo de unidad nacional hispanocatólica, cristalizado en 1492 tras un proceso de colonización de las culturas musulmanas, y que todavía inspira el discurso oficial”.

Para Subirats, con un Instituto Cervantes “reducido al papel de una academia de idiomas con el logo de la corona”, hay que preguntarse “por qué hoy en día, en el mundo, la lengua española no es una lengua de cultura, por qué no posee una articulación científica ni filosófica”. La respuesta sería que “sigue habiendo una represión de la cultura científica en provecho de los discursos de carácter político o moralista”. De la historia oficial, denuncia el autor, se han amputado las tradiciones musulmana y judía, olvidando que “el auténtico Renacimiento español han sido los períodos de florecimiento de hispanoárabes e hispanojudíos”. Y se han suprimido las aportaciones periféricas, hasta el punto de que “Portugal parece estar en la China” o que “para leer bien a Llull hay que saber alemán, idioma en que se han escrito los estudios más interesantes sobre su obra”.

Subirats reivindica el exilio, “con su tradición rebelde, de resistencia humanista, con nombres como el Inca Garcilaso, León Hebreo, Blanco White, Américo Castro o, actualmente, Juan Goytisolo”. “Es falso que ya no haya exilio cultural, lo hay porque en España no se puede hacer otra cosa que predicar nacionalismos, de izquierdas, de derechas, imperiales o microperiféricos; lo que no pase por ese cedazo no sale a la luz".

Xavi Ayén, lavanguardia, 14-I-2004.